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El lenguaje claro (también llamado lenguaje sencillo, lenguaje llano) es una de las facetas de la llamada comunicación clara, que busca transmitir de modo fácil, directo, transparente, simple y eficaz información relevante para los ciudadanos o los consumidores.

Logotipo europeo de lectura fácil.

La comunicación clara no solo incluye el lenguaje claro, sino también el visual (tipografía, diseño, infografía, interfaces, interactividad...), uso de terminología y neurolenguaje. Se aplica a contratos, facturas, normas legales, instrucciones, formularios, prospectos, carteles, informes técnicos, memorias corporativas, etiquetado...

Cabe distinguir el lenguaje fácil, que es el destinado a personas con discapacidad cognitiva o intelectual, y el lenguaje ciudadano, centrado en que la Administración, las empresas y otros organismos emitan mensajes claros y sencillos para que puedan ser entendidos por la sociedad de modo eficiente.

1 Objetivos básicos[editar]

La norma ISO 24495-1:2023 señala los siguientes cuatro objetivos básicos en relación con la audiencia objetivo:

  • Es relevante para lo que necesitan.
  • Pueden encontrar la información.
  • La que encuentran es comprensible.
  • Pueden usar fácilmente esa información.

La Asociación Internacional de Lenguaje Claro ofrece cinco pasos esenciales:

  • Definir el propósito y la audiencia (sus conocimientos, edad, situación social y personal, etc.), para seleccionar los mejores elementos de lenguaje y diseño.
  • Establecer una estructura lógica y familiar para el lector, mediante resúmenes y con una división equilibrada del texto en secciones.
  • Preparar el diseño, es decir, la apariencia en tipografía, maquetación, gráficos, etc., como el uso de encabezados significativos y espacios en blanco.
  • Cuidar la expresión, con un tono conversacional y respetuoso.
  • Evaluar el resultado, que puede ir desde una revisión simple o el cotejo con estándares hasta pruebas con usuarios reales, para asegurar que la audiencia pueda entender y utilizar la información.

Las partes 2 y 3 de la norma ISO se centran en la comunicación jurídica y científica, respectivamente, la 4 define los requisitos y los procesos internos que deben adoptar las empresas y administraciones para el uso sistemático del lenguaje claro, y la 5 trata del diseño de documentos, es decir, de la estructura visual que facilite la lectura y la comprensión del contenido.

2 Recomendaciones[editar]

En lo que respecta a la redacción en sí, a menudo, un texto puede quedar mucho más claro simplemente evitando el lenguaje alambicado característico de los textos administrativos y legales (por ejemplo, en lugar de señalización semafórica se puede decir semáforos, y proceder a la firma puede pasar a firmar). En contraste, el lenguaje periodístico tiene ciertos puntos en común con el lenguaje claro.

Recomendaciones habituales son las siguientes:

  • Evitar jerga legal, administrativa y técnica.
  • Emplear voces que resulten familiares, evitando su alargamiento.
  • Evitar la barra, cuyo sentido no siempre es claro (¿equivale a «y» o a «o»?).
  • Evitar en la medida de lo posible los verbos de apoyo.
  • Usar de modo coherente una palabra para un concepto, aunque se repita. Al tiempo, evitar una única palabra para conceptos distintos.
  • Minimizar la cantidad de abreviaturas y siglas.
  • Escribir frases breves, afirmativas y que eviten la pasiva (ya sea con «ser» o con «se»), con el orden que se puede llamar «natural» (normalmente sujeto-verbo-complementos).
  • No reemplazar verbos por sustantivos, como «No es necesaria su inclusión por parte del usuario» en lugar de la más clara «No es necesario que el usuario lo incluya».
  • Escribir también párrafos breves (un límite puede ser 150-200 palabras), que traten una idea única, sin partirlos entre dos páginas. Un párrafo de una única frase breve no tiene nada de malo si expresa de modo completo una idea.
  • Estructurar el texto en secciones breves con títulos que esclarezcan el tema que se trata.
  • Disponer las enumeraciones que explican pasos en forma de lista vertical, sin pasar de dos o tres niveles.
  • Destacar con negrita las ideas claves, pero evitarla como recurso para intentar arreglar un texto que no es claro: lo que hay que hacer es revisar el texto. La negrita también puede hacer que el lector se centre en la información destacada y pase por alto el resto.
  • Aplicar colores puede ser útil, pero hay que tener en cuenta que hay personas que podrían no distinguirlos, que hay reglas para su combinación y que pueden tener connotaciones culturales. Además, pueden perderse en una impresión o una fotocopia. Por ello, debe haber una distinción complementaria.
  • Mostrar ejemplos.
  • Conectar las ideas con los recursos de la cohesión.
  • Disponer series de datos en cuadros y tablas para apreciar mejor la relación entre ellos.
  • Considerar el uso de ilustraciones, mapas, diagramas e infografías. En su diseño no hay que desvirtuar el mensaje. Las que sirven de recurso para que el documento resulte más atractivo no deben resultar infantiles, lo que podría generar rechazo por la percepción de falta de rigor.
  • Emplear fuentes tipográficas de tamaño suficiente (lo que puede depender de la edad del destinatario), que sean legibles y cuyo carácter sea el adecuado (por ejemplo, no usar una fuente diseñada para cómics en un documento formal).

3 Problemas en la aplicación[editar]

A menudo, se interpreta que el lenguaje claro tan solo implica redactar con claridad, buena ortografía y una adecuada organización, sin considerar aspectos como la definición del público objetivo y la evaluación de resultados.

El lenguaje claro no está exento de críticas. Así, se argumenta que el ciudadano, ante la expectativa de que va a entender el texto, puede dar por hecho que en efecto lo ha entendido, aunque no sea realmente así, y quienes emiten el mensaje pueden considerar que ya no hace falta ninguna atención personal complementaria ni una mejora del servicio.

En ocasiones, la implantación del lenguaje claro se limita a preparar unas directrices de redacción y puntuación dirigidas al personal administrativo, que prepara los documentos sin una corrección o validación posterior por especialistas, por lo que el resultado podría no ser el adecuado. En contraste, que el lenguaje claro esté certificado por alguna entidad puede desanimar a la crítica.

El lenguaje claro suele basarse en la lengua corriente, que, al contrario que el lenguaje jurídico o el administrativo, puede evolucionar con rapidez, de modo que un mensaje podría resultar equívoco pasado un tiempo.

Desde el punto de vista práctico, también se argumenta que reglas como «ser conciso y preciso» pueden resultar contradictorias y otras como «usar párrafos breves» pueden resultar vagas.

4 Enlaces a guías[editar]

5 Otros enlaces[editar]

Este artículo fue seleccionado como destacado el 5 de enero de 2026.