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RECUERDOS DE MI VIDA
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
TOMO II    Historia de mi labor científica

CAPÍTULO XV
Mi producción en 1898 y 1899. — Abatido por el desastre colonial, amengua mi fuerza productiva. — Literatura de la regeneración: su infecundidad en la corrección de los vicios nacionales. — Teoría de los entrecruzamientos nerviosos y estructura del «kiasma óptico» en la serie animal. — Otros trabajos menos importantes.


Dice Cajal sobre el Desastre del 98:
  ... más que nada nos arrastró á la catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros políticos de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas fuerzas.

«¡AVANTE ESPAÑA!» Cubierta de la revista Nuevo Mundo del 20 de abril de 1898.
(Esta imagen no pertenece a la edición original))

Mi obra científica durante el año de 1898, fué bastante parca y pobre en hechos nuevos. Compréndese fácilmente: fué el año de la funesta guerra con los Estados Unidos; guerra preparada por la codicia de nuestros industriales exportadores, la rapacidad de nuestros empleados ultramarinos y el orgullo y egoísmo de nuestros políticos[1]. Á ella dieron ocasión, sin duda, defectos hereditarios del carácter nacional, entre otros, un errado sentimiento del honor y cierta puntillosidad caballeresca, excusable en los individuos, absurda y antinacional en los pueblos; pero más que nada nos arrastró á la catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros políticos de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas fuerzas. Porque, aunque parezca absurdo, por entonces, diputados, periodistas, militares, etc., creían de buena fe que nuestros instrumentos bélicos —buques de madera y ejército de enfermos—, podían medirse ventajosamente con los formidables de que disponía el enemigo. Que lo malo de un país no consiste en su debilidad, sino en que ésta sea ignorada de quienes tienen inexcusable obligación de conocerla.

Justo, sin embargo, es reconocer que tan peligroso desconocimiento de la realidad internacional tuvo excepciones. Prescindiendo del pueblo —quien, por haber vertido estérilmente su sangre en dos cruelísimas campañas, anhelaba la paz á todo trance— existían, hasta en el Ministerio, hombres, como Sagasta y Moret, que vieron el abismo á que el egoísmo de los plutócratas y la inconsciencia de las autoridades militares nos conducían. Y, sin embargo...

¡Pena da recordar cómo á políticos tan perspicaces y cultos como Moret, Sagasta y Canalejas, penetrados de la salvadora verdad[2], faltóles en la hora suprema el valor cívico necesario para proclamarla, imponiéndose enérgicamente á las opiniones y sentimientos de la Corona, del Ejército y de la Prensa! ¡Tan peligroso y arduo resultaba patentizar á los ojos del pueblo, como lo hizo austeramente Pí y Margall, que una nación de 90 millones de habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente á un país pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro asoladoras guerras civiles!

Pero no renovemos tristes recuerdos y volvamos á nuestro asunto.

El recuerdo del desastre colonial hállase vinculado en mi memoria, por asociación cronológica, á la redacción de un trabajo de tendencias filosóficas acerca de la organización fundamental de las vías ópticas y la probable significación de los entrecruzamientos nerviosos, una de las disposiciones anatómicas más singulares y enigmáticas de los vertebrados.

Fig. 69.—El Dr. Olóriz y el que escribe estas líneas, distrayendo sus ocios con el juego del ajedrez (verano de 1898).

Estábamos á la sazón veraneando en compañía del inolvidable Olóriz, en el pintoresco pueblo de Miraflores de la Sierra[3]. Vecinos eran los pequeños hoteles en que nos albergábamos, y así, nuestras sendas familias formaban como una sola. Á menudo, fatigados de paliquear ó de leer, nos entregábamos al juego del ajedrez, al que D. Federico era muy aficionado. (En recuerdo del llorado maestro, inserto aquí una fotografía íntima, sacada por uno de mis hijos durante cierta partida empeñadísima) (fig. 69). Al atardecer, ahitos[4] de lecturas ó vibrantes con las peripecias del juego, solíamos descongestionar el cerebro paseando por la carretera que, serpenteando al pie de la Najarra, remóntase á la Morcuera, para morir en el maravilloso Monasterio del Paular. Durante tan saludables correrías, placíame comunicar á mi compañero el fruto de mis meditaciones. Y alentado y autorizado con la aprobación del amigo, estaba á punto de terminar la redacción de mi trabajo, cuando en nuestro apacible retiro cayó como una bomba la nueva infausta de la destrucción de la escuadra de Cervera y de la inminente rendición de Santiago de Cuba.

