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Antología de prosistas castellanos, Madrid 1917 (L6)
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La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la moderna.

Distinguía una s sorda y otra sonora (con análoga diferencia que la que existe en francés entre poisson y poison); la s sorda se escribía doble entre vocales (passar, escriviesse), y sencilla cuando era inicial o iba tras consonante (señor, mensage), o delante de consonante sorda (estar, España); la s sonora se escribía sencilla entre vocales (casa, cosa).

Distinguía también la ç (o ce, ci), sorda, de la z sonora; aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce, ci, zo, zu; y la z antigua era el mismo sonido, pero acompañado de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la ortografía se diferenciaban, por un lado: hace, haces, singular y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: haze, hazes, del verbo «hazer», moderno «hacer».

Se distinguían también la sorda x de la sonora j (con análoga diferencia a la que existe en el francés entre las iniciales de chambre y de jour). Por la pronunciación y la ortografía se distinguían antes: rexa de ventana y reja de arado.

Se distinguían también una b oclusiva, es decir, pronunciada juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy con energía el imperativo basta, y una v meramente fricativa, pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy decimos saber, ave. La distinción existe, pues, hoy día; pero hoy la pronunciación de una u otra b no se atiene a la ortografía, ya que ésta escribe ora b ora v, según la escritura latina, sin atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante (oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: basta!, ven!, ambos, envidia; fricativa, cuando va entre vocales: la bestia, la voz, haber). Por el contrario, en la lengua antigua la pronunciación de la b o la v dependía de la etimología de la voz, y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: cabe, cave, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente se escribía y se pronunciaba la v en muchos vocablos que hoy se escriben con b, como cavallo, bever, y viceversa bivir, bívora.

Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer estas distinciones, pronúnciense la ss y la s como la s moderna; la ç y la z, como la z moderna; la x y j, como la j moderna; la b y la v, como la b moderna.

Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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notas



Del mismo libro (L6):
Advertencia sobre la lengua medieval  •  Lazarillo de Tormes (Tratado III)

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Véase también[editar]