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página 27
EL AUTOR,
ESCUSÁNDOSE DE SU YERRO EN ESTA OBRA QUE ESCRIBIÓ,
CONTRA SÍ ARGUYE Y COMPARA.


El silencio escuda y suele encubrir
La falta de ingenio y torpeza de lenguas;
Blasón, que es contrario, publica sus menguas
A quien mucho habla sin mucho sentir.
Como (la) hormiga que deja de ir,
Holgando por tierra, con la provisión:
Jactóse con alas de su perdición;
Lleváronla en alto, no sabe dónde ir.
El aire gozando, ajeno y extraño,
Rapiña es ya hecha de aves que vuelan;
Fuertes más que ella; por cebo la llevan:
En las nuevas alas estaba su daño.
Razón es que aplique a mi pluma este engaño,
No despreciando a los que me arguyen;
Así, que a mí mismo mis alas destruyen,
Nublosas y flacas, nacidas de hogaño.
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Donde ésta gozar pensaba volando,
O yo de escribir cobrar más honor,
Del uno y del otro nació disfavor:
Ella es comida y a mí están cortando
Reproches y vistas y tachas. Callando
Obstara: los daños de envidia e murmuros
Insisto remando, y los puertos seguros
Atrás quedan todos ya, cuanto más ando.
Si bien queréis ver mi limpio motivo
A cuál se endereza de aquestos extremos,
Con cuál participa, quién rige sus remos,
Apolo, Diana, o Cupido altivo;
Buscad bien el fin de aquesto que escribo,
O del principio leed su argumento.
Leedlo, veréis que aunque dulce cuento,
Amante, que os muestra salir de cautivo.
Como el doliente que píldora amarga
O la recela, o no puede tragar,
Métenla dentro de dulce manjar,
Engáñase el gusto, salud se le alarga;
Desta manera mi pluma se embarga
Imponiendo dichos lascivos, rientes,
Atrae los oídos de penadas gentes:
De grado escarmientan y arrojan su carga.
Estando cercado de dudas y antojos
Compuso tal fin que el principio desata:
Acordé dorar con oro de lata
Lo más fino tibar, que vi con sus ojos,
Y encima de rosas sembrar mil abrojos.
Suplico pues suplan discretos mi falta:
Teman groseros; y en obra tan alta,
O vean, o callen, o no den enojos.
Yo vi en Salamanca la obra presente:
Movíme acabarla por estas razones:
Es la primera, que estó en vacaciones,
La otra imitar a persona prudente,
Y es la final, ver ya la más gente
Vuelta y mezclada en vicios de amor.
Estos amantes les pondrán temor
A fiar de alcahueta, ni de falso sirviente.
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E así que esta obra en el proceder
Fue tanto breve cuanto muy sutil.
Vi que portaba sentencias dos mil:
En forro de gracias, labor de placer.
No hizo Dédalo cierto a mi ver
Alguna más prima entretalladura,
Si fin diera en esta su propia escritura
Cota o Mena con su gran saber.
Y a más yo no vi en lengua romana,
Después que me acuerdo, ni nadie la vido,
Obra de estilo tan alto y subido
En tosca, ni griega, ni en la castellana.
No trae sentencia, de donde no mana
Loable al autor y eterna memoria,
Al cual Jesucristo reciba en su gloria
Por su pasión santa que a todos nos sana.
Vos los que amáis, tomad este ejemplo,
Este fino arnés con que os defendáis:
Volved ya las riendas, porque no os perdáis:
Load siempre a Dios visitando su templo:
Andad sobre aviso: no seáis de ejemplo
De muertos y vivos y propios culpados;
Estando en el mundo yacéis sepultados.
Muy gran dolor siento cuando esto contemplo!
O damas, matronas, mancebos, casados,
Notad bien la vida que aquestos hicieron,
Tened por espejo su fin cual hobieron:
A otro que amores dad vuestros cuidados:
Limpiad ya los ojos los ciegos errados,
Virtudes sembrando con casto vivir.
A todo correr debéis de huir,
No los lance Cupido sus tiros dorados.
Fernando de Rojas (1470-1541)
Fuente: hathitrust.org (dominio público)
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1 Acróstico[editar]

El verso se estructura en octavas. Las iniciales de cada línea componen:

el bachiller[1] Fernando de Roias acabó la Comedia de Calysto y Melyvea e fve nascydo en la Pvevla de Montalvan[2].

2 Véase también[editar]

2.1 notas[editar]