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RECUERDOS DE MI VIDA
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
TOMO II    Historia de mi labor científica

CAPÍTULO XII
La Sociedad Real de Londres me encarga la «Croonian Lecture». — Mi conferencia ante dicha Sociedad. — Banquetes oficiales y otros agasajos. — Visita á los Institutos científicos de Londres y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. — Se me nombra Doctor en Ciencias, honoris causa. — Impresión personal acerca de la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes.


Allá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una comunicación del Dr. Foster, Secretario de la Sociedad Real[1] de Londres, invitándome, por acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el discurso llamado Croonian Lecture[2]. Tratábase de una conferencia sobre asuntos biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador nacional ó extranjero, autor de algún descubrimiento señalado. Prácticas en todo, las Corporaciones científicas inglesas, no se satisfacen con estimular de lejos la investigación personal, adjudicando al conquistador de una nueva verdad el diploma honorífico de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir[3] de sus labios la exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar de visu[4] los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho nuevo fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente utilitaria, las Academias inglesas han creado muchos premios, todos debidos á iniciativa particular.

El acuerdo de la referida Sociedad Real cogióme de sorpresa. Estaba en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera invitación, dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba. En disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la Real Sociedad de Londres constituye la Institución científica más importante de la Gran Bretaña[5] y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los sabios y pensadores más ilustres de Inglaterra[5]. Para un profesor francés ó alemán merecer el título de Fellow[6] de tan prestigiosa Institución, poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales F. R. S., representa suprema aspiración, de muy pocos satisfecha. Además, la Croonian Lecture había sido siempre encomendada á investigadores de primera fuerza, entre los cuales recuerdo ahora al ilustre Kölliker[7]. En fin, para colmo de contrariedad, una de mis hijas cayó, por aquellos días, enferma de bastante cuidado, y mi instinto de padre se inquietaba, resistiéndose á abandonar á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios que, para tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás.

Las piadosas seguridades del compañero, la entereza de mi mujer que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta sumamente agradable de M. Foster y otra no menos halagadora del profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último reclamaba amablemente, á título de neurólogo, el derecho de hospedarme en su casa, á lo que me instó vivamente también el Secretario de la Sociedad Real.

Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á redactar en francés la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores preparaciones del cerebelo, médula espinal, retina, cerebro, bulbo olfatorio, etc., y previa licencia de mis superiores jerárquicos, emprendí el viaje á Inglaterra. Al pasar por París, saludé cordialmente á mi ilustre amigo Mr. Matías Duval y tuve el gusto de conocer personalmente á mi traductor, el Dr. Léon Azoulay, quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso francés de mis cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de la Sociedad Real.

Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha Academia, la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No fué menos benévola y cordial la acogida dispensada al modesto investigador español por Mr. Foster y otros ilustres miembros de la consabida Sociedad, entre los cuales recuerdo á Mr. Schäfer, á M. Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y, en fin, al eximio Presidente Sir W. Thomson (Lord Kelvin), descubridor, según es notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los hombres más campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes de Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional; la placidez y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la elevación y profundidad de su obra científica, teníanme embobado.

En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington, á la sazón profesor de Fisiología en una de las Facultades de Medicina de Londres (creo que en el Bartholomew’s Hospital), tuvo empeño, no solamente en agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa, sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de mi Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más demostrativos de mi colección, soberbias microfotografías, destinadas á la proyección, amén de proporcionarme todo lo necesario para dibujar en colores varios esquemas de gran tamaño.

Con tales elementos demostrativos, la lección resultó, á despecho de mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi memoria, fué pronunciada el 8 de Marzo[8], en el palacio llamado Burlington House, casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones de las células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo, retina, bulbo olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio, donde predominaban fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo tiempo el gusto inglés, que exige á cada cosa un valor práctico ó doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de los hechos expuestos algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas más ó menos verosímiles[9]. De ellas trataré en otro lugar.

Mencionemos un detalle que tiene su valor. Para no perder la hilación del discurso, cada oyente tenía en las manos, según costumbre inglesa, un resumen impreso de lo más importante de aquél. Ni debo olvidar otra particularidad reveladora de la exquisita cortesía anglo-sajona: sobre el estrado presidencial, ocupado por Lord Kelvin y varias autoridades académicas, flameaban entrelazadas las banderas inglesa y española.

