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ORÁCULO MANUAL Y ARTE DE PRUDENCIA
Baltasar Gracián y Morales
(1601-1658)


91   Obrar siempre sin escrúpulos de imprudencia. La sospecha de desacierto en el que ejecuta es evidencia ya en el que mira, y más si fuere émulo. Si ya al calor de la pasión escrupulea el dictamen, condenará después, desapasionado, a necedad declarada. Son peligrosas las acciones en duda de prudencia; más segura sería la omisión. No admite probabilidades la cordura: siempre camina al mediodía de la luz de la razón. ¿Cómo puede salir bien una empresa que, aun concebida, la está ya condenando el recelo? Y si la resolución más graduada con el nemine discrepante[1] interior suele salir infelizmente, ¿qué aguarda la que comenzó titubeando en la razón y mal agorada del dictamen?


92   Seso trascendental. Digo en todo. Es la primera y suma regla del obrar y del hablar, más encargada cuanto mayores y más altos los empleos. Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza. Es un caminar a lo seguro, aunque no tan a lo plausible, si bien la reputación de cuerdo es el triunfo de la fama: bastará satisfacer a los cuerdos, cuyo voto es la piedra de toque a los aciertos.


93   Hombre universal. Compuesto de toda perfección, vale por muchos. Hace felicísimo el vivir, comunicando esta fruición a la familiaridad. La variedad con perfección es entretenimiento de la vida. Gran arte la de saber lograr todo lo bueno; y pues le hizo la naturaleza al hombre un compendio de todo lo natural por su eminencia, hágale el arte un universo por ejercicio y cultura del gusto y del entendimiento.


94   Incomprehensibilidad de caudal. Excuse el varón atento sondarle el fondo, ya al saber, ya al valer, si quiere que le veneren todos. Permítase al conocimiento, no a la comprehensión. Nadie le averigüe los términos de la capacidad, por el peligro evidente del desengaño. Nunca dé lugar a que alguno le alcance todo: mayores efectos de veneración causa la opinión y duda de adónde llega el caudal de cada uno que la evidencia de él, por grande que fuere.


95   Saber entretener la expectación. Irla cebando siempre. Prometa más lo mucho, y la mejor acción sea envidar de mayores. No se ha de echar todo el resto al primer lance: gran treta es saberse templar, en las fuerzas, en el saber, e ir adelantando el desempeño.


96   De la gran sindéresis.[2] Es el trono de la razón, basa de la prudencia, que en fe de ella cuesta poco el acertar. Es suerte del cielo, y la más deseada por primera y por mejor: la primera pieza del arnés con tal urgencia, que ninguna otra que le falte a un hombre le denomina falto; nótase más su menos. Todas las acciones de la vida dependen de su influencia, y todas solicitan su calificación, que todo ha de ser con seso. Consiste en una connatural propensión a todo lo más conforme a razón, casándose siempre con lo más acertado.


97   Conseguir y conservar la reputación. Es el usufructo de la fama. Cuesta mucho, porque nace de las eminencias, que son tan raras cuanto comunes las medianías. Conseguida, se conserva con facilidad. Obliga mucho y obra más. Es especie de majestad cuando llega a ser veneración, por la sublimidad de su causa y de su esfera; pero la reputación sustancial es la que valió siempre.


98   Cifrar la voluntad. Son las pasiones los portillos del ánimo. El más práctico saber consiste en disimular; lleva riesgo de perder el que juega a juego descubierto. Compita la detención del recatado con la atención del advertido: a linces de discurso, jibias de interioridad[3]. No se le sepa el gusto, porque no se le prevenga, unos para la contradicción, otros para la lisonja.


99   Realidad y apariencia. Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Son raros los que miran por dentro, y muchos los que se pagan de lo aparente. No basta tener razón con cara de malicia.


100   Varón desengañado: cristiano sabio, cortesano filósofo. Mas no parecerlo, menos afectarlo. Está desacreditado el filosofar, aunque el ejercicio mayor de los sabios. Vive desautorizada la ciencia de los cuerdos. Introdújola Séneca en Roma, conservóse algún tiempo cortesana, ya es tenida por impertinencia. Pero siempre el desengaño fue pasto de la prudencia, delicias de la entereza.


101   La mitad del mundo se está riendo de la otra mitad, con necedad de todos. O todo es bueno, o todo es malo, según votos. Lo que éste sigue, el otro persigue. Insufrible necio el que quiere regular todo objeto por su concepto. No dependen las perfecciones de un solo agrado: tantos son los gustos como los rostros, y tan varios. No hay defecto sin afecto, ni se ha de desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, que no faltarán otros que las aprecien; ni aun el aplauso de estos le sea materia al desvanecimiento, que otros lo condenarán. La norma de la verdadera satisfacción es la aprobación de los varones de reputación, y que tienen voto en aquel orden de cosas. No se vive de un voto solo, ni de un uso, ni de un siglo.


