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LIBRO CUARTO

FÁBULA XII
… conviene al poderoso para los infelices ser piadoso; tal vez de su auxilio necesite …
    Estaba un Ratoncillo aprisionado
En las garras de un León: el desdichado
En la tal ratonera no fue preso
Por ladrón de tocino ni de queso,
Sino[1] porque[2] con otros molestaba
Al León que en su retiro descansaba.
Pide perdón llorando su insolencia;
Al oír implorar la real clemencia,
Responde el rey en majestuoso tono:
(No dijera más Tito)—Te perdono.
    Poco después, cazando el León, tropieza
En una red oculta en la maleza;
Quiere salir, mas queda prisionero:
Atronando la selva, ruge fiero.
El libre Ratoncillo, que lo siente,
Corriendo llega, roe diligente
Los nudos de la red, de tal manera,
Que al fin rompió los grillos de la fiera.
    Conviene al poderoso
Para los infelices ser piadoso:
Tal vez se puede ver necesitado
Del auxilio de aquel más desdichado.

Félix María Samaniego (Laguardia, 1745 - † 1801)
EDICIÓN   Librería Armand Colin, París 1902
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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notas


Del mismo libro (L1):
Prólogo del autor
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