La trágica noticia interrumpió bruscamente mi labor, despertándome á la amarga realidad. Caí en profundo desaliento. ¿Cómo filosofar cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada sine die[5].

Aquel desfallecimiento de la voluntad —que fué general entre las clases cultas de la nación— sacóme del laboratorio, llevándome meses después, cuando la conciencia nacional sacudió su estupor, á la palestra política. La prensa solicitaba apremiantemente la opinión de todos, grandes y chicos, acerca de las causas preparatorias de la dolorosa caída, con la panacea de nuestros males. Y yo, al igual de muchos, jóvenes entonces, escuché la voz de la sirena periodística. Y contribuí modestamente á la vibrante literatura de la regeneración[6], cuyos elocuentes apóstoles fueron, según es notorio, el gran Costa, Macías Picavea, Paraíso y Alba. Más adelante sumáronse á la falange de los veteranos algunos literatos brillantes: Maeztu, Baroja, Bueno, Valle-Inclán, Azorín, etc.[7].

En el coro de lamentaciones patrióticas, mis palabras fueron acaso las más estridentes y apasionadas. Sólo lo acerbo del desengaño podía excusar mis vehemencias. Había soñado con un renacimiento espiritual que incorporara definitivamente nuestra patria á la comunidad de las grandes naciones europeas, colaborando con ellas en la magna empresa de la civilización; y en mi despertar doloroso, encontréme con que España continuaba, sin posible remedio, su desconsoladora secular decadencia. ¡Qué amargo desencanto!...

Creo sinceramente que mis declaraciones de El Liberal, Vida Nueva y de otros diarios[8], contenían algunas censuras justas y apuntaban tal cual remedio atinado. Sin embargo, hoy, á la distancia de dieciocho años, no puedo releer aquellas ardientes soflamas sin sentir algún rubor. Me disgustan algunas recriminaciones exageradas ó injustas, el tono general declamatorio y cierto aire patriarcal y autoritario impropio de un humilde obrero de la ciencia. ¿Qué autoridad tenía un pobre profesor, ajeno á los problemas sociales y políticos, para censurar y corregir?

Fuera de que la retórica no detuvo nunca la decadencia de un país. Los regeneradores del 98 sólo fuimos leídos por nosotros mismos: al modo de los sermones, las austeras predicaciones políticas edifican tan sólo á convencidos. La masa permanece inerte. ¡Triste es reconocer que la verdad no llega á los perezosos, porque no leen ni sienten, y deja fríos, cuando no irritados, á los vividores y logreros!

Advierto que recaigo en enfadosas digresiones. Anudando el hilo de mi narración, repito que el desenlace de la tragedia colonial interrumpió mis meditaciones sobre la significación del kiasma[9] de los vertebrados. Mas, al fin, las aguas volvieron á su cauce. Y recobrando el equilibrio me incorporé al tajo con sin igual ardor. Humillado mi patriotismo de español, quedó vivo y pujante, y aún diré que exaltado, mi patriotismo de raza. Y dí cima, al fin, al aludido trabajo, sin perjuicio de planear nueva labor para lo futuro.

Encierra la susodicha Memoria sobre el kiasma dos partes: la primera, exclusivamente anatómica, conservará siempre su valor; la otra, de tendencias psicológicas, sustenta concepciones que fueron blanco, y lo son aún, de vivas discusiones.

La indagación anatómica fué motivada por dos Memorias, radicalmente revolucionarias, entonces recientes, de Michel y de Kölliker. Prodúcese á veces entre los científicos algo así como cansancio de la verdad consagrada. El furor iconoclasta y revisionista gana hasta á los viejos. ¡Es tan tentador para el amor propio dejar mentirosas varias generaciones de sabios!... Algo de esto debió pasar por el espíritu de Michel cuando proclamó, contra lo que desde la época de Newton era general creencia, é imponen además postulados fisiológicos indeclinables, que el kiasma óptico del hombre y vertebrados superiores (visión binocular de campo común), consta exclusivamente de fibras ópticas entrecruzadas; en consecuencia, el clásico cordón óptico homolateral, que junta cada ojo con el hemisferio cerebral de su mismo lado, sería mera ilusión anatómica.