102   Estómago para grandes bocados de la fortuna. En el cuerpo de la prudencia no es la parte menos importante un gran buche, que de grandes partes se compone una gran capacidad. No se embaraza con las buenas dichas quien merece otras mayores; lo que es ahíto en unos es hambre en otros. Hay muchos que se les gasta cualquier muy importante manjar por la cortedad de su natural, no acostumbrado ni nacido para tan sublimes empleos; acedáseles el trato, y con los humos que se levantan de la postiza honra viene a desvanecérseles la cabeza. Corren gran peligro en los lugares altos, y no caben en sí porque no cabe en ellos la suerte. Muestre, pues, el varón grande que aún le quedan ensanches para cosas mayores, y huya con especial cuidado de todo lo que puede dar indicio de angosto corazón.


103   Cada uno la majestad en su modo. Sean todas las acciones, si no de un rey, dignas de tal, según su esfera; el proceder real, dentro de los límites de su cuerda suerte: sublimidad de acciones, remonte de pensamientos. Y en todas sus cosas represente un rey por méritos, cuando no por realidad, que la verdadera soberanía consiste en la entereza de costumbres; ni tendrá que envidiar a la grandeza quien pueda ser norma de ella. Especialmente a los allegados al trono pégueseles algo de la verdadera superioridad, participen antes de las prendas de la majestad que de las ceremonias de la vanidad, sin afectar lo imperfecto de la hinchazón, sino lo realzado de la sustancia.


104   Tener tomado el pulso a los empleos. Hay su variedad en ellos: magistral conocimiento, y que necesita de advertencia; piden unos valor y otros sutileza. Son más fáciles de manejar los que dependen de la rectitud, y más difíciles los que del artificio. Con un buen natural no es menester más para aquellos; para estos no basta toda la atención y desvelo. Trabajosa ocupación gobernar hombres, y más, locos o necios: doblado seso es menester para con quien no le tiene. Empleo intolerable el que pide todo un hombre, de horas contadas y la materia cierta; mejores son los libres de fastidio juntando la variedad con la gravedad, porque la alternación refresca el gusto. Los más autorizados son los que tienen menos, o más distante, la dependencia; y aquel es el peor que al fin hace sudar en la residencia humana y más en la divina.


105   No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que de adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Excuse el discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto.


106   No afectar la fortuna. Más ofende el ostentar la dignidad que la persona. Hacer del hombre es odioso, bastábale ser invidiado. La estimación se consigue menos cuanto se busca más; depende del respeto ajeno; y así no se la puede tomar uno, sino merecer la de los otros y aguardarla. Los empleos grandes piden autoridad ajustada a su ejercicio, sin la cual no pueden ejercerse dignamente. Conserve la que merece para cumplir con lo sustancial de sus obligaciones: no estrujarla, ayudarla sí, y todos los que hacen del hacendado en el empleo dan indicio de que no lo merecían, y que viene sobrepuesta la dignidad. Si se hubiere de valer, sea antes de lo eminente de sus prendas que de lo adventicio; que hasta un rey se ha de venerar más por la personal que por la extrínseca soberanía.


107   No mostrar satisfacción de sí. Viva ni descontento, que es poquedad, ni satisfecho, que es necedad. Nace la satisfacción en los más de ignorancia, y para en una felicidad necia, que, aunque entretiene el gusto, no mantiene el crédito. Como no alcanza las superlativas perfecciones en los otros, págase de cualquiera vulgar medianía en sí. Siempre fue útil, a más de cuerdo, el recelo, o para prevención de que salgan bien las cosas, o para consuelo cuando salieren mal; que no se le hace de nuevo el desaire de su suerte al que ya se lo temía. El mismo Homero dormita tal vez, y cae Alejandro de su estado y de su engaño. Dependen las cosas de muchas circunstancias; y la que triunfó en un puesto, y en tal ocasión, en otra se malogra; pero la incorregibilidad de lo neco está en que se convirtió en flor la más vana satisfacción, y va brotando siempre su semilla.


108   Atajo para ser persona: saberse ladear. Es muy eficaz el trato. Comunícanse las costumbres y los gustos. Pégase el genio, y aun el ingenio, sin sentir. Procure, pues, el pronto juntarse con el reportado; y así en los demás genios, con este conseguirá la templanza sin violencia: es gran destreza saberse atemperar. La alternación de contrariedades hermosea el universo y le sustenta, y si causa armonía en lo natural, mayor en lo moral. Válgase de esta política advertencia en la elección de familiares y de famulares, que con la comunicación de los extremos se ajustará un medio muy discreto.


