Wikilengua
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda


FÁBULAS
Félix María de Samaniego (1745-1801)
LIBRO SÉPTIMO

  • FÁBULA I
    El Raposo enfermo
  El tiempo, que consume de hora en hora
Los fuertes murallones elevados,
Y lo mismo devora
Montes agigantados,
Á un Raposo quitó de día en día
Dientes, fuerza, valor, salud, de suerte
Que él mismo conocía
Que se hallaba en las garras de la muerte.
  Cercado de parientes y de amigos,
Dijo en trémula voz y lastimera:
—¡Oh vosotros, testigos
De mi hora postrera,
Atentos escuchad un desengaño!
Mis ya pasadas culpas me atormentan,
Ahora conjuradas en mi daño.
¿No véis cómo á mi lado se presentan?
  Mirad, mirad los gansos inocentes,
Con su sangre teñidos,
Y los pavos en partes diferentes
Al furor de[1] mis garras divididos.
  Apartad esas aves que aquí veo,
Y me piden sus pollos devorados;
Su infernal cacareo[2]
Me tiene los oídos penetrados.—
  Los Raposos le afirman con tristeza
(No sin lamerse labios y narices)
—Tienes debilitada la cabeza,
Ni una pluma se ve de cuanto dices.
Y bien lo puedes creer que si se viese...
  —¡Oh glotones! callad: ya os entiendo,
El enfermo exclamó: ¡si yo pudiese
Corregir las costumbres cual pretendo!
¿No sentís que los gustos,
Si son contra la paz de la conciencia,
Se cambian en disgustos?
  Tengo de esta verdad gran experiencia.
Expuestos á las trampas y á los perros,
Matáis y perseguís á todo trapo[3]
En la aldea gallinas, y en los cerros
Los inocentes lomos del gazapo.[4]
  Moderad, hijos míos, las pasiones,
Observad vida quieta y arreglada,
Y con buenas acciones
Ganaréis opinión muy estimada.
  —Aunque nos convirtamos en corderos,
Le respondió un oyente sentencioso,
Otros han de robar los gallineros[5]
Á costa de la fama del Raposo.
  Jamás se cobra la opinión perdida:
Esto es lo uno; á más, ¿usted pretende
Que mudemos de vida?
Quien malas mañas ha... ya usted me entiende.
  —Sin embargo, hermanito, crea, crea...
El enfermo le dijo. ¡Mas qué siento!...
¿No oís que una gallina cacarea?
Esto sí que no es cuento.—
  Á Dios, sermón; escápase la gente.
El enfermo orador esfuerza el grito:
—¿Os váis, hermanos? Pues tened presente
Que no me haría daño algún pollito.


EDICIÓN   Librería Armand Colin. París, 1902
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
leermas.gif BIBLIO info

1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

LIBRO SÉPTIMO

1. El raposo enfermo  •  2. Las exequias de la leona  •  3. El poeta y la rosa  •  4. El búho y el hombre  •  5. La mona  •  6. Esopo y un ateniense  •  7. Demetrio y Menandro  •  8. Las hormigas  •  9. Los gatos escrupulosos  •  10. El águila y la asamblea de los animales  •  11. La paloma  •  12. El chivo afeitado

Introducción  •  Prólogo del autor
LIBRO PRIMERO  •  LIBRO SEGUNDO  •  LIBRO TERCERO  •  LIBRO CUARTO  •  LIBRO QUINTO
LIBRO SEXTO  •  LIBRO SÉPTIMO  •  LIBRO OCTAVO  •  LIBRO NONO
Léxico  •  Apéndice
ÍNDICE DE LA OBRA

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda


notas   (n.e.) nota del editor

  1. (n.e.) Al furor de, en vez de por el furor de...
  2. (n.e.) Cacareo, derivado de cacarear. En el mismo caso están: gorgeo, tarareo, espurreo, etc.
  3. (n.e.) Á todo trapo. Es frase tomada de la marina y significa lo mismo que á toda vela.
  4. (n.e.) Gazapo, conejo nuevo. Generalmente existe una palabra especial para designar los pequeñuelos ó individuos jóvenes de las especies animales. Ej.: lebrato, cachorro, osezno, lobato y lobezno, etc.
  5. (n.e.) La terminación -ero, aplicada á cosas indica su destino ó empleo, como cenicero, azucarero, cucharero, florero, etc. También es común en este caso la terminación -era, como cokera, vinajera, salsera, vidriera, etc.