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RECUERDOS DE MI VIDA
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
TOMO II    Historia de mi labor científica

CAPÍTULO XVI bis
Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo, donde organizo mi Laboratorio. — En mi casita de Amaniel sorpréndeme la noticia de la concesión del premio internacional llamado de Moscou. — Felicitaciones calurosas de los amigos y compañeros, homenajes entusiastas de los discípulos y fiesta conmemorativa en la Universidad. — Mi discurso á la juventud en la solemnidad académica. — Por iniciativas de la Prensa, el Gobierno acuerda crear un Laboratorio de investigaciones biológicas. — Algunos trabajos emprendidos durante el bienio de 1900 y 1901.


El año de 1900 ocurrió un suceso que tuvo capital influencia en mi porvenir científico. El Congreso internacional de Medicina, reunido en París, tuvo la bondad de adjudicarme el importante y codiciado premio internacional (6.000 francos). Instituído por la ciudad de Moscou[1] para conmemorar el Congreso médico celebrado pocos años antes en tal ciudad, dicho galardón debía otorgarse al trabajo médico ó biológico más importante publicado en el mundo entero, durante cada trienio ó intervalo entre dos Asambleas médicas. Y á propuesta del Dr. Albrecht, de Viena, y con el voto unánime de los miembros del Comité directivo, se convino en galardonar con él mis modestas investigaciones[2]. En la misma sesión acordóse también celebrar en Madrid el siguiente Congreso de 1903.

Según refirieron testigos presenciales, el entusiasmo de los delegados y congresistas de los países latinos fué grande y sincero. Los plácemes á nuestros representantes oficiales y los vivas á España atronaban la sala. En nombre de nuestro país y de la ciencia española, el Dr. Calleja, balbuciente de emoción, pronunció elocuente y sentidísimo discurso de gracias. Fué casi —permítaseme lo excesivo del comentario— una fiesta cordial de la raza hispana; porque del inesperado triunfo se congratularon, con noble y generosa unanimidad, todos los congresistas de España y de las Repúblicas hispano-americanas.

Cuando allá por el mes de Agosto de dicho año, sucedía esto en París, hallábame yo veraneando en mi recién construída casita de los Cuatro Caminos, prosiguiendo tranquilamente mis atrayentes exploraciones sobre la estructura cerebral.

Aunque el hecho carezca de importancia, permítaseme explicar por qué escogí para la edificación de mi casa de campo un barrio pobre, habitado casi exclusivamente por obreros.

Durante el otoño é invierno de 1899, mi salud dejaba harto que desear. Invadióme la neurastenia, acompañada de palpitaciones, arritmias cardíacas, insomnios, etc., con el consiguiente abatimiento de ánimo. Semejantes crisis cardíacas atacan frecuentemente á las personas nerviosas fatigadas, sobre todo durante esa fase de la vida en que declina la madurez y asoman los primeros desfallecimientos precursores de la vejez. Fuera de que mi carácter, aun en las épocas de salud floreciente, propendió siempre, según dejo dicho, á la soledad y al recogimiento. Yo he sido siempre un melancólico, empeñado en conquistar la alegría y el sueño con la cháchara jovial del café y con las fatigas y emociones del Laboratorio. Naturalmente, mis dolencias agriaron aun mi natural triste é hipocondríaco. Y, por reacción fisiológica y moral, acometióme violenta pasión por el campo. Todo mi afán cifrábase en disponer de quinta modesta y solitaria, rodeada de jardín, y de cuyas ventanas se descubrieran, de día, las ingentes cimas del Guadarrama, y de noche, sector celeste dilatadísimo, no mermado por aleros ni empañado por chimeneas. Aparte la ansiada ración de infinito, deseaba oponer á mi spleen[3], á guisa de contraste sentimental, la oleada de bulliciosa alegría que se desborda los domingos y tardes soleadas desde las guardillas[4] de Madrid hasta los democráticos merenderos de Amaniel. Allí, lejos del tumulto cortesano, trabajaría á mi sabor durante los meses estivales, rodeado de árboles y flores y en medio de un vivero de animales de Laboratorio —las pobres víctimas de la Ciencia—, amén de los humildes seres que gratuita y pródigamente nos ofrece cualquier cercado (lagartijas, lombrices, orugas, caracoles, etcétera). Allí, en fin, sumergido en aquella calma sedante, aplacaríanse mis nervios y tejería en paz la tela de mis ideas.

