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RECUERDOS DE MI VIDA
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
TOMO I    Mi infancia y juventud

CAPÍTULO PRIMERO
Mis padres, el lugar de mi nacimiento y mi primera infancia.


Nací el 1.º de Mayo[1] de 1852 en Petilla de Aragón, humilde lugar de Navarra, enclavado por singular capricho geográfico en medio de la provincia de Zaragoza, no lejos de Sos. Los azares de la profesión médica llevaron a mi padre, Justo Ramón Casasús, aragonés de pura cepa[2], y modesto cirujano por entonces, a la insignificante aldea donde vi la primera luz[3], y en la cual transcurrieron los dos primeros años de mi vida.

Fué mi padre un carácter enérgico, extraordinariamente laborioso, lleno de noble ambición. Apesadumbrado en los primeros años de su vida profesional, por no haber logrado, por escasez de recursos, acabar el ciclo de sus estudios médicos, resolvió, ya establecido y con familia, economizar, aun[4] a costa de grandes privaciones, lo necesario para coronar su carrera académica, sustituyendo el humilde título de Cirujano de segunda clase con el flamante diploma de Médico-cirujano.

Sólo más adelante, cuando yo frisaba en[5] los seis años de edad, dió cima a tan loable empeño. Por entonces (corrían los años de 1849 y 1850), todo su anhelo se cifraba en llegar a ser cirujano de acción y operador de renombre; y alcanzó su propósito, pues la fama de sus curas extendióse luego por gran parte de la Navarra y del alto Aragón, granjeando con ello, además de la satisfacción de la negra honrilla, crecientes y saneadas utilidades.

El partido médico de Petilla era de los que los médicos llaman de espuela; tenía anejos, y la ocasión de recorrer a diario los montes de su término, poblados de abundante y variada caza, despertó en mi padre las aficiones[6] cinegéticas, dándose al cobro de liebres, conejos y perdices, con la conciencia y obstinación que ponía en todas sus empresas. No tardó, pues, en monopolizar por todos aquellos contornos el bisturí y la escopeta.

Con los ingresos proporcionados por el uno y la otra, o digamos las perdices y los clientes, pudo ya, cumplidos los dos años de estada en Petilla, comprar modesto ajuar y contraer matrimonio con cierta doncella paisana suya, de quien hacía muchos años andaba enamorado.

Retrato de mis padres. Estas fotografías están hechas cuando mis progenitores pasaban de los setenta años.

Era mi madre, al decir de las gentes que la conocieron de joven, hermosa y robusta montañesa, nacida y criada en la aldea de Larrés[7], situada en las inmediaciones de Jaca[7], casi camino de Panticosa[7]. Habíanse conocido de niños (pues mi padre era también de Larrés), simpatizaron e intimaron de mozos y resolvieron formar hogar común, en cuanto el modesto peculio de entrambos, que había de crecer con el trabajo y la economía, lo consintiese.

No poseo, por desgracia, retratos de la época juvenil, ni siquiera de la madurez de mis progenitores. Las fotografías adjuntas fueron hechas en plena senectud, pasados ya los setenta años.

La ley de herencia fisiológica da, de vez en cuando, bromas pesadas. Parecía natural que los hijos hubiésemos representado, así en lo físico como en lo mental, una diagonal o término medio entre los progenitores; no ocurrió así desgraciadamente. Y de la belleza de mi madre, belleza que yo todavía alcancé a ver, y de sus excelentes prendas de carácter, ni un solo rasgo se transmitió a los cuatro hermanos, que representamos, así en lo físico como en lo moral, reproducción casi exacta de nuestro padre; circunstancia que nos ha condenado en nuestra vida de familia a un régimen sentimental e ideológico, monótono y fastidioso.

Porque, según es harto sabido, cada cual busca instintivamente aquello de que carece, y se aburre y molesta al ver reflejados en los otros iguales defectos de carácter, sin las virtudes y talentos que la Naturaleza le negó. A la manera del concierto musical, la armonía moral resulta, no del unísono vibrar de muchos diapasones, sino de la combinación de notas diferentes. Por mi parte, siempre he sentido antipatía hacia esas familias homogéneas, cuyos miembros parecen cronómetros fabricados por la misma mano, en las cuales, una palabra lanzada por un extraño provoca reacciones mentales uniformes, comentarios concordantes. Diríase que las lenguas todas de la familia están unidas a un hilo eléctrico y regidas por un solo cerebro. Afortunadamente, y en lo referente a nosotros, la heterogeneidad del medio moral, es decir, las condiciones algo diversas en que cada uno de mis hermanos ha vivido, han atenuado mucho los enfadosos efectos de la uniformidad psicológica y temperamental.

Pero no debo quejarme de la herencia paterna. Mi progenitor era mentalidad vigorosa, donde culminaban las más excelentes cualidades. Con su sangre me legó prendas de carácter, a que debo todo lo que soy: la religión de la voluntad soberana; la fe en el trabajo; la convicción de que el esfuerzo perseverante y deliberado es capaz de modelar y organizar desde el músculo hasta el cerebro, supliendo deficiencias de la Naturaleza y domeñando hasta la fatalidad del carácter, el fenómeno más tenaz y recalcitrante de la vida. De él adquirí también la hermosa ambición de ser algo y la decisión de no reparar en sacrificios para el logro de mis aspiraciones, ni torcer jamás mi trayectoria por motivos segundos y causas menudas. De sus excelencias mentales, faltóme, empero, la más valiosa quizá: su extraordinaria memoria. Tan grande era, que cuando[8] estudiante recitaba de coro[9] libros de patología[10] en varios tomos, y podía retener, después de rápida lectura, listas con cientos de nombres tomados al azar. Con ser grande su retentiva natural u orgánica, aumentábala todavía a favor de ingeniosas combinaciones mnemotécnicas que recordaban las tan celebradas y artificiosas del abate Moigno.

La casa alta, destartalada y situada en el centro de la calle, fué donde nací. (Petilla).

Para juzgar de la energía de voluntad de mi padre, recordaré en breves términos su historia. Hijo de modestos labradores de Larrés (Huesca), con hermanos mayores, a los cuales, por fuero de la tierra, tocaba heredar y cultivar los campos del no muy crecido patrimonio, tuvo que abandonar desde muy