109   No ser acriminador. Hay hombres de genio fiero, todo lo hacen delito, y no por pasión, sino por naturaleza. A todos condenan, a unos porque hicieron, a otros porque harán. Indica ánimo peor que cruel, que es vil, y acriminan con tal exageración, que de los átomos hacen vigas para sacar los ojos: cómitres en cada puesto, que hacen galera de lo que fuera Elisio; pero si media la pasión, de todo hacen extremos. Al contrario, la ingenuidad para todo halla salida, si no de intención, de inadvertencia.


110   No aguardar a ser sol que se pone. Máxima es de cuerdos dejar las cosas antes que los dejen. Sepa uno hacer triunfo del mismo fenecer; que tal vez el mismo sol, a buen lucir, suele retirarse a una nube porque no le vean caer, y deja en suspensión de si se puso o no se puso. Hurte el cuerpo a los ocasos para no reventar de desaires; no aguarde a que le vuelvan las espaldas, que le sepultarán vivo para el sentimiento, y muerto para la estimación. Jubila con tiempo el advertido al corredor caballo, y no aguarda a que, cayendo, levante la risa en medio la carrera. Rompa el espejo con tiempo y con astucia la belleza, y no con impaciencia después al ver su desengaño.


111   Tener amigos. Es el segundo ser. Todo amigo es bueno, y sabio para el amigo. Entre ellos todo sale bien. Tanto valdrá uno cuanto quisieren los demás; y para que quieran, se les ha de ganar la boca por el corazón. No hay hechizo como el buen servicio, y para ganar amistades, el mejor medio es hacerlas. Depende lo más y lo mejor que tenemos de los otros. Hase de vivir, o con amigos o con enemigos. Cada día se ha de diligenciar uno, aunque no para íntimo, para aficionado, que algunos se quedan después para confidentes, pasando por el acierto del delecto.


112   Ganar la pía afición, que aun la primera y suma causa en sus mayores asuntos la previene y la dispone. Éntrase por el afecto al concepto. Algunos se fían tanto del valor, que desestiman la diligencia; pero la atención sabe bien que es grande el rodeo de solos los méritos, si no se ayudan del favor. Todo lo facilita y suple la benevolencia; no siempre supone las prendas, sino que las pone, como el valor, la entereza, la sabiduría, hasta la discreción. Nunca ve las fealdades, porque no las querría ver. Nace de ordinario de la correspondencia material en genio, nación, parentesco, patria y empleo. La formal es más sublime en prendas, obligaciones, reputación, méritos. Toda la dificultad es ganarla, que con facilidad se conserva. Puédese diligenciar, y saberse valer de ella.


113   Prevenirse en la fortuna próspera para la adversa. Arbitrio es hacer en el estío la provisión para el invierno, y con más comodidad. Van baratos entonces los favores, hay abundancia de amistades. Bueno es conservar para el mal tiempo, que es la adversidad cara, y falta de todo. Haya retén de amigos y de agradecidos, que algún día hará aprecio de lo que ahora no hace caso. La villanía nunca tiene amigos: en la prosperidad porque los desconoce, en la adversidad la desconocen a ella.


114   Nunca competir. Toda pretensión con oposición daña el crédito. La competencia tira luego a desdorar, por deslucir. Son pocos los que hacen buena guerra, descubre la emulación los defectos que olvidó la cortesía. Vivieron muchos acreditados mientras no tuvieron émulos. El calor de la contrariedad aviva o resucita las infamias muertas, desentierra hediondeces pasadas y antepasadas. Comiénzase la competencia con manifiesto de desdoros, ayudándose de cuanto puede y no debe; y aunque a veces, y las más, no sean armas de provecho las ofensas, hace de ellas vil satisfacción a su venganza, y sacude esta con tal aire, que hace saltar a los desaires el polvo del olvido. Siempre fue pacífica la benevolencia y benévola la reputación.


115   Hacerse a las malas condiciones de los familiares; así como a los malos rostros: es conveniencia donde tercia dependencia. Hay fieros genios que no se puede vivir con ellos, ni sin ellos. Es, pues, destreza irse acostumbrando, como a la fealdad, para que no se hagan de nuevo en la terribilidad de la ocasión. La primera vez espantan, pero poco a poco se les viene a perder aquel primer horror, y la refleja previene los disgustos, o los tolera.