Poco hay que escoger en los alrededores de Madrid para nido de un espíritu romántico, enamorado de cuadros pintorescos. Sólo las frondosas hondonadas y las vertientes vecinas del puente de Amaniel, con espléndidas vistas á la Moncloa, al Guadarrama y á El Escorial, prometían adecuado marco á mi casita, que á ser posible hubiera emplazado en lo alto del Guadarrama.

Compré, pues, en dicha barriada de los Cuatro Caminos huerta no muy extensa, y mandé construir modesta quinta, circundada de jardín, emparrado é invernadero liliputienses, escalonados en cuesta y expuestos al sol del mediodía. Y procediendo á lo temerario puse todos mis ahorros en la obra. Los libros de texto, tan maldecidos por el padre de familia, y obsesión permanente del Marqués de Villaviciosa —conste que los míos se vendían á 30 reales—, transfiguráronse en ladrillos y baldosas y sublimáronse después en flores, frutas, abejas y palomas.

Mi curación honró poco á la Farmacopea. Una vez más triunfó el mejor de los médicos: el instinto, es decir, la incansable vis medicatrix[5]. Porque luego de instalado con la familia en la campestre residencia, mi salud mejoró notablemente. Al fin alboreó en mi espíritu, con la nueva savia, hecha de sol, oxígeno y aromas silvestres, alentador optimismo. Y, por añadidura, llovieron sobre mí impensadas satisfacciones y venturas.

Fué, pues, como decía antes, en mi modesto cigarral[6] de Amaniel, situado en la calle de Almansa y frontero del canalillo (que con sus puentes rústicos y algo de imaginación evocan los románticos canales de Venecia), donde me sorprendieron el sentido telegrama de felicitación del doctor Calleja y las benévolas y esperadas ampliaciones noticieriles de la Prensa.

Grande fué mi alegría al recibir la fausta nueva y más al advertir que la honra venía acompañada de algunos miles de francos, dádiva no despreciable para un bolsillo exhausto. «Ce qui ne gâte rien» como dicen los franceses[7]. Y quedaran colmadas las medidas del deseo, si deberes elementales de cortesía no me hubieran obligado á contestar á miles de telegramas de felicitación, tarjetas postales y cartas congratulatorias. Aquel chaparrón de plácemes —cordialmente agradecidos, naturalmente— duró más de un mes, obligándome á aplazar sine die mis favoritas ocupaciones y á exprimir mi pobre magín —casi vacío de fórmulas corteses— en aderezar y matizar en lo posible las obligadas expresiones de agradecimiento y las inevitables manifestaciones de modestia.

Entre las felicitaciones, debo recordar, por la calidad de sus autores, el sentido telegrama de S. M. la Reina Cristina; la carta afectuosa del Presidente del Consejo de Ministros, D. Francisco Silvela; la no menos cariñosa del Ministro de Fomento, el Mensaje del Ayuntamiento de Zaragoza, etc., etc. Ni es lícito pasar por alto los artículos encomiásticos de la Prensa política y profesional. En mi memoria viven, con rasgos indelebles, la elocuente biografía escrita para el Heraldo por mi eminente compañero, el Dr. Amalio Gimeno; la primorosa Crónica de El Imparcial ofrendada por Mariano de Cavia, el maestro del buen decir y del patriótico pensar; los artículos laudatorios de El Liberal, La Época y La Correspondencia, etc.; y, en fin, cierto panegírico, tan entusiasta como cariñoso, inserto por mi amigo el Dr. Márquez en un periódico médico.

Y omito la visita de Comisiones, los banquetes oficiales, los homenajes privados[8], los ágapes de los amigos.

Aun pecando de prolijo, séame permitido mencionar todavía algunas distinciones y consagraciones oficiales.

S. M. la Reina me agració, por iniciativa del Gobierno, con la Gran Cruz de Isabel la Católica, cuyas insignias costearon generosos los estudiantes de la Facultad de Medicina, en la cual, dicho sea de pasada, se celebró solemne sesión conmemorativa. Meses después se me concedía la Gran Cruz de Alfonso XII y se me nombraba Consejero de Instrucción pública.