Terminado el acto, fuí calurosamente felicitado. Entre los que estrecharon efusivamente mi mano, reconocí con satisfacción al ministro de España, D. Cipriano del Mazo, acompañado del Secretario, del simpático hijo de D. Facundo Riaño, agregado entonces de Embajada, y de algunos más representantes distinguidos de la colonia española. Fué un día de grata y noble emoción, de los que viven en la memoria asociados al dulce sentimiento de la patria.

Sucediéronse luego en serie ininterrumpida numerosos agasajos, donde se puso de realce la afectuosa esplendidez de la hospitalidad anglo-sajona. Imposible fuera recordar todas las invitaciones recibidas y los banquetes celebrados.

Mención particular merece, sin embargo, el banquete de la Sociedad Real, al cual asistieron muchos invitados llegados de Cambridge y Oxford. Á la hora del champagne[10], brindóse calurosamente en honor de las ciencias inglesa y española, y se hicieron votos por la confraternidad cordial é intelectual de ambas naciones. Recuerdo todavía parte del elocuente discurso de Mr. Foster, orador agudo y ocurrente, que sazonaba sus frases con esa fina sal del humour anglo-sajón, casi desconocida entre nosotros. Dijo, entre otras cosas halagadoras para España y para mí, «que gracias á mis trabajos, el bosque impenetrable del sistema nervioso se había convertido en parque regular y deleitoso, y que mis investigaciones habían establecido colaterales de conexión y placas motrices entre las almas de España y de Inglaterra, antes apartadas por siglos de incomprensión y desvío.»

Más íntimo y menos solemne fué el banquete celebrado en casa del Dr. Paget, donde tuve el gusto de conocer á los neurólogos y médicos más famosos de la capital inglesa.

Recuerdo asimismo la deliciosa gira al cottage[11] de mi amigo el Dr. Schäfer, profesor de Fisiología é Histología de una de las Facultades médicas de Londres. En esta quinta, rodeada de praderas y bosquecillos, que animaban el juego de los niños y la voz autoritaria de las nurses[12], tuve la primera visión de la holgura, comodidad y elegancia del home[13] inglés, así como del decoro con que en la opulenta Albión[14] viven los sabios y educan á sus hijos.

Ingrato fuera en este momento omitir la fiesta familiar y el espléndido banquete celebrados en la Embajada española, con asistencia de lo más distinguido de la colonia (figuraba entre los invitados el sabio y venerable Gayangos). Llegada la hora de los brindis, el anfitrión, D. Cipriano del Mazo[15], después de encomiar hasta la paradoja mis escasos merecimientos, entonó un cántico elocuentísimo á la ciencia y filosofía hispanas. Sus vibrantes y sentidas palabras nos conmovieron á todos, y á mí, especialmente, que apenas tuve la serenidad suficiente para agradecer sus elogios[16].

Claro es que, terminados recepciones y banquetes, dediqué algunos días á admirar las curiosidades y bellezas de la estupenda capital inglesa: sus suntuosos y artísticos monumentos, el puerto y los muelles del Támesis, el Museo británico, la Ciudad de Cristal, los parques incomparables, etc. No sin viva emoción contemplé en Westminster la estatua de Newton y el sepulcro de Darwin.

Excusado es decir que, aprovechando los buenos oficios de mi huésped, que se desvivía por complacerme, giré también visitas instructivas á las principales Instituciones docentes de la ciudad, entre otras, al King’s College Hospital, al Bartholomew’s Hospital, al London Hospital, Centros todos de enseñanza médica, al Royal College of Surgeons, en fin, á la Royal Medical and Chirurgical Society. Sin embargo, lo que más atrajo mi atención fueron los laboratorios. En ellos tuve la fortuna de presenciar experimentos fisiológicos de Ferrier, de Horsley y de Mott, y de examinar las preparaciones histológicas de Schäfer y de Sherrington. Á este propósito no holgará dar algunos detalles:

En los laboratorios ingleses estaba entonces muy en boga aplicar el método de las degeneraciones secundarias, asociado á la llamada coloración de Marchi (teñido de las piezas nerviosas en ácido ósmico, etc.). Este proceder, que empleaban con la mira de precisar el origen y curso de las principales vías que asocian el cerebro y cerebelo con el bulbo y médula espinal, exige, según es sabido, como condición previa, la ejecución de arriesgadas y difíciles vivisecciones en monos ó perros. Una de las practicadas por el profesor Ferrier en el macaco, impresionóme profundamente, así por la maestría de la manipulación como por la brillantez del resultado: tratábase de la extirpación total de ambos lóbulos occipitales del cerebro. Gracias á la habilidad incomparable del operador y á las exquisitas asepsia y hemostasia logradas, el animal sobrevivió á tan radical mutilación y fué posible explorar, en su día, las degeneraciones secundarias sobrevenidas. Verdad es que los fisiólogos ingleses y particularmente Ferrier, el sabio eminente que comparte con Hirtzig y Munk el descubrimiento de las localizaciones cerebrales, son prodigiosos experimentadores.

Cuando un profesor extranjero de cierta notoriedad viaja por Inglaterra y se pone al habla con sus sabios, es de rigor convidarle á visitar las prestigiosas é históricas Universidades de Cambridge y Oxford, donde, según es notorio, se adoctrinan la juventud dorada y la aristocracia intelectual de la raza anglo-sajona. Y si el forastero distinguido ha sido designado además para la Croonian Lecture ó ha sido agraciado con alguna otra merced académica, entonces suele proponérsele el honor de conferirle en Oxford ó en Cambridge, según los estudios del candidato, el grado de Doctor en Ciencias, honoris causa, ceremonia académica que se celebra con gran solemnidad.

Tal me ocurrió á mí. Ya desde los primeros días de mi estancia en Londres recibí atentas misivas del Vice chancellor de la Universidad de Cambridge y del infatigable Secretario M. Foster (que pertenecía al Claustro de dicho Centro), requiriéndome amablemente para que aceptase honor tan señalado.

Á este propósito, varios profesores, entre ellos el citado Secretario de la Sociedad Real, me condujeron á la histórica ciudad del Cam, alojándome en un espléndido pabellón del King’s College. Y después de descansar un día visitando y admirando la estupenda capilla gótica del colegio, sus excelentes laboratorios, amplias aulas, riquísimas colecciones, extensos campos de juego dilatados por ambas márgenes del río, etc., etc., llegó la hora de la solemne fiesta académica.

Celebróse, si mal no recuerdo, el 5 de Marzo, días antes de mi Conferencia de la Sociedad Real, en el magnífico salón de actos del Senate House. Conocida la devoción inglesa por la tradición, ocioso parece advertir que la ceremonia se desarrolló con arreglo á los más rancios cánones. Á ella asistieron el V. Canciller, las autoridades locales y académicas, el claustro de Doctores y muchos internos de los colegios aristocráticos adscritos á la Universidad. Maestros y alumnos vistieron los tradicionales trajes de doctor, consistentes en una especie de toga ú hopalanda roja y un birrete especial, en cuya cúspide sobresale apéndice piramidal de base cuadrada.

Rindiendo á su vez homenaje á la costumbre, el candidato, un poco azorado, vistió también la original indumentaria. Hubo música de Beethoven y discurso latino del orator[17], á estilo medioeval[18]. Acabado el discurso de ritual, el Vicecanciller, dirigiéndose al candidato, declaró que, atendiendo á sus merecimientos, la Universidad le otorgaba el Grado de doctor en Ciencias. Durante el acto hube de estampar mi firma —con pluma de ave, para no romper ni aun en cosa nimia los usos tradicionales— en el gran libro de honor donde figuraban los nombres de todos los graduados ad honorem. Y, en fin, acabada la solemnidad académica, celebróse un gran banquete en el King’s College, seguido un día después de una comida íntima y familiar en el precioso hotel que extramuros de la villa poseía el Dr. Foster.