Á pesar del aparato de pruebas histológicas con que el citado sabio autorizó sus osadas afirmaciones, la tesis de Michel causó general estupefacción. Pero lo más grave fué, que algunos investigadores de renombre, y sobre todo el venerable Kölliker, la ampararon con su prestigio y hasta procuraron fortalecerla con nuevas demostraciones anatómicas. Los dibujos del maestro de Würzburgo, calcados sobre irreprochables preparaciones del método de Weigert, parecían concluyentes. Quedábamos, pues, privados del indispensable cordón homolateral, y, por consiguiente, incapacitados para explicar cómo, recibiendo el cerebro dos imágenes visuales casi idénticas (exigencia de la visión del relieve), sólo percibimos una.

Ocupado yo entonces en el análisis de los centros visuales de los mamíferos, tan insólita conclusión prodújome invencible repugnancia. Ello no podía ser, no debía ser; á menos que la naturaleza, divorciada de toda ley de armonía, se complazca en lo superfluo ó en lo absurdo. Y, acudiendo á la observación, me propuse estudiar á fondo el asunto, abordándolo con los métodos más apropiados; cuanto más, que por entonces me rondaban por la imaginación algunas conjeturas encaminadas á esclarecer el enigma de los entrecruzamientos nerviosos. Claro es que antes de hilvanar mi teoría necesitaba saber, á punto fijo, si existían ó no en el kiasma del hombre y primates, fibras homolaterales.

Fig 70.—Trozo del kiasma óptico del conejo. Método de Ehrlich.— A, nervio óptico; B, trozo de kiasma con el arranque de la cinta óptica; a, bifurcaciones de tubos nerviosos.

Puse, pues, manos á la obra, auxiliándome de copioso material de estudio (peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos). Y, en sustitución del método de Weigert usado por Kölliker (cortes finos seriados en donde las fibras aparecen truncadas y difícilmente perseguibles), me serví del de Ehrlich, al azul de metileno, y del de Marchi (degeneraciones secundarias tras la ablación de un ojo). Ambos procederes permiten allegar datos decisivos para el esclarecimiento del problema: el primero, por consentir el examen de cortes muy espesos donde los axones del kiasma pueden seguirse durante larguísimos trayectos; y el segundo, porque revela con claridad en los cortes seriados, á favor de ristras de gotas grasientas ennegrecidas, el trayecto real de las fibras visuales nacidas en cada retina.

El resultado de tales pesquisas fué absolutamente conforme con la doctrina tradicional. Entrambos recursos demostraron en los mamíferos de visión binocular la existencia de robustísima vía óptica homolateral; en los animales donde se indica apenas dicho campo visual común (conejo, cavia, ratón, etc.), la presencia de algunas fibras homolaterales, predominando enormemente las cruzadas; y, en fin, en los vertebrados de campo visual diferente (peces, batracios, reptiles y aves, donde la visión es panorámica), la existencia de un entrecruzamiento total. El error de Michel y de Kölliker nació, como nacen siempre los errores histológicos, de haber exigido del método (el de Weigert) más de lo que buenamente podía dar, completando lo truncado de sus revelaciones con interpretaciones aventuradísimas. Exactos eran los dibujos, pero erradas las conclusiones.

Fig. 71.—Esquema destinado á mostrar la incongruencia de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el supuesto de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.— L, lóbulos ópticos.
  De pasada y para hacer bueno el adagio de que en las ciencias experimentales cuando se busca con fe y perseverancia siempre se encuentra algo fuera de programa, tropecé con un hecho interesante. El kiasma de algunos roedores (conejo, por ejemplo) encierra, además de los conocidos conductores cruzados y directos, ciertos tubos bifurcados, esto es, fibras que, brotadas en la retina (células gangliónicas), divídense en dos ramas (fig. 70), destinadas á entrambas cintas ópticas. Para Kölliker (que en vista de mi trabajo rectificó después noblemente su opinión) y para otros autores que trataron de interpretar fisiológicamente el inesperado hallazgo, las citadas fibras bifurcadas provendrían de la región retiniana llamada mácula lútea, territorio correspondiente á la foseta central del hombre y primates. Por lo demás, tales dicotomías fueron confirmadas ulteriormente en el gato y ciertos animales por el maestro bávaro.
Fig. 72.—Esquema destinado á mostrar el efecto del entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado inferior (pez, anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica). Obsérvese que, gracias á este cruzamiento, las dos imágenes mentales forman un todo continuo.— O, nervios ópticos cruzados; C, centros ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz cruzada; S, vía sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula espinal; G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.