Pero el homenaje de que guardo más profundo agradecimiento fué la fiesta académica celebrada, meses después, en el paraninfo de la Universidad, con asistencia de los profesores y alumnos. En ella pronunciaron elocuentes y sentidísimos discursos el Ministro de Fomento, que se dignó honrar el acto con su presencia; el Rector, Sr. Fernández y González; y, en fin, D. Julián Calleja y D. Alejandro San Martín.

Mi ingénita cortedad sufrió entonces durísima prueba. Aquel chaparrón de elogios exagerados, en cuyo fondo latía noble sentimiento de patriótico regocijo, me emocionó profundamente. Previendo que, en tan difíciles circunstancias, mi corazón habría de paralizar mi pobre palabra, dí las gracias en discurso escrito, que fué bastante celebrado y mereció la honra de ser reproducido, acompañado de agradables comentarios, por la Prensa política y profesional.

He aquí los principales párrafos de esta oración, que reproduzco porque, además de contener algunos datos autobiográficos (motivos de mi actuación científica, etc.), reflejan con bastante fidelidad los anhelos fervientes de resurgimiento intelectual que el reciente infortunio nacional había despertado en la juventud universitaria española:

«Señores: El homenaje tan cariñoso como sincero que el Claustro de la ilustre Universidad de Madrid, presidido por el jefe supremo de la enseñanza y dignísimo representante del Gobierno de S. M., ha querido rendirme en el día de hoy, me coloca en un trance apuradísimo. La más elemental cortesía me obliga á mostrarme agradecido á la inusitada honra que me dispensáis; pero me impone también, con la obligación de contestaros, un sosiego de espíritu y una quietud del corazón, de todo punto incompatibles con la solemnidad del acto y su extraordinaria significación en mi vida profesional. Permitidme, pues, que en esta ocasión, rompiendo con la costumbre, para evitar la emoción paralizante de la palabra hablada, recurra á la palabra escrita. El cerebro turbado por la emoción es como el lago agitado por la tormenta: éste no refleja bien las estrellas del cielo y los árboles de sus orillas; aquél no acierta á traducir las ideas y los sentimientos surgidos en la mente. Existen sin duda ánimos de tal temple, que saben sentir y pensar á un tiempo; yo tengo, desgraciadamente, el cerebro esclavo del corazón, y sólo me permito pensar á hurtadillas de éste.
Sírvanme, pues, estas cuartillas de antifaz que oculta semblante demudado ó descompuesto. Parapetado tras de ellas, os diré sin más preámbulos, que vuestros sinceros y entusiastas plácemes me llegan á lo más vivo é íntimo del alma, y que los inusitados testimonios de consideración y simpatía con que os habéis complacido en enaltecerme y confundirme, quedarán grabados perennemente en mi memoria, en el archivo de los recuerdos sagrados, junto á las placenteras memorias de la edad juvenil, y entretejidos con la imagen adorada de mi madre.
... Exageráis sin duda el alcance de mis trabajos y la fortuna de mi obra científica. No rayan tan alto ni van tan lejos como vuestra benevolencia imagina. Aunque bien se me alcanza que lo extremado de vuestros encomios encamínase á fin más alto: al premiar al modesto investigador de hoy, habéis querido sobre todo estimular la investigación científica del mañana. Con patriótica previsión os proponéis, sin duda, lo que podríamos llamar la ejemplaridad del aplauso. Patente hoy á los ojos de la juventud estudiosa la generosidad del Gobierno y de la Universidad para conmigo, cuantos sientan en sí el acicate de la emulación, podrán decir: «Si esto se hace con Cajal, humilde explorador de la naturaleza viva, ¿qué no harán con nosotros si alcanzamos la fortuna de igualar algún día á los más eminentes impulsores del progreso científico?».
Habéis cariñosamente aludido á lo singular de mis facultades y á lo peregrino de mis aptitudes para el cultivo de la Ciencia; y en todo ello habéis mostrado más bondad que justicia. No soy en realidad un sabio, sino un patriota; tengo más de obrero infatigable que de arquitecto calculador... La historia de mis méritos es muy sencilla: es la vulgarísima historia de una voluntad indomable resuelta á triunfar á toda costa. Al considerar melancólicamente, allá en mis mocedades, cuánto habían decaído la Anatomía y Biología en España y cuán escasos habían sido los compatriotas que habían pasado á la historia de la Medicina científica, formé el firme pro[p. 398]pósito de abandonar para siempre mis ambiciones artísticas, dorado ensueño de mi juventud, y lanzarme osadamente al palenque internacional de la investigación biológica. Mi fuerza fué el sentimiento patriótico; mi norte el enaltecimiento de la toga universitaria; mi ideal, aumentar el caudal de ideas españolas circulantes por el mundo, granjeando respeto y simpatía para nuestra Ciencia, colaborando, en fin, en la grandiosa empresa de descubrir la Naturaleza, que es tanto como descubrirnos á nosotros mismos.