De mi visita á Oxford, la admirable ciudad gótica, inestimable joya medioeval[18], donde cada casa es un relicario histórico y cada colegio compite en riqueza y grandiosidad con una mansión real, sólo diré que, ante tantas maravillas, estaba como embelesado. ¡Qué Bibliotecas, qué Museos, qué Capillas góticas, qué amplitud, riqueza y comodidad en las habitaciones destinadas á los colegiales! En parangón del King’s College, filigrana del renacimiento, del Baliol College, del Corpus Christi College y del Magdalen College, exquisitos modelos del estilo gótico, ó del grandioso John’s College, medio oculto entre cortinas de yedra, etcétera, el mejor de nuestros edificios docentes oficiales semeja destartalado y sórdido caserón. Huelga expresar que fuí muy atendido por los profesores, y singularmente por el sabio Bourdon-Sanderson. Acerca de este maestro, me es grato expresar que tan encantado quedé de la actividad y sabia organización de su laboratorio de Fisiología, como de sus talentos y demás prendas personales.

Para evitar enfadosas prolijidades, omito la narración de otras muchas cosas que, tanto en Oxford como en Cambridge, excitaron mi admiración ó despertaron mi interés. Mencionaré no más dos fiestas de carácter docente, de que guardo grato recuerdo.

Como obsequio á los profesores de Fisiología forasteros congregados en Cambridge, con ocasión de la citada solemnidad, el sabio Langley, que ha ilustrado su nombre con importantes descubrimientos relativos á la actividad del Gran simpático, invitónos á presenciar uno de sus favoritos experimentos. Tratábase de un gato envenenado con nicotina, en el cual, con insuperable habilidad, había dicho profesor puesto al descubierto casi todos los ganglios de la cadena simpática de un lado. Estos ganglios, no obstante su pequeñez, mostrábanse clarísimos, limpios de sangre y libres de las vísceras torácicas y abdominales, que habían sido pulcramente, y sin daño de su integridad, apartadas lateralmente y sujetas con pinzas y cordones asépticos. El cómo, después de tan formidable traumatismo, latía todavía el corazón y se conservaban casi íntegras todas las funciones vitales del animal, constituye para mí misterio impenetrable. Aplicó á seguida la excitación farádica á los ganglios (lo que equivale prácticamente á estimular aisladamente las fibras simpáticas, porque la cocaína paraliza el cuerpo de las células nerviosas), y la contracción de los músculos lisos de los pelos (arrectores pili), desarrollada en fajas cutáneas ó anillos regulares y sucesivos, demostró elegantemente, no sólo que cada ganglio inerva un área especial periférica, sino que esta zona cutánea tiene significación metamérica, á semejanza de las áreas de distribución de los ganglios sensitivos.

Á la otra fiesta, igualmente instructiva, aunque de índole mundana y social, asistí por feliz casualidad. Acertó por aquellos días á celebrarse en Cambridge lo que allí se llama una conversación científica, especie de tertulia interuniversitaria, destinada á la exposición popular de los descubrimientos efectuados por los profesores ingleses y á promover entre ellos ese espíritu de solidaridad intelectual que tanto se echa de menos entre los investigadores de las naciones latinas. Á este propósito, congregáronse en un gran salón del King’s College profesores llegados de todos los centros científicos del Reino Unido, acompañados de sus familias y de numerosos invitados. Antes de la sesión, cada investigador dispuso en una mesa el instrumental necesario para sus demostraciones. Los histólogos y embriólogos aportaron sus preparaciones microscópicas; los físicos, sus recientes invenciones científicas; los químicos, muestras de las substancias descubiertas y esquemas del mecanismo de su producción; los bacteriólogos, cultivos de las nuevas especies microbianas y preparaciones de los gérmenes patógenos; los astrónomos, dibujos y fotografías —singularmente espectrales— de los astros, etc. De esta suerte, los sabios, además de conocerse personalmente, participan de las inquietudes espirituales de sus colegas y ayúdanse recíprocamente en la resolución de los problemas de actualidad. En cuanto al público lego, así como á los alumnos, reciben el inestimable beneficio de una ciencia fresca, viva, variada y doblemente sugestiva, por llevar consigo el incentivo de la novedad y ser declarada por la palabra autorizada, cálida y entusiasta de su creador. Añadamos todavía que, terminadas las demostraciones científicas, hízose un poco de música, acabando la sesión á beneficio de la gente moza, que se entregó á las delicias del baile.

Aunque el tema es harto conocido y sobre él se han escrito muchos libros, quisiera decir algo acerca de las Instituciones universitarias inglesas y de sus frutos docentes. Á la verdad, un mes de estudios apresurados y superficiales, durante cuyo tiempo vime obligado, por imperio de las circunstancias, á poner más atención en la exposición de trabajos propios que en la apreciación de la obra ajena, no me permiten formular un juicio firme y documentado. Me limitaré á mera impresión personal, basada parte en lo que ví y parte en las manifestaciones de profesores conocedores del problema de la enseñanza superior.