Fijado ya el primer punto importante, ó sea la realidad indiscutible del cruce parcial de las vías ópticas primarias, era llegada la hora de ver cuál de las conjeturas imaginadas acerca de la significación de los entrecruzamientos cuadraba mejor con las variantes de organización del kiasma y retina en la serie animal, y con los datos y postulados de la fisiología de la visión.

Fig. 73.—Esquema destinado á mostrar en el hombre y mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis de las dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos nervios ópticos.— d, fascículo óptico homolateral; c, fascículo cruzado; g, ganglio geniculado externo y pulvinar; Rv, región visual del cerebro, con la forma de la proyección mental.

Planteemos el problema tal como lo planteaba entonces mi curiosidad. Notemos de pasada que para la ciencia anatómica de entonces —cerrada de horizontes y atenida á la mera descripción morfológica—, no había tal problema. El anatómico puro, como el zoologista descriptivo, es ajeno á toda inquietud filosófica. Con proclamar que el cruzamiento óptico constituye ley anatómica de los vertebrados, queda plenamente satisfecho. Inercia mental incomprensible, porque si la anatomía y la histología deben aspirar á la jerarquía de verdaderas ciencias, es fuerza que, al modo de la Química ó de la Astronomía, se preocupen de la evolución de los fenómenos y se tornen de cada vez más dinámicas y más causales.

Por sentir yo de esta suerte pude abandonar esa conformidad pasiva y como beatífica, obra del hábito y apagadora de toda curiosidad etiológica. Sorprendíme profundamente de una cosa de que nadie se mostraba al parecer sorprendido. Y el kiasma óptico se me presentó como algo absurdo ó inútil, que agravia nuestro sentido de la simetría y del ahorro, puesto que merced á aquél los conductores ópticos alargan inútilmente su trayecto y crean en los centros infinitas complicaciones compensadoras.

«¿No fuera más sencillo —me preguntaba— que cada cordón óptico desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente reacciones motrices en las regiones correspondientes de la cabeza, tronco y extremidad superior?»

Fig. 74.—Esquema destinado á mostrar las distintas especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado por los residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.— I, imagen mental en el centro cortical de la visión; R, recuerdo archivado en el foco correspondiente de representación; d y c, fibras directas y cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial bilateral es llevada á una región monolateral de la corteza; Rm, región motriz del cerebro; Ro, región de representación óptica; Ra, región de representación acústica; o, región cortical olfativa; Ik, fibras de asociación iconokinéticas; Im, fibras de asociación ideokinéticas; Iioa, fibras de asociación interideales ó acústico-visuales; Iiao, fibras de asociación acústico-olfativas.

Pero las incongruencias aparentes continúan en el encéfalo y bulbo. También la vía piramidal del cerebro ó de los movimientos voluntarios, los cordones sensitivos llegados de la médula y del bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se entrecruzan total ó casi totalmente.

¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible pertinacia de tales decusaciones[10], iniciadas en los peces y proseguidas tenazmente hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún animal de visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente. Recientemente, hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos, cuyo ojo obedece también á la norma estructural del vertebrado.

«Quizás —discurría— el cruce fundamental de las vías ópticas está fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión. Busquemos, pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización. Una vez averiguada, nada será más fácil que explicar, á título de disposiciones compensadoras y correctoras, las decusaciones primordiales de las vías motrices y sensitivas.»

Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de mí, obsesionante, el siguiente pensamiento: Todo tendría llana explicación, admitiendo que la percepción correcta de un objeto implica la congruencia de las superficies cerebrales de proyección ó representativas de cada punto del espacio. Por tanto, para que la percepción mental se unifique y concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros términos, para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con la aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el entrecruzamiento lateral de las vías ópticas: cruce total en los animales de visión panorámica; cruce parcial en los animales dotados de campo visivo común.

Los siguientes esquemas explican claramente la precedente teoría.

El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y dirección de la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas imágenes salta á la vista: la proyectada por el ojo derecho no conviene con la del izquierdo, y sería imposible que el animal pudiera sintetizar ambas imágenes en una representación continua. El horizonte se le presentaría como una vista panorámica formada con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas lateralmente.

Examinemos ahora la imagen mental resultante del entrecruzamiento de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con la mayor evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes, derecha é izquierda, se corresponden, componiendo un panorama continuo y desapareciendo la inversión lateral.

Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos, en donde la doble proyección visual copia la misma región del espacio. En dichos animales existe, según es sabido, el cordón homolateral (figura 73, d). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de la sensación visiva, inevitable à priori[11] dado el campo visual común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia en el mismo grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras ópticas homolaterales y oposito-laterales, correspondientes á puntos homólogos de ambas retinas, y portadoras, por consiguiente, del mismo detalle de la imagen.

En todo caso, según aparece en la figura 73, la aparición del haz directo no supone abandono de los beneficios del entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica principal, siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro derecho se continúa con la dibujada en el izquierdo (Rv).

En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto en ambos cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo donde se proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y el derecho donde se pintan los de la izquierda), ha motivado correlativamente el entrecruzamiento de la vía motriz principal voluntaria, así como el de las vías sensitivas y sensoriales primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La mira perseguida por el organismo ha sido doble: primeramente coordinar en un solo hemisferio cerebral las impresiones sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.) llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las consiguientes vías de asociación, y después, y merced al cruce de las vías motrices voluntarias, compensar el efecto de las decusaciones sensoriales para reaccionar predilectamente, con el aparato muscular correspondiente, por el lado de la excitación periférica.

En fin, como postulados generales interpretativos de la organización cerebral señalamos estos cuatro: a) Unidad de función espacial, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales corresponde exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos. b) Simetría concéntrica sensorial. Cada hemisferio simboliza una mitad vertical y lateral de la superficie cutánea sensible, incluyendo en ella los sentidos y los aparatos sensibles orgánicos y musculares. c) Ley de asimetría conmemorativa. Las esferas sensoriales y motrices de la corteza cerebral son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales (centros de asociación de Flechsig), las cuales residen íntegramente en cada hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la creación del cuerpo calloso (c) y de otras vías comisurales é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en cada foco conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales brotados de entrambos centros perceptivos.

Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos con la disposición probable de los centros perceptivos la justificación teórica del cuerpo calloso.

En la aludida Memoria sobre el kiasma óptico se desarrollan también, por incidencia, algunas consideraciones sobre el posible mecanismo cerebral de la percepción del relieve; y á título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas invenciones estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado á contemplar á distancia el relieve de la doble imagen proyectada por la linterna (aparato fundado en el principio de los prismas de Nicol y de la polarización por reflexión); y determinada disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica, proyectada en un telón.

Mis ideas sobre el móvil utilitario de los entrecruzamientos alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó reproducidas íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además la honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro, del Dr. Bresler; versión amablemente prologada por el célebre profesor Pablo Flechsig, de Leipzig. No obstante sus defectos, que no desconozco[12], mi teoría sugirió interesantes trabajos. Entre otras investigaciones, provocó la ya mentada de Kölliker, rectificadora de anteriores errores; la de Havet, francamente confirmatoria, recaída en el kiasma de los crustáceos, y la muy interesante del Dr. Márquez, donde los postulados de mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo ocular.

Conforme era de presumir, los hechos positivos consignados en mi trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su valor por los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron provisoriamente la explicación utilitaria de los entrecruzamientos, en espera de mejor concepción; otros, como Lugaro, la criticaron con respeto, aceptando, empero, algunos de sus postulados y proponiendo otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir razones serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés la encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto anatómico español á la altura de los más geniales pensadores; en fin, dos sabios, inglés el uno y alemán el otro, publicaron años después mi teoría como fruto de propias meditaciones: género de homenaje que, por involuntario é impersonal, hallé singularmente grato. De cualquier modo, repito, ninguno de mis impugnadores antiguos ó modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y satisfactoria del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados inferiores y del cruce parcial de las mismas en el hombre y mamíferos.

De los demás trabajos del año 1898, me contentaré con exponer los títulos y las conclusiones:

  Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de Varolio.—Contiene nuevos pormenores sobre las colaterales y bifurcaciones pontales de la vía piramidal, y cierta teoría poco feliz acerca del modo de acción de este sistema vector de los movimientos voluntarios.
  La estructura del cono terminal de la médula espinal encierra multitud de detalles descriptivos nuevos tocantes al comportamiento de la substancia blanca, raíces posteriores, substancia gris, etcétera, al nivel del extremo caudal del eje cerebro-raquídeo de los mamíferos, detalles en cuya exposición no podemos entrar.
  La red superficial de las células nerviosas centrales confirma en los mamíferos á favor del método de Ehrlich modificado, el encuentro de Golgi, reivindicando de pasada la prioridad esencial del hecho y añadiendo algunas minucias descriptivas, etc.