Lo conseguido constituye, por tanto, ofrenda de amor á mi país, fruto del culto ferviente á la gloriosa aula española; pero obra incompleta, mezquina, que deploro sinceramente sea tan inferior á vuestros homenajes, tan desproporcionada con las tradiciones de la Universidad, y tan indigna de los merecimientos de nuestro infortunado país.
... Harto modestos son los lauros conquistados; mas si en algo los estimáis, bríndolos de todo corazón á la Universidad española, como ofrenda del discípulo reverente al alma mater, y con ese noble orgullo con que el soldado consagra á la Virgen, que le amparó en trances difíciles, el humilde trofeo ganado en playas remotas.
Y bien miradas las cosas, os devuelvo lo que en justicia os pertenece. Hijo soy de la Universidad; á ella le debo lo que sé y todo lo que valgo; ella me enseñó á amar la Ciencia y á reverenciar á sus cultivadores; ella me guió y alentó en mis primeros ensayos experimentales, ofreciéndome generosamente, en la medida de sus pobres recursos, los medios materiales para mis trabajos; ella, en fin, al mostrarme un pasado espléndido y glorioso al través de un presente poco consolador, despertó en mi ánimo juvenil la fibra del patriotismo, sugiriéndome la inquebrantable resolución de consagrar mi vida á las tareas redentoras del Laboratorio, para reanudar en suma, hasta donde mis fuerzas alcanzaran, la casi olvidada tradición de originalidad de la Medicina española.
Afortunadamente, la Universidad española de hoy siente ya ansias de vida y de renovación, y desea caminar resueltamente por la vía del progreso. Revélase en algunos de sus maestros, atenidos antes á su misión meramente docente, loable emulación por sacudir la tutela intelectual extranjera, y por cooperar, con propio y personal esfuerzo, á la conquista pacífica de la naturaleza y del arte. Por fortuna, nuestras aulas, calificadas más de una vez de fortalezas de la autoridad de los textos y de la rutina del pensamiento, se han abierto ya al oreo vivificador del espíritu crítico y del pensar universal, y en ellas brilla con luz propia lucida pléyade de estadistas, científicos, humanistas y literatos ilustres.
Prosigamos todos con ardor creciente en esta tarea salvadora; trabajemos para que la Universidad sea lo que debe ser, tanto fábrica de ideas como foco de educación y cultura nacionales.
Hoy más que nunca urge este supremo llamamiento al heroísmo del pensar hondo y del esfuerzo viril. Me dirijo á vosotros, los jóvenes, esperanza del mañana. En estos últimos luctuosos tiempos la patria se ha achicado; pero vosotros debéis decir: «Á patria chica, alma grande». El territorio de España ha menguado; juremos todos dilatar su geografía moral é intelectual. Combatamos al extranjero con ideas, con hechos nuevos, con invenciones originales y útiles. Y cuando los hombres de las naciones más civilizadas no puedan discurrir ni hablar en materias filosóficas, científicas, literarias ó industriales, sin tropezar á cada paso con expresiones ó conceptos españoles, la defensa de la patria llegará á ser cosa superflua; su honor, su poderío y su prestigio estarán firmemente garantidos, porque nadie atropella á lo que ama, ni insulta ó menosprecia lo que admira y respeta.
He nombrado á la patria y deseo que, en tan solemne ocasión, sea ésta la última palabra de mi desaliñado discurso. Amemos á la patria, aunque no sea más que por sus inmerecidas desgracias. Porque «el dolor une más que la alegría», ha dicho Renan. Inculquemos reiteradamente á la juventud que la cultura superior, la producción artística y científica originales constituyen labor de elevado patriotismo. Tan digno de loa es quien se bate con el fusil como el que esgrime la pluma del pensador, la retorta ó el microscopio. ¡Honremos al guerrero que nos ha conservado el solar fundado por nuestros mayores! Pero enaltezcamos también al filósofo, al literato, al jurista, al naturalista y al médico, que defienden en el noble palenque de la cultura internacional el sagrado depósito de nuestra tradición intelectual, de nuestra lengua y cultura, en fin, de nuestra personalidad histórica y moral, tan discutida y á veces tan agraviada entre los extraños.»