116   Tratar siempre con gente de obligaciones. Puede empeñarse con ellos, y empeñarlos. Su misma obligación es la mayor fianza de su trato, aun para barajar, que obran como quien son, y vale más pelear con gente de bien que triunfar de gente de mal. No hay buen trato con la ruindad, porque no se halla obligada a la entereza; por eso entre ruines nunca hay verdadera amistad, ni es de buena ley la fineza, aunque lo parezca, porque no es en fe de la honra. Reniegue siempre de hombre sin ella, que quien no la estima, no estima la virtud; y es la honra el trono de la entereza.


117   Nunca hablar de sí. O se ha de alabar, que es desvanecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad; y, siendo culpa de cordura en el que dice, es pena de los que oyen. Si esto se ha de evitar en la familiaridad, mucho más en puestos sublimes, donde se habla en común, y pasa ya por necedad cualquier apariencia de ella. El mismo inconveniente de cordura tiene el hablar de los presentes por el peligro de dar en uno de dos escollos: de lisonja, o vituperio.


118   Cobrar fama de cortés, que basta a hacerle plausible. Es la cortesía la principal parte de la cultura, especie de hechizo, y así concilia la gracia de todos, así como la descortesía el desprecio y enfado universal. Si ésta nace de soberbia, es aborrecible; si de grosería, despreciable. La cortesía siempre ha de ser más que menos, pero no igual, que degeneraría en injusticia. Tiénese por deuda entre enemigos para que se vea su valor. Cuesta poco y vale mucho: todo honrador es honrado. La galantería y la honra tienen esta ventaja, que se quedan: aquélla en quien la usa, ésta en quien la hace.


119   No hacerse de mal querer. No se ha de provocar la aversión, que aun sin quererlo, ella se adelanta. Muchos hay que aborrecen de balde, sin saber el cómo ni por qué. Previene la malevolencia a la obligación. Es más eficaz y pronta para el daño la irascible que la concupiscible para el provecho. Afectan algunos ponerse mal con todos, por enfadoso o por enfadado genio; y si una vez se apodera el odio, es, como el mal concepto, dificultoso de borrar. A los hombres juiciosos los temen, a los maldicientes aborrecen, a los presumidos asquean, a los fisgones abominan, a los singulares los dejan. Muestre, pues, estimar para ser estimado, y el que quiere hacer casa hace caso.


120   Vivir a lo práctico. Hasta el saber ha de ser al uso, y donde no se usa, es preciso saber hacer del ignorante. Múdanse a tiempos el discurrir y el gustar: no se ha de discurrir a lo viejo, y se ha de gustar a lo moderno. El gusto de las cabezas hace voto en cada orden de cosas. Ése se ha de seguir por entonces, y adelantar a eminencia. Acomódese el cuerdo a lo presente, aunque le parezca mejor lo pasado, así en los arreos del alma como del cuerpo. Sólo en la bondad no vale esta regla de vivir, que siempre se ha de practicar la virtud. Desconócese ya, y parece cosa de otros tiempos el decir verdad, el guardar palabra; y los varones buenos parecen hechos al buen tiempo, pero siempre amados; de suerte que, si algunos hay, no se usan ni se imitan. ¡Oh, grande infelicidad del siglo nuestro, que se tenga la virtud por extraña y la malicia por corriente! Viva el discreto como puede, si no como querría. Tenga por mejor lo que le concedió la suerte que lo que le ha negado.


EDICIÓN   desconocida
Fuente: Wikipedia WIKISOURCE (dominio público)
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1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

AL LECTOR
Aforismos:   1 al 30  •  31 al 60  •  61 al 90  •  91 al 120  •  121 al 150  •  151 al 180  •  181 al 210  •  211 al 240  •  241 al 270  •  271 al 300

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Citas[editar]

¿Cómo puede salir bien una empresa que, aun concebida, la está ya condenando el recelo? (91)


Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza. (92)


Mayores efectos de veneración causa la opinión y duda de adónde llega el caudal de cada uno que la evidencia de él, por grande que fuere. (94)


No se ha de echar todo el resto al primer lance. (95)


La reputación obliga mucho y obra más. (97)


Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos. (106)


Viva el discreto como puede, si no como querría. Tenga por mejor lo que le concedió la suerte que lo que le ha negado. (120)


notas

  1. nemine discrepante (latinismo):   «sin que nadie disienta», locución adverbial (→DLE en línea).
  2. sindéresis:   capacidad natural para juzgar rectamente, con acierto (DLE en línea)
  3. jibias de interioridad:   «Porque la jibia se defiende disimulándose, cubriéndose con la tinta oscura que expele de su cuerpo» → La cebra que habla (blog)