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Libros de caballerías

PALMERÍN DE INGLATERRA
Francisco de Moraes (1500-1572)

CAPÍTULO QUINTO
El torneo


Tanto tiempo el infante Palmerín se crió en casa del emperador de Grecia su agüelo, que ya era en edad para ser caballero, y tan amado y estimado de todos por sus buenas costumbres, como después fué temido de sus enemigos por su persona; y como él desease muchas veces verse en aquel aucto para que se criara, temía de pedillo al emperador, por no se ver apartado del servicio de la hermosa Polinarda su señora, con quien viviera desde el primer día que Polendos le trajera. Y porque ella sentía en él este deseo, pagábaselo con otro igual al suyo, el cual sabía muy bien encubrir, porque la hermosura de Palmerín traía consigo el merecimiento desta afición. Pues el emperador, que en muy continua tristeza vivía por la pérdida de sus hijos y apartamiento de sus caballeros, que ya tenía por muertos, viniéndole a la memoria las palabras de la carta de la sabia del Lago de las Tres Hadas, que la doncella le trajo el día que Palmerín llegó, quísole hacer caballero, creyendo que con él cobraría el descanso perdido en que al presente no vivía, si ellas fuesen verdaderas. Y por deshacer la tristeza de los suyos, que de tanto tiempo estaba ya arraigada, porque esta pérdida era tan general que a todos cabía parte, ordenó de juntamente con él de darla a todos los donceles que en su corte andaban, que eran muchos, y algunos dellos eran príncipes e infantes, y concertóse que el día desta cerimonia tornasen contra los otros caballeros que en la corte al presente se hallasen, porque esto hacía el emperador para esperiencia de las cosas que de Palmerín esperaban. Y mandóles aparejar para el día de Pascua de flores, y luego ordenaron cadahalsos sumptuosos en el campo adonde habían de ser los torneos. Los noveles velaron sus armas en la capilla, víspera de Pascua, y venido el día, el emperador y la emperatriz y Gridonia oyeron misa, la cual se dijo con gran solemnidad, y acabada, hizo por su mano caballero al infante Palmerín de Inglaterra primero que a otro ninguno. El rey Frisol de Hungría, que allí se halló, le calzó la espuela, y la hermosa infanta Polinarda le ciñó la espada, porque el emperador lo quiso así para más obligalle a sus hechos; y él lo tuvo en tanto, que acordarse desto en muchos peligros le dió nuevo esfuerzo. Tras él armó caballeros a todos los otros príncipes e infantes que en su corte se habían criado.

Esto acabado, él y la emperatriz, con Gridonia y el rey Frisol, comieron en la sala imperial con tanto aparato de fiesta como en el tiempo pasado, servidos con todo el estado real, habiendo tantos estrumentos y música como si en aquella corte no faltara nada del placer que poseían en el tiempo en que ellos más se acostumbraban. Acabado de comer, el emperador se fué al cadahalso donde había de ver los torneos, acompañado de algunos señores a quien las edades antiguas detenían en Costantinopla; porque a los otros, a quien aún les ayudaba, despendían el tiempo en la demanda destos asignados príncipes de quien entonces ninguna nueva se sabía. La emperatriz y Gridonia, con sus dueñas y doncellas, se pusieron en otro que para ellas estaba señalado, y a esta hora, de la parte de los caballeros estranjeros estaba tanta gente en el campo, que a la fama destas fiestas habían venido, que el emperador temió que los noveles no lo pudiesen sofrir, que a este tiempo salían de la ciudad armados de armas blancas, tan airosos y bien puestos que comenzaron de dar testimonio de lo mucho que después hicieron, trayendo por capitán al esforzado Palmerín. Puestos en orden, al son de muchas trompetas arremetieron unos a otros con tamaño ímpetu, como la codicia de la honra quería a quien la desea alcanzar; Palmerín, que era el delantero, antes que ronpiese[1], puestos los ojos en la fermosa Polinarda, dijo consigo mismo:

—Señora, para mayor afrenta quiero vuestra ayuda; por eso no os la pido en ésta, que sé que ante vos no me puede acontecer cosa que la vitoria sea de otro, pues que vos ya la tenéis de mí.

Caballeros enfrentados en un torneo (imagen no mostrada en la edición original).

No eran estas palabras bien acabadas, cuando él y Lebusante de Grecia se encontraron con tanta fuerza que Lebusante fué al suelo por las ancas del caballo, quedando Palmerín tan entero como si no le tocara, de que el emperador fué tan contento como espantado, porque este Lebusante era entonces el mejor caballero de toda Grecia. Los demás caballeros noveles también se portaron con mucha gallardía.