En aquella ocasión, la prensa, siempre buenísima conmigo, prestóme servicio inestimable. En sus bondadosos elogios, exageró, sin duda, la penuria de mis medios instrumentales, y la desproporción entre mis recursos económicos y los resultados obtenidos. En todo caso, sus campañas, tanto más agradecidas cuanto más espontáneas, crearon cierto estado de opinión, recogido diligente y generosamente por el Gobierno de D. Francisco Silvela, quien propuso al Consejo de Ministros, después de amable consulta con el interesado, la fundación de un Instituto de investigaciones científicas, donde el humilde laureado de París pudiera desarrollar ampliamente y sin cortapisas económicas sus trabajos biológicos. Singularmente entusiastas del pensamiento mostráronse, y así me lo manifestaron, el Ministro de Instrucción pública, García Alix, y F. Villaverde, á la sazón encargado de la cartera de Hacienda.

Decidido el Gobierno á realizar prontamente el pensamiento, tramitóse inmediatamente la indispensable consulta al Consejo de Estado —las Cortes estaban cerradas— y se consignaron para la compra de material é instalación del Laboratorio 80.000 pesetas, dejando para las Cortes la legalización del proyecto, así como la aprobación de los créditos de material y personal. Con verdadera munificencia fijó el Sr. Silvela la gratificación del Director en 10.000 pesetas, cifra excesiva que, á mis ruegos, fué rebajada por el Conde de Romanones, sucesor del Sr. García Alix, cuando en 1901 subió al Poder la situación liberal. Obtenida la sanción de los Cuerpos Colegisladores, el nuevo Centro de estudios, designado Laboratorio de Investigaciones biológicas, instalóse provisionalmente en un hotel de la calle de Ventura de la Vega. Meses después, y por iniciativa del nuevo Ministro de Instrucción pública, trasladóse definitivamente al Museo del Dr. Velasco. Á título de ayudante, prestóme su concurso el Dr. Sala Pons, alumno brillante de la escuela de Barcelona, del cual he hablado ya, con ocasión de enumerar los colaboradores de mi Revista trimestral micrográfica. En fin, transcurridos dos ó tres años, aumentóse la plantilla con otro ayudante y un preparador competente en las artes del dibujo.

nervio coclear del gato (Cajal II fig97).jpg vía central sensitiva del ratón (Cajal II fig98).jpg
Fig. 97 (izda).— Conjunto de la arborización terminal del nervio coclear en los ganglios acústicos del gato.— A, tronco del nervio; B, rama ascendente; C, rama descendente y posterior. Nótese el diverso comportamiento de cada rama.

Fig. 98 (dcha).— Corte que muestra la terminación de la vía central sensitiva en el ratón.— A, foco sensitivo ó lateral del tálamo; B, vía sensitiva; E, cuerpo de Luys; G, pedúnculo cerebral; F, fascículo lenticular de Forel; J, campo de Forel; a, arborizaciones terminales de las fibras sensitivas.
Fig. 99.—Sección en el cavia del lóbulo olfativo accesorio; D, cordón especial destinado á este núcleo; a, arborizaciones de estas fibras olfativas; b y c, células especiales de esta región del bulbo.
Fig. 100.—Figura esquemática encaminada á mostrar el comportamiento en los roedores del lemnisco externo, ó vía acústica secundaria.— A, lemnisco externo; B, tubérculo cuadrigémino posterior; C, cuerpo geniculado interno; D, cuerpo geniculado externo; e, vía acústica talamo-cortical ó terminal; b, bifurcación de la vía acústica secundaria.
Fig. 101.—Corte del cuerpo mamilar y regiones limítrofes del bulbo y protuberancia.— A, foco mamilar externo; B, pedúnculo del cuerpo mamilar; C, vía sensitiva ó lemnisco interno; D, vía olfativa de proyección; P, protuberancia.
Fig. 102.—Esquema destinado á mostrar, en dirección sagital, las conexiones de algunos focos del tálamo.— A, foco mamilar externo; B, núcleo dorsal del tálamo; D, ganglio de la habénula; E, cuerpo interpeduncular; f, haz de Vicq d’Azyr; g, fascículo de Meynert; e, pedúnculo del cuerpo mamilar; h, fascículo de la calota de Gudden; i, stria thalami; F, núcleo segmental dorsal.

