Temor

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[Modificar solo esta sección] Oraciones de temor

Las oraciones sustantivas de temor son también complemento directo del verbo de la oración principal, que expresa siempre el temor o recelo de que se verifique lo que indica el verbo de la subordinada:

temo llegar tarde; temo que no llegues a tiempo.

[Modificar solo esta sección] Tiempos verbales

Estas oraciones son también correlativas. Cuando tienen el verbo en infinitivo, responde este al qué de la pregunta:

—¿Qué temes?
—Temo llegar tarde.

Cuando lo tienen en subjuntivo, repetimos en la respuesta el qué de la pregunta convertido en conjunción relativa:

Temo que no me reciba.

Como se ve por los ejemplos anteriores, si es uno mismo el sujeto de los dos verbos, se pone en infinitivo el verbo de la subordinada, y si no, en subjuntivo, precedido de la conjunción que. La correspondencia de tiempos es la misma que en las enunciativas que llevan el verbo en subjuntivo, como puede verse en los siguientes ejemplos:

Presente
No lo sé por experiencia,
Pero temo que, en efecto,
Sea carga muy molesta
(Bretón, Flaquezas ministeriales).
No tema usted que ahora se cumpla la predicción (Ídem, Un novio a pedir de boca)
Pretérito imperfecto
Cuando te ofrecí mi mano, temí que si te revelaba quién era me rehusases la tuya (Hartzenbusch, La reina sin nombre)

Si el hecho que se teme se expresa como pasado, se substituyen el presente y el imperfecto por sus correspondientes tiempos de acción perfecta:

temo que hayas cometido algún desaguisado
me temía que hubieses dicho algún disparate.

El presente y el pretérito imperfecto de subjuntivo pueden reemplazarse por sus correspondientes tiempos de indicativo de la conjugación perifrástica;

Temo que ese bribón nos ha de dar alguna pesadumbre (Moratíx, La escuela de los maridos)
Yo temía que no había de ser creído (Ídem, ibid.)
Sólo temía que el cuento no había de ser tal, que diera el gusto que él deseaba (Quijote, I, 38).

[Modificar solo esta sección] Relación con verbos de deseo y duda

Cuando en las positivas de temor se substituye el verbo de la principal por uno de deseo, el sentido permanecerá el mismo si la principal de la de deseo es negativa; así, temo que venga vale tanto como no deseo (no quiero) que venga. Pero si la de temor es negativa, su equivalente en la de deseo ha de ser forzosamente afirmativa; por eso, temo que no venga equivale a quiero (deseo) que venga. Mas a veces se calla el que en estas oraciones, y entonces la de temor positiva puede llevar la negación no, lo mismo que la negativa; así, temía no viniese significa lo mismo que temía viniese:

Temíase no hubiese tratado sus amores con alguna indecencia {Quijote, II, 3)
Serán tantos los caballos que tendremos despiiés que salgamos vencedores, que aun corre peligro Rocinante no le trueque por otro (Ibid., I, 18)

El no de estos casos puede substituirse por que.

Cosa análoga ocurre con el verbo dudar; así, dudo que venga equivale a creo que no venga; dudo que no venga, a creo que venga, y no dudo que no venga también equivale a creo que venga:

Nadie dudará que la falta de precisión, de corrección y de claridad en el mayor número de estos escritores no dimane de la falta de este discernimiento (Capmany, Filosofía de la Elocuencia, I, 3)

(Es decir, todos creerán que dimana.)

La oración principal puede ser interrogativa de negación implícita:

¿Quién duda que la sucesión rápida y variada de los formidables aspectos que presenta el trastorno de las aguas no cause impresiones nuevas en nuestra imaginación? (Ídem, ibid., II, 1)

O sea: ¿Quién no cree que canse?; es decir, todos creen que causa.

En la construcción indicada en el párrafo anterior nuestros clásicos solían emplear la adversativa sino antes del que:

no dudo sino que; no se puede negar sino que

como se ve en los siguientes ejemplos:

Mas con todo esto, no se puede negar sino que todavía no falta aquí a los principios un pedazo de dificultad

La subordinada puede ser afirmativa;

Y viene a veces con tan grande majestad, que no hay quien pueda dudar sino que es el mismo Señor (Santa Teresa, Vida, 28)
¿Quién duda sino que harían los mayores esfuerzos para engrandecer su estilo? (Jovellanos, Elogio de Ventura Rodríguez, nota 10)

En estas frases que hay que suprimir el sino, como redundante; así

no hay quien pueda dudar que es; ¿quién duda que harían.

Estas construcciones han caído en desuso.

[Modificar solo esta sección] Con hipótesis

Lo mismo que en las explicativas, cuando la oración de temor forma parte de un período hipotético, no se cumple la ley de la subordinación de los tiempos;

Oyéndote hablar asi,
hecho temo, no lo oculto,
Que huyeras también el bulto
Si alguien me ofendiera a mí
(Bretón, Pascual Carranza)

Aquí huyeras se halla en imperfecto de subjuntivo y no en presente, por exigirlo la condicional si alguien me ofendiera.

Fuera de este caso se cumple la ley, y tanto, que si el verbo se halla en indicativo la oración es causal y no de temor:

No temas, que aquí estoy yo, que estoy temblando de miedo (Lope, La ley ejecutada, III, 12)
Ya no temas, Parmeno, que harto desviados estamos, y en sintiendo bullicio, el buen huir nos ha de valer (Celestina, 12).
Hombre os llamé, y temo y dudo que no lo fuiste jamás [es decir, porque no lo fuiste jamás] (Tirso, La santa Juana)

[Modificar solo esta sección] Referencias

Real Academia Española, Gramática de la lengua castellana, nueva edición, reformada, Madrid, 1917.

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