Complemento indirecto
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Es el que señala quien recibe la acción que expresa el verbo de manera indirecta. Se identifia a tráves de las preguntas: ¿a quien?, ¿para quién? o ¿para qué?
El complemento indirecto puede ir con verbos transitivos, intransitivos y de estado, y lleva siempre la preposición a (con unas pocas excepciones), excepto cuando sea un pronombre átono.
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[Modificar solo esta sección] Con verbos transitivos
Los verbos transitivos que además del complemento directo o acusativo llevan este dativo, son: dar, entregar, ofrecer, repartir juguetes a los niños; traer, llevar, suministrar noticias al jefe; achacar, imputar algo a alguien; prestar, pagar, deber algo a alguien; hacer, aderezar la comida al huésped; poner, prender una cinta a la novia; quitar, robar, defraudar la fama a alguien; hacer, traer algo a alguien; comunicar, manifestar, referir, contar, participar, denunciar algo a alguien, etc.
A veces se calla el acusativo, por deducirse fácilmente del contexto, y aparece sólo el dativo con el verbo transitivo
- escribo a mi padre (una carta)
- no quiso abrir al juez (la puerta)
Otras se calla el verbo y queda el dativo con el complemento directo
- Piedad, piedad a mi llanto,
- Socorre esta triste nave
- (Moreto, San Franco de Sena, III, n)
es decir, ten piedad, etc.
Debemos notar las construcciones en que puede resultar ambigüedad y que no deben usarse cuando la significación no resulte clara del contexto. Así, con los verbos comprar, vender y algún otro puede expresar este dativo relaciones totalmente opuestas. La oración me ha comprado un reloj de oro no significa lo mismo puesta en boca de una novia que habla del regalo que su novio le ha hecho, que en boca del relojero que lo ha vendido, y lo mismo sucede en la frase me ha vendido las joyas. Asimismo leemos en Cervantes, La señora Cornelia:
- Triunfó de mi industria venciendo a mi hermana, y anoche me la llevó y sacó de casa de una parienta nuestra.
[Modificar solo esta sección] Con verbos intrasitivos
Con verbos intransitivos designa este dativo la persona, animal o cosa a quien se refiere la acción, en el concepto general de daño o provecho: agradar, placer, gustar a todos; desagradar a muchos.
- A todos los que van en el navio se les mueren los piojos {Quijote, II, 29)
- Te vendrán como anillo al dedo
- Falta a los compañeros la paciencia (Saavedra, Empresa 34)
[Modificar solo esta sección] Confusión con el complemento directo
Si decimos Juan da socorros a los necesitados, el vocablo socorros es el complemento directo, y necesitados el indirecto o dativo; pero si decimos Juan socorre a los necesitados, ya no ocurre lo propio: sin variar la preposición, varía la índole del complemento, que en este caso es directo porque así lo ha querido el uso, que permite se diga los necesitados han sido socorridos por Juan. El castellano, en este particular ha confundido el dativo y acusativo de persona en la construcción activa.
Uno de los efectos de esta confusión lo tenemos en el uso de la preposición a, que no puede faltar al complemento indirecto, pero que puede llevar o no el acusativo.
[Modificar solo esta sección] para
Antiguamente algunas gramáticas reconocían que la preposición para denotaba las mismas funciones que a cuando funciona como complemento indirecto (a grandes rasgos el receptor de una acción).
En la actualidad es ampliamente reconocido que la preposición para no introduce un complemento indirecto, sino uno que nocinalmente puede ser llamado benefectivo.
Uno de los argumentos que más apoyan esta hipótesis es el hecho de que ambos complementos (el indirecto y el benefactivo) pueden coexistir en una misma oración, como se ve en los ejemplos de Gutiérrez Ordóñez (1999):
El Colegio envió a los misioneros unas medicinas
- La reina entregó al presidente de la Cruz Roja un donativo para los presos de guerra.
Otro argumento que impide considerar un complemento con para como objeto indirecto es el hecho de que éste complemento no puede establecer una correferencia con el clítico le que se empalma con esta función:
Lei envió una postal a Pepei.
*Lei envió una postal para Pepei.
En conclusión, el complemento introducido por para no puede referirse a un objeto indirecto porque: a) denota la función de benefactivo y puede coaparecer con un verdadero complemento indirecto en una misma oración, y b) no puede establecer una correferencia con el clítico de complemento indirecto.
[Modificar solo esta sección] Dativo de interés
En las formas átonas de los pronombres personales hemos de distinguir el dativo complemento indirecto, del dativo de interés. El primero designa, como sabemos, la persona o cosa en quien termina la significación de la frase formada por el verbo; y el complemento directo, cuando lo hay, pero sin que ella tome parte o se interese en la acción:
- me dieron una mala noticia
- te han contado muchas patrañas.
El segundo, por el contrario, representa a la persona interesada en la realización de lo significado por el verbo, indicando a la vez la participación de la misma en la acción y el efecto moral que ésta le produce. Así, ¡me han muerto a mi hijo!, exclama una madre al ver o saber esta desgracia; y aunque pudiera limitarse a decir ¡han muerto a mi hijo!, con el me, que parece redundante, encarece más el dolor que experimenta.
Asimismo, cuando Moratín, hablando de un importuno, concluyó cierto romancillo diciendo allá entre el lodo me lo dejé, dio a entender con él me cuánto había deseado el verse libre de un hombre molesto. Igualmente leemos en Cervantes
- llamadme a mi escudero Sancho (Quijote, I, 44)
- me lo tenía bien merecido (Quijote, I, 9)
[Modificar solo esta sección] Posesivo
En castellano empleamos este dativo en vez del pronombre posesivo, a diferencia del francés, y así, decimos: se me llenaron los ojos de lágrimas, y no mis ojos se llenaron, etc.; se le han caído los dientes, y no sus dientes han caído, etc.
[Modificar solo esta sección] Referencias
Real Academia Española, Gramática de la lengua castellana, nueva edición, reformada, Madrid, 1917.
Salvador Gutiérrez Ordóñez, "Los dativos" en Gramática descriptiva de la lengua española. Vol. 2, dirigida por Ignacio Bosque y Violeta Demonte. Madrid: Real Academia Española/Espasa-Calpe, 1999.