El estruendo destos primeros encuentros fué tan grande que parecía que un monte se acabase de caer, quedando por el campo muchos caballos sin señores, quedando ellos en el suelo y algunos maltratados. Después de quebradas las lanzas echaron mano a las espadas, dándose tan grandes golpes que parecía que un gran ejército fuese allí junto. Lebusante de Grecia, descontento del desastre del primer encuentro, ayudado de los suyos tornó a cabalgar, y entrando por lo más áspero del torneo fería a una parte y a otra de tan duros golpes que por fuerza le hacían lugar, mirando por quién le derribara para enmendar la vergüenza en que le pusiera; yendo con este deseo, puso en el mayor aprieto a los noveles, aunque éstos se defendían tan bien que el emperador tuvo en tanto el alto comienzo destos noveles que todas las cosas pasadas le parecían pequeñas; mas de la parte de los estranjeros recreció tanta gente, que los noveles no se podían amparar, y por fuerza los arrancaron del campo, y en aquel tiempo no se halló el esforzado Palmerín de Ingalaterra, que aquel día había hecho tanto que ya no hallaba en quien emplear sus fuerzas; y siendo animado del aprieto en que los otros estaban, acudió aquella parte con el infante Platir, hijo de Primaleón y Gridonia, y con otros caballeros, y rompieron por medio de los contrarios con tanta fuerza, que los golpes que dellos recibieron no fué parte para enpedir[2] su llegada. Platir, que vió al príncipe Florendos su hermano trabado con Trofolante, llegó a él, dándole muchos y grandes golpes, tanto que le hizo desatinar, y a este tiempo Lebusante de Grecia salió tan maltratado de las manos del príncipe Beroldo de España, que sin nengún acuerdo se tornaron a retraer, por no poder resestir a los golpes de Palmerín y de aquellos esforzados noveles sus compañeros; con tanto placer del emperador y de la hermosa Polinarda, que, no lo pudiendo encubrir, estaba loando a sus damas su hermoso doncel. Ya que los contrarios iban de vencida fuera del campo donde la batalla se hacía, entraron de su parte por un costado del torneo dos caballeros armados de armas verdes, al parecer airosos y bien puestos, con sus lanzas bajas, y antes que las quebrasen derribaron a algunos de la otra parte, y sacando sus espadas, en poco tiempo hicieron tanto, que por fuerza los suyos tornaron a cobrar todo lo que del campo habían perdido. Mas Palmerín vió aquellos caballeros y el estrago que hacían en los suyos, temiendo que la vitoria de aquel día fuese al revés, porque los noveles estaban casi destrozados del trabajo que habían pasado, y los otros cobraron esfuerzo con la nueva ayuda; por donde, como se le acordase que todo pendía dél, salió al encuentro de un caballero de los otros, el más esforzado, que por ser mejor conocido traía el escudo en campo blanco un salvaje con dos leones por una traílla, el cual, pasando por fuerzas de armas todo el ímpetu de los noveles, y conociéndole por las grandes cosas que aquel día le viera hacer, se vino a él, el cual lo recibió con el mismo deseo, y comenzaron una brava batalla, tal que bien pareció que allí se juntaba toda la valentía del mundo; en la cual anduvieron tanto, hasta que las armas quedaron tan deshechas y los caballos tan cansados que no se podían menear, y apeándose de los caballos se pusieron a pie, que fué causa de doblarse más la furia de su batalla, trabándose a brazos algunas veces, confiándose cada uno en sus fuerzas; y con todo lo que probaban nunca pudieron conocerse ventaja. Entre tanto Platir y Florendos lograban echar de nuevo a los caballeros forasteros fuera del campo. El emperador, que la batalla de Palmerín y del caballero del Salvaje veía, estaba tan ocupado en el espanto que le ponía que no miraba por otra cosa, tiniéndola por la mayor que nunca viera, y temiendo, según lo que vía, que entramos pudiesen allí morir, quiso escusar cosa tan mal empleada en tales dos caballeros, mandóles decir de su parte que pues el torneo era acabado, dejasen la batalla en que estaban; mas como cada uno deseasen saber lo que había de sí al otro no se pudo acabar con ellos, ni la infanta Polinarda se halló tan libre que dejase de sentir y recelar la afrenta en que su Palmerín estaba. En esta porfía duraron tanto, que la noche sobrevino, tan escura que les fué necesario apartarse, sin nenguno quedar con más que con muchas heridas y el deseo de la vitoria. El emperador mandó tocar las trompetas y recoger cada uno a su capitanía; los dos caballeros de las armas verdes se tornaron hacia la parte de donde vinieron. El emperador quiso que hubiese sarao, para pagar a los noveles el trabajo de aquel día danzando cada uno con su señora, y algunos hubo entrellos que por gozar de aquel contentamiento estuvieron engañando el dolor de sus heridas con aquella paga de su gusto. Palmerín, que no sabía con quién danzar por no atreverse a su señora, danzó con una camarera de la infanta Polinarda y mucho su privada; el príncipe Florendos con la infanta su hermana, que aquel día salió tan hermosa que podía tener su madre envidia y su agüela en el tiempo que florecieron; Platir con Floriana, nieta del rey Frisol; y así los otros cada uno con quien más tenía en su voluntad. Acabado el sarao, el emperador se recojó al aposento de la emperatriz, acompañado de Palmerín y sus nietos, todos envueltos en el placer de su vitoria, y él algún tanto triste por no saber quién fuese el caballero del Salvaje, a quien entonces hiciera muy grandes mercedes si lo pudiera haber para su servicio, porque sólo para sustentar la honra se han de desear los bienes de fortuna.

Nota: va impreso en letra cursiva todo lo que el editor ha tenido que añadir, por razones de claridad, a los pasajes de los libros de caballerías, y en los usuales caracteres de imprenta los textos antiguos.

EDICIÓN   Instituto-Escuela. Madrid, 1924.
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

Palmerín de Inglaterra

1. La floresta encantada  •  2. Los mellizos de Flérida  •  3. Desierto y Palmerín  •  4. Primaleón  •  5. El torneo  •  6. El Caballero de la Fortuna  •  7. Los enemigos hermanos  •  8. La libertad de los Caballeros  •  9. Las fiestas de Londres

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones, expresiones y sentencias[editar]

Artículo principal: locución


notas

  1. Red x.svgronpiese, Yes check.svgrompiese: se escribe siempre m y no n ante b y pm (letra).
  2. Red x.svgenpedir, Yes check.svgimpedir: conjugación como pedir.