Excusado es decir que la creación del referido Laboratorio satisfizo plenamente mis aspiraciones. Sobre proporcionarme instrumental copioso y modernísimo, hizo desaparecer el déficit, que, no obstante los recursos de la Facultad y la generosidad del Dr. Busto, me ocasionaban la compra de libros y Archivos científicos, y sobre todo la publicación de mi Revista trimestral, de que vino á ser continuación el nuevo Anuario titulado Trabajos del Laboratorio de Investigaciones biológicas. Excelente papel, grabados y litografías sin tasa, extensión ilimitada del texto en proporción con el original disponible, fueron las ganancias materiales logradas; y como provechos docentes la colaboración cada día más intensa y reiterada de mis ayudantes y discípulos. Séame lícito notar que en los citados Trabajos, creados en 1902, han visto la luz hasta hoy más de 140 monografías originales, lo que me da el derecho y la satisfacción de pensar que el sacrificio hecho por el Estado no ha sido estéril para el progreso de la Ciencia y el crédito de España en el extranjero.

Todo lo cual demuestra algo que tengo manifestado ya en otra parte, á saber: que no hay país en donde el trabajo honrado y los esfuerzos en pro de la Investigación sean más cordial y prácticamente agradecidos que en España. Estoy por decir, si se me apura, que nuestro calumniado país es acaso la nación europea en donde el cultivo de la Ciencia constituye más saneado y decoroso negocio.

Durante el bienio de 1900 y 1901, dí á la estampa algunos trabajos dignos de ser notados, además de las ya mentadas comunicaciones sobre la corteza acústica y olfativa. He aquí algunos de ellos:

  1.º Disposición terminal de las fibras acústicas ó del nervio coclear (figura 97).—Se demuestra en este trabajo que las fibras del coclear exhiben dos clases de arborizaciones: las terminales ó conos de Held, espesas y pobres en ramas, que se aplican sobre las células del foco ventral; y las colaterales, representadas por ramitas finas, que constituyen plexos delicados, situados entre las células. Se señalan, también, diferencias en la disposición de las ramas terminales, según la profundidad en el foco ventral (B y C), y se consignan algunas inducciones fisiológicas sacadas de los nuevos hechos de estructura de los ganglios acústicos. En la figura 97 puede verse el conjunto de la arborización terminal del citado nervio.
  2.º Contribución al estudio de la vía sensitiva central y de la estructura del tálamo óptico.—Algunos autores (Monakov, Dejerine, Mahaim, etc.), habían sospechado que las fibras del lemnisco interno ó vía sensitiva poseían una estación intermediaria en el tálamo; pero la existencia de semejante interrupción no había podido ser anatómicamente demostrada.
  Nuestras observaciones en el tálamo de ratas y ratones probaron definitivamente que las fibras del lemnisco interno se terminan todas, á favor de arborizaciones libres complicadas, en el espesor del foco talámico ventral (Nissl) ó núcleo lateral (Kölliker) (A). Dentro de cada arborización yace un islote de células, cuyos axones dirígense hacia el cerebro, engendrando la vía sensitiva superior ó talámico-cortical. En la figura 98, A, B, mostramos estos interesantes hallazgos.
  Por primera vez se demuestra también en este trabajo la presencia de fibras centrífugas ó cortico-talámicas, que, naciendo en la corteza cerebral y cruzando el cuerpo estriado, se arborizan en los susodichos islotes talámicos.
  Otro hecho nuevo se consigna además: La mayoría de los autores que se han ocupado del cordón de Forel lo reputan nacido en el cuerpo estriado (Dejerine, etc.) ó de procedencia óptica (Kölliker). Nuestras investigaciones probaron incontestablemente que sus fibras representan colaterales de la vía piramidal, nacidas detrás del cuerpo de Luys, y dirigidas, por encima de la substancia nigra y en sentido anteroposterior, á la región de la calota (véase la fig. 98, F).
  En fin, se precisa además el origen y la terminación de las fibras exógenas del núcleo de Luys, señaladas por Mirto y Kölliker (E).
  Textura del lóbulo olfativo accesorio.—Gudden, Gansen y Kölliker descubrieron en los roedores un departamento superior del bulbo olfatorio que consideraron como un lóbulo peculiar de este centro, pero sin asignarle propiedades estructurales específicas.
  Nuestras investigaciones probaron que dicho foco posee una estructura propia distinta de la del resto del lóbulo y que en él penetra un manojo particular de fibras olfativas. Prescindiendo de pormenores descriptivos, nos concretaremos á decir que dicho lóbulo, por lo fino y delicado de su organización, podría compararse con la foseta central de la retina; es decir, que representaría el lugar de la máxima acuidad olfativa de los roedores. En la figura 99, D, reproducimos un corte donde se ve penetrar el fascículo olfativo especial.
  Significación probable de las células de axon corto.—Después de revisar la repartición y conexiones de tales neuronas en los diversos focos nerviosos, se concluye que no pueden estimarse como anillos intercalares obligados entre las fibras aferentes y las neuronas de axon largo, sino como cadenas laterales anejas á las vías principales, á quienes proporcionarían energía nerviosa almacenada. En suma, tales elementos vendrían á ser algo así como condensadores de potencial destinado á aumentar la tensión del impulso nervioso en las vías principales aferentes y eferentes. Trabajos ulteriores recaídos sobre la retina de vertebrados é invertebrados (insectos, cefalópodos, etc.) nos confirman en tal opinión.
  Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior.—Entre los hallazgos comunicados en este trabajo, tengo por más importantes los siguientes:
  1.º La demostración de que, en los roedores, una buena parte de las fibras del lemnisco externo ó vía acústica central se bifurcan, suministrando una rama posterior arborizada en el núcleo del tubérculo distal y otra anterior ramificada en el cuerpo geniculado interno ó posterior (fig. 100, A, a, b).
  2.º Descubrimiento de que la vía acústica central descripta por diversos autores, y sobre todo por Held, no marcha directamente al cerebro, sino que se termina en el cuerpo geniculado interno, á favor de arborizaciones libres en contacto con neuronas, cuyos axones forman la vía acústica superior ó tálamo cortical (fig. 100, C).
  3.º Aportación de nuevos datos estructurales acerca del cuerpo geniculado interno y corteza del tubérculo cuadrigémino posterior (núcleo, corteza lateral, comisuras, etc.). Imposible dar aquí detalles de estas aportaciones. En la figura 100 reproducimos cierto esquema donde aparecen las vías esenciales del cuerpo geniculado interno, tubérculo cuadrigémino posterior y otros centros del tálamo.
  En fin, en 1901 dí á la estampa otras comunicaciones de menor envergadura: una de carácter técnico, en donde se describen varios métodos destinados á teñir el disco de cemento de los tubos nerviosos centrales, la mielina y los cilindros-ejes; y otra de asunto fotográfico, con la presentación de dos aparatos estereoscópicos imaginados para el examen de grandes pruebas panorámicas.

Las investigaciones efectuadas durante el bienio 1900-1901, tuvieron desarrollo y complemento en las emprendidas en 1902 y 1903. Preocupado de la organización de los ganglios centrales del cerebro, y codicioso de aumentar mi haber con nuevos hallazgos en esta terra ignota, proseguí con mi habitual ardor la tarea analítica que recayó muy señaladamente sobre la textura del septum lucidum, la fina anatomía del tálamo óptico, con particular consideración de la estructura de los cuerpos de Luys, tubérculos mamilares y tuber cinereum, y de cierto foco enigmático, anejo de la cinta óptica.

Corrió mi actividad después por los dominios de los pedúnculos cerebelosos, dilucidando algunos puntos obscuros de sus conexiones y vías secundarias; abordé, mediante los métodos de Marchi y Golgi, las relaciones entre el cerebro y el tubérculo cuadrigémino anterior y tálamo óptico (existencia de una vía especial llamada córtico-bigeminal), y aporté, finalmente, algunas menudas contribuciones metodológicas tocantes á la coloración de los tubos nerviosos modulados y manipulación de los cortes.