Mi opinión podría sintetizarse en esta frase: en Inglaterra las Instituciones docentes hállanse admirablemente organizadas para fabricar hombres, pero no para forjar sabios. Y, sin embargo el sabio abunda y alcanza, á menudo, las más altas cimas de la originalidad genial. Pero en dicha nación, los científicos y pensadores más eminentes deben poco á la Universidad: son temperamentos privilegiados que se abren camino, á pesar de la deficiente é incompleta organización de los Centros docentes. Porque el investigador no representa aquí, como en Alemania, el producto directo de la Escuela, sino el fruto indirecto del cultivo de la personalidad y del robustecimiento de todas las energías del espíritu. Con algunas restricciones, cabría afirmar que en el país teutón la organización docente suple al hombre, mientras que en Inglaterra el hombre suple á la organización. Falta saber si, tratándose de una raza tan admirablemente dotada como la inglesa, no rendiría aún mejores frutos el método alemán de instruir mucho educando poco, que el método anglo-sajón de educar mucho y de instruir sobriamente. Acaso está el ideal, como muchos piensan, en un perfecto equilibrio entre ambos tipos culturales.

Que las Universidades y Colegios mayores ingleses, con su carácter de Instituciones privadas, su plena libertad de programas, su potestad de escoger maestros hasta entre los desprovistos de título profesional, y su estrecha sujeción á las demandas esencialmente utilitarias de la clientela, etc., dejan algo que desear en punto á la función de formar investigadores, confiésanlo paladinamente los mismos maestros ingleses, muchos de los cuales debieron refinar su adaptación técnica y su instrucción teórica en las más renombradas Escuelas oficiales alemanas. Algunos de ellos hiciéronme notar chocantes deficiencias. En efecto, al ojear los programas de estudios de algunas Facultades médicas, noté con sorpresa que en la mayoría de ellas toda la labor docente se inspira en el practicismo y el profesionalismo, hasta el punto de que importantes disciplinas teóricas incluídas en el plan de estudios de las Universidades francesas, alemanas, italianas y hasta españolas, faltan por completo ó se les consagra insignificante atención. Á esta causa hay que atribuir la escasez relativa de histólogos, anatomo-patólogos, embriólogos y bacteriólogos de Inglaterra por comparación con Alemania ó Francia. Semejante estado de cosas tiende, sin embargo, á desaparecer. Nos consta que, durante los últimos años, se han colmado muchas lagunas en los cuadros de enseñanza, muy particularmente en la organización de las Universidades de tipo moderno, creadas en Londres, Liverpool, Manchester, etcétera, costeadas casi enteramente por el Estado é inspeccionadas directamente por él. En estas novísimas escuelas, sin descuidar la adaptación al mejor rendimiento profesional, se ha concedido ya á la ciencia pura ó teórica —que en el fondo es la más exquisitamente práctica de todas, ya que encierra los gérmenes de toda futura aplicación á los fines de la vida— el debido desarrollo, á imitación de los programas de los Centros docentes similares de Alemania.

Terminada la misión que me condujo á las islas británicas y satisfecha mi curiosidad científica y artística, dispuse el viaje de regreso, no sin reiterar antes á mis generosos huéspedes el Dr. Sherrington, al Dr. Foster y á otros profesores que me colmaron de atenciones, la ofrenda de mi cordial gratitud.

¡Qué desencanto al llegar á nuestro Madrid, donde, por incomprensible contraste, se ofrecen la máxima cultura española con los peores edificios docentes! Habituada la retina á la imagen de tantos esplendores y grandezas, infundíame tristeza pensar en nuestra ruin y antiartística Universidad, en el vetusto y antihigiénico Colegio de San Carlos, en las lobregueces peligrosas del Hospital Clínico, en el liliputiense Jardín Botánico del Paseo de Trajineros y en el Museo de Historia Natural, siempre errante y fugitivo ante el desahucio de la Administración.