EDICIÓN   Imprenta y Librería de Nicolás Moya, Madrid 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

TOMO II
Historia de mi labor científica

Dos palabras al lector  •  1. Me preparo para oposiciones a cátedras  •  2. Caigo enfermo con una afección pulmonar grave  •  3. Mi traslación a Valencia  •  4. Decido publicar mis trabajos en el extranjero  •  5. Mi traslación a la Cátedra de Histología de Barcelona  •  6. Algunos detalles tocantes a mis trabajos de 1888  •  7. Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos  •  8. Mi actividad continúa en aumento  •  9. Trabajos de 1891  •  10. Mi traslación a la Corte  •  11. Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio  •  12. La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian Lecture  •  13. Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896  •  14. Las teorías y los hechos  •  15. Mi producción en 1898 y 1899  •  16. Mi labor durante los años 1899 y 1900  •  17. Invitado por la Universidad Clark  •  16 bis. Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo  •  17 bis. Congreso médico internacional de 1903 celebrado en Madrid  •  18. Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación argéntica  •  19. Trabajos del trienio 1905 a 1907  •  20. Honores y recompensas extraordinarios  •  21. Trabajos efectuados entre 1907 y 1917  •  22. Continúa la exposición de los trabajos del último decenio  •  23. Epílogo. Mi actividad docente y la multiplicación espiritual

Índice de la obra (dos volúmenes)

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones y expresiones[editar]

Artículo principal: locución
... Caí en profundo desaliento. ¿Cómo filosofar cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada sine die...
... A causa de esta vía óptica, la duplicidad de la sensación visiva, inevitable a priori dado el campo visual común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia ...


notas

  1. Es el Desastre del 98: fin del Imperio español, formalizado por el Tratado de París de 10 de diciembre de 1898.
  2. (nota del autor) El tan elocuente como malogrado estadista D. José Canalejas, acababa por entonces de regresar de un viaje de estudio por los Estados Unidos, de cuyos increíbles progresos, asombroso poder y prosperidad industrial y financiera, hablaba en privado como de algo insuperable y monstruoso; y, sin embargo, llegada la hora del conflicto, inspirándose acaso en los escrúpulos de Moret, reservó juicios y avisos que, proclamados pública y solemnemente en la prensa, hubieran quizás logrado modificar los extraviados sentimientos de la opinión.
  3. Localidad al norte de Madrid en la Cuenca Alta del Manzanares.
  4. Red x.svgahitos, Yes check.svgahítos (hiato de vocal cerrada tónica con tilde). Ahitar se conjuga como aislar: ahíto, ahité, ahitaré.
  5. sine die:   locución latina (latinismo).
  6. El Regeneracionismo es la primera reacción al Desastre del 98.
  7. La generación del 98, movimiento en el ámbito de la cultura y literatura, imbuído de regeneracionismo.
  8. (nota del autor) Como remedios morales apuntábamos: renunciar al matonismo internacional, á la ilusión de tomar por progreso real lo que no es más que reflejo pálido de la civilización extranjera; desterrar el empleo de adjetivos hiperbólicos, de que tan pródigos fuimos siempre con nuestras medianías; y en fin, crear á todo trance cultura original. En el orden pedagógico, proponíamos: el pensionado de profesores y doctores aventajados en el extranjero; la incorporación á nuestros claustros de investigadores de renombre mundial; el abandono del régimen enervador del escalafón, sustituído por el sistema alemán de reclutamiento del profesorado, etc., etc.
  9. kiasma,Yes check.svgquiasma: entrecruzamiento de estructuras orgánicas (el quiasma óptico).
  10. decusación: disposición en cruz (DLE en línea).
  11. Red x.svga priori, Yes check.svga priori (cursiva):   locución latina.
  12. (nota del autor) La sinceridad me obliga á confesar que en mi trabajo se contienen doctrinas de valor muy desigual. Hoy, á la distancia de veinte años y aparecidas numerosas investigaciones sobre el tema, estimo como concepción sólidamente fundada la explicación del cruce fundamental de los nervios ópticos; probable y plausible nada más el corolario relativo á la decusación compensadora de las vías motrices y sensoriales, y francamente aventurados ciertos análisis y conclusiones tocantes á las condiciones histológicas de la percepción del relieve, etc.