Haré gracia al lector del contenido de estos trabajos, que, dada su aridez descriptiva, ni aun en resumen me atrevo á referir. Baste, por ahora, declarar que las citadas comunicaciones sobre el septo lucido y regiones basales del tálamo, esto es, los cuerpos mamilares, el tuber cinereum, etc., contienen la descripción de numerosos focos y vías nerviosas inadvertidos de los neurólogos, amén del esclarecimiento de bastantes problemas de conexión interfocal. Uno de ellos aparece dilucidado en la figura 101, B, donde mostramos que el pedúnculo del cuerpo mamilar (B) no nace, sino que se termina mediante arborizaciones libres en ambos focos mamilares.

El conjunto de las conexiones de los cuerpos mamilares (A) con los demás núcleos del tálamo y bulbo, así como las relaciones del núcleo dorsal del tálamo (B) con el cerebro (m, n) y el bulbo olfativo (b, i) han sido reproducidos en la figura 102.

Con el análisis de los focos centrales del cerebro puse remate á lo que podríamos llamar mi programa de morfología neuronal y de roturación de las tierras encefálicas y medulares, más ó menos cultivadas. En la segunda mitad de 1903 abrióse para mí nuevo ciclo de investigaciones. En adelante, mi atención fué atraída, de manera predilecta, por el seductor problema de la organización íntima de la célula nerviosa y del cilindro-eje.


EDICIÓN   Imprenta y Librería de Nicolás Moya, Madrid 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
leermas.gif BIBLIO info

1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

TOMO II
Historia de mi labor científica

Dos palabras al lector  •  1. Me preparo para oposiciones a cátedras  •  2. Caigo enfermo con una afección pulmonar grave  •  3. Mi traslación a Valencia  •  4. Decido publicar mis trabajos en el extranjero  •  5. Mi traslación a la Cátedra de Histología de Barcelona  •  6. Algunos detalles tocantes a mis trabajos de 1888  •  7. Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos  •  8. Mi actividad continúa en aumento  •  9. Trabajos de 1891  •  10. Mi traslación a la Corte  •  11. Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio  •  12. La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian Lecture  •  13. Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896  •  14. Las teorías y los hechos  •  15. Mi producción en 1898 y 1899  •  16. Mi labor durante los años 1899 y 1900  •  17. Invitado por la Universidad Clark  •  16 bis. Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo  •  17 bis. Congreso médico internacional de 1903 celebrado en Madrid  •  18. Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación argéntica  •  19. Trabajos del trienio 1905 a 1907  •  20. Honores y recompensas extraordinarios  •  21. Trabajos efectuados entre 1907 y 1917  •  22. Continúa la exposición de los trabajos del último decenio  •  23. Epílogo. Mi actividad docente y la multiplicación espiritual

Índice de la obra (dos volúmenes)

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones y expresiones[editar]

Artículo principal: locución
  • vis medicatrix naturae (latinismo): el poder curativo de la naturaleza (La naturaleza es el médico de las enfermedades, atribuído a Hipócrates).
... Mi curación honró poco á la Farmacopea. Una vez más triunfó el mejor de los médicos: el instinto, es decir, la incansable vis medicatrix. Porque luego de instalado con la familia en la campestre residencia, mi salud mejoró notablemente...


notas

  1. Moscou (francés), Yes check.svgMoscú, capital de Rusia.
  2. En España se celebró en su honor una gran fiesta nacional académica y el Gobierno le concedió las Grandes Cruces de Isabel la Católica y de Alfonso XII.
  3. spleen, Yes check.svgesplín (anglicismo adaptado): estado de melancolía (→ DLE en línea).
  4. Yes check.svgguardilla, Yes check.svgbuhardilla
  5. vis medicatrix:   locución.
  6. cigarral (de cigarra): casa de campo con huerto, propia de los alrededores de Toledo (España).
  7. ce qui ne gâte rien: que viene muy bien, muy oportuno.
  8. (nota del autor) No quisiera dejarme en el tintero el delicado y tiernísimo rasgo de los esposos Tolosa Latour, ángeles tutelares de la infancia, quienes, después de consultar los gustos de mis hijos, obsequiáronles con lindos juguetes y hasta con objetos de valor (un kodak, las obras de Campoamor, caja de música, etc.), para que asociaran en su memoria el recuerdo del impensado triunfo del padre con las dulzuras de un deseo satisfecho.