Causóme también desilusión el ver á nuestros estudiantes aislados, sin espíritu corporativo, desperdigados en ruines, insalubles y sórdidas casas de huéspedes, y entregados á una libertad muy parecida al abandono; y á los profesores mismos, encastillados en sus Cátedras como lechuzas en campanario, desconociéndose entre sí y ajenos por completo á los nobles anhelos de una colaboración orgánica, como si no formaran parte de un mismo cuerpo ni conspiraran al mismo fin...

Mi familia en 1894, dos años después de mi traslado a Madrid.

Al pisar el umbral de mi casa, latíame tumultuosamente el corazón. Por incidentes imprevistos, no pude avisar mi llegada. ¿Cómo encontraría á mi hija? El optimismo de las cartas maternas, ¿no sería quizás piadoso ardid encaminado á prestarme ánimo durante mi arriesgada misión?... Por fortuna, los vaticinios de Hernando se habían confirmado. Aunque muy débil y quebrantada, la enferma entraba ya en franca convalecencia.

Cuando al siguiente día, rodeado de la alegría y bullicio de los niños, desembalé los regalos comprados en Londres, advertí con sorpresa que se me habían adelantado en el obsequio: La señora de D. Facundo Riaño, la hija del sabio Dr. P. Gayangos, con una delicadeza de sentimientos que nunca olvidaré, había, durante la ausencia del padre, consolado á los pequeños obsequiándoles con preciosos juguetes. También prodigó á mi esposa —fatigada y doliente por un mes de insomnios— atenciones y solicitudes inestimables. ¡Bien haya aquella santa mujer, hija y esposa de sabios, cuyas virtudes le granjearon la estima y veneración de cuantos tuvieron la dicha de tratarla!...


EDICIÓN   Imprenta y Librería de Nicolás Moya, Madrid 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

TOMO II
Historia de mi labor científica

Dos palabras al lector  •  1. Me preparo para oposiciones a cátedras  •  2. Caigo enfermo con una afección pulmonar grave  •  3. Mi traslación a Valencia  •  4. Decido publicar mis trabajos en el extranjero  •  5. Mi traslación a la Cátedra de Histología de Barcelona  •  6. Algunos detalles tocantes a mis trabajos de 1888  •  7. Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos  •  8. Mi actividad continúa en aumento  •  9. Trabajos de 1891  •  10. Mi traslación a la Corte  •  11. Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio  •  12. La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian Lecture  •  13. Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896  •  14. Las teorías y los hechos  •  15. Mi producción en 1898 y 1899  •  16. Mi labor durante los años 1899 y 1900  •  17. Invitado por la Universidad Clark  •  16 bis. Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo  •  17 bis. Congreso médico internacional de 1903 celebrado en Madrid  •  18. Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación argéntica  •  19. Trabajos del trienio 1905 a 1907  •  20. Honores y recompensas extraordinarios  •  21. Trabajos efectuados entre 1907 y 1917  •  22. Continúa la exposición de los trabajos del último decenio  •  23. Epílogo. Mi actividad docente y la multiplicación espiritual

Índice de la obra (dos volúmenes)

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones y expresiones[editar]

Artículo principal: locución
  • de visu (latinismo): visto con los propios ojos por uno mismo.

... oír de sus labios la exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar de visu los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho nuevo fué descubierto...


notas

  1. Sociedad Real:   la británica The Royal Society, coloquialmente conocida como el Colegio Invisible, que se constituye oficialmente el 28 de noviembre de 1660. Tras una conferencia del arquitecto Sir Christopher Wren, se acuerda la fundación de una sociedad para la promoción del "saber experimental físico-matemático". Sus miembros, que son elegidos con carácter vitalicio y bajo criterios de excelencia científica, incluyen desde entonces nombres como Isaac Newton, Charles Darwin, Santiago Ramón y Cajal, Benjamin Franklin, Albert Einstein o Stephen Hawking. En el 2011 es galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (→Fundación Príncipe de Asturias).
  2. Croonian Lecture:
    The Royal Society: Santiago Ramon y Cajal, The Croonian lecture: «La fine structure des centres nerveux», 1 January 1894.
    The Royal Society, Award winners (abrir en pestaña aparte)
  3. Red x.svgoir, Yes check.svgoír:   hiato de vocal cerrada tónica.
  4. de visu (latinismo):   locución.
  5. 5,0 5,1 Gran Bretaña/Reino Unido/Inglaterra.
  6. fellow (inglés):   miembro.
  7. (nota del autor):   Por carta del profesor de Würzburgo, se me informaba amablemente del carácter de la ceremonia, y se me aconsejaba imprimir á mi oración un giro esencialmente fisiológico. El ilustre Kölliker había pronunciado la Croonian Lecture en Mayo de 1862; en ella disertó acerca de las «Terminaciones nerviosas en los músculos».
  8. El 8 de marzo de 1904.
  9. (nota del autor):   Esta conferencia fué publicada con el título de «La fine structure des centres nerveux», en Proceedings of the Royal Society, vol. 55, 1894. Contiene muchos grabados, copias de los esquemas utilizados para la lección dada ante la Sociedad Real. La Prensa inglesa dió también cuenta de ella, publicando extractos bastante precisos. El lector curioso podrá consultar, entre otras Revistas, The Ilustrated London News de 7 de Abril de 1894.
  10. champagne (francés):   Yes check.svgchampán.
  11. cottage (inglés):   casa de campo.
  12. nurses (inglés):   niñeras.
  13. home (inglés):   hogar.
  14. Albión:   poéticamete, el Reino Unido. Dicho con hostilidad y sentido peyorativo: la pérfida Albión.
  15. Cipriano del Mazo Gherardi (Gheroudi):   senador por la provincia de Lugo (1876-1881) y senador vitalicio (1876-1904) (→Senado de España).
  16. (nota del autor):   Entre otras frases, hiperbólicamente corteses, recuerdo ruboroso la siguiente: «En mis repetidos viajes por el mundo, tres veces he sido vivamente impresionado: una, en presencia de las cataratas del Niágara; otra, en Roma, contemplando el Coliseo, y otra, oyendo la conferencia de Cajal ante la Sociedad Real.»
  17. (nota del autor):   He aquí la curiosa oración del orator oficial, que se repartió impresa durante la ceremonia. Contiene algunos datos biográficos que hube de facilitar yo mismo para este efecto.
    Hodie laudis genus novum libenter auspicati, Hispanae gentis civem nunc primum salutamus. Salutamus virum de physiologiae scientia optime meritum, qui inter flumen Hiberum montesque Pyrenaeos duo et quadraginta abhinc annos natus et fluminis eiusdem in ripa Caesaraugustae educatus, primum ibidem, deinde Valentiae, deinceps Barcelonae munere Academico functus, tot honorum spatio feliciter decurso, nunc denique in urbe, quod gentis totius caput est, histologiae scientiam praeclare profitetur. Fere decem abhinc annos professoris munus Valentiae auspicatus, fore auguratus est, ut intra annos decem studiorum suorum in honorem etiam inter exteras gentes nomem suum notesceret. Non fefellit augurium; etenim nuper etiam nostras ad oras a Societate Regia Londinensi honoris causa vocatus, muneri oratorio, virorum insignium nominibus iampridem ornato, in hunc annum destinatus est. Omitto opera eius maiora de histologia et de anatomia conscripta; praetereo etiam opuscula eiusdem quadraginta intra lustra duo in lucem missa; haec enim omnia ad ipsa scientiae penetralia pertinent. Quid vero dicam de artificio pulcherrimo quo primum auri, deinde argenti ope, in corpore humano fila quaedam tenuissima sensibus motibusque ministrantia per ambages suas inextricabiles aliquatenus explorari poterant? In artificio illo argenti usum, inter Italos olim inventum, inter Hispanos ab hoc viro in melius mutatum et ad exitum feliciorem perductum esse constat. Si poeta quidam Romanus regione in eadem penitus, si Valerius Martialis, inquam, qui expertus didicit fere nihil in vita sine argento posse perfici, hodie ipse adesset, procul dubio popularem suum verbis suis paululum mutatis non sine superbia appellaret:—
    «Vir Celtiberis non tacende gentibus
    Nostraeque laus Hispaniae,...
    Te nostri Hiberi ripa gloriabitur,
    Nec me tacebit Bilbilis».
        Martial, i 49, 1-2; 61, 11-12
    Duco ad vos virum et in Hispania et inter exteras gentes laudem meritu adeptum, histologiae professorem insignem, Santiago Ramón y Cajal.
  18. 18,0 18,1 medioeval:   Yes check.svgmedieval.