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1 encono, enemistad, odio, rencor, resentimiento, aversión, repugnancia

En sentido recto enconar significa inflamarse una llaga o una herida, irse empeorando. Por analogía se dice en sentido metafórico, irritar, exasperar los ánimos; ponerlos en peor estado de aquel en que antes se hallaban, pues el encono es una mala voluntad, un rencor que ha llegado a arraigarse en el alma: es un sentimiento vivo y permanente de odio contra cualquiera.

Enemistar es ocuparse, por mala intención y perjudiciales hábitos, en sembrar el desorden en las familias, en las reuniones, sociedades y compañías, produciendo desavenencias, odios y persecuciones; cualidades perjudiciales que hacen tan aborrecibles cuanto dañosos a los que las tienen, y obligan a huir de su trato y comunicación.

El encono persigue con ardor y se aprovecha de cuantas ocasiones halla de dañar a su enemigo. La enemistad suele ser muchas veces secreta, disimulada, cubriéndose a menudo con la máscara de la amistad.

Está muy enconado contra ese hombre, y se obstina en perseguirle de todos modos
Hace mucho tiempo que reina la enemistad entre esos dos hermanos
Domina a esas dos familias secreta enemistad

El encono proviene de injurias verdaderas o imaginarias, de las que se intenta de todos modos tomar venganza. El encono excede aun en maldad al odio por la actividad y ardor que guia al enconado a ocuparse continuamente en la venganza, en el daño y en la destrucción del contrario. El encono sólo se dirige a las personas: el odio tanto a estas como a las cosas. Se tiene odio a cuanto nos daña, ya sea material, ya inmaterial.

Puede tener el odio un sentido bueno. Se odia al vicio, a la maldad. El encono siempre se toma en mal sentido.

El odio es un sentimiento de pena y aversión que una persona o cosa excita en lo hondo de nuestro corazón, ya a causa del mal que nos ha hecho o nos hace o creemos que pueda o intente hacernos, ya porque contraría poderosamente a nuestros intereses, pasiones y gustos.

El rencor, que en lenguaje vulgar y bastante expresivo, se suele llamar tirria, es el resentimiento oculto en el corazón del rencoroso hasta que se presenta ocasión adecuada para vengarse completamente del que aborrece.

Y aún podremos decir que la tirria excede en su odio al rencor, pues se convierte en una especie de tema 6 manía contra cualquier persona, tan tenaz y continua que hasta en las cosas más mínimas e indiferentes se manifiesta sin descanso, oponiéndose a cuanto dice o hace.

En sentido recto resentirse una cosa es presentar señales de quebrantarse, separarse, no estar firmes las partes que componen el todo, y asi se dice: se resintió la pared, el arco, la ensambladura, el maderaje: ese edificio está resentido, por lo tanto no muy seguro. Por traslación se resiente la amistad, el trato, cuando se advierten señales de desagrado..

Cuando el resentimiento es fundado y de cosa importante, se convierte en enojo. Resentimiento es, pues, el amargo y profundo recuerdo de una injuria particular, de la que desea uno satisfacerse; pero el rencor pasa mucho más allá, pues pretende causar todo el mal posible hasta la destrucción del contrario.

Llámase repugnancia a la oposición o contradicción que se advierte entre dos cosas; a la incompatibilidad de cualidades en una misma; a la resistencia que oponemos al convenir en una cosa o admitirla; a hacerla, cuando es forzoso, de mala voluntad. Repugna un manjar que no agrada; repugna una persona que nos contradice: repugna una medicina que amarga: hacemos con repugnancia lo que nos mandan, porque nos es incómodo o desagradable: repugnante es cuanto contradice á nuestras inclinaciones.

La aversión consiste en cierta oposición, muchas veces natural einvencible a ciertas personas o cosas que hace que evitemos su presencia y aún su recuerdo; que huyamos de su trato, comunicación y uso, por lo que nos incomodan y dañan.

2 Referencias

Calandrelli, M., Diccionario filológico-comparado de la lengua castellana, Buenos Aires, 1880-1916, 12 vol.