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1 decencia, modestia, pudor, reserva, recato

La decencia esta en el aseo, compostura y adorno de las personas según su clase y circunstancias, pero la verdadera decencia viene del interior, y consiste en los íntimos sentimientos de honestidad y modestia, en la conformidad de las acciones exteriores, ya con las leyes positivas, ya con las que impone la opinión general.

La modestia es el cuidado que ponemos en no hacer ni decir nada que pueda dar motivo a que se nos atribuya orgullo, presunción, alta idea de nuestras cualidades ya interiores, ya exteriores, despreciando y humillando a los demás.

El pudor es un sentimiento natural y activo de honestidad y modestia, que sin que lo podamos evitar nos causa sonrojo y nos conduce a huir de cuanto pueda motivarle.

La reserva nos hace proceder prudente y contenidamente en palabras y acciones, mientras no nos son bien conocidas las personas con quienes tratamos o las circunstancias en que nos hallamos.

El recato supone reserva y cautela temeroso del peligro; por lo tanto, honestidad para evitar murmuraciones, y modestia para no excitar la envidia, ni ofender al amor propio. Con esto la persona recatada llega a adquirir tal dominio sobre sí misma, que nada se permite hacer ni decir contrario a lo que prescriben la prudencia, la moderación y la discreción.

La reserva es precaucionada; el recato regla sus movimientos; la modestia parece que se desconoce; la decencia se conoce y se juzga; el pudor se oculta y se avergüenza aun cuando no se le ve, pues para inquietarle basta con el pensamiento.

2 Referencias

Calandrelli, M., Diccionario filológico-comparado de la lengua castellana, Buenos Aires, 1880-1916, 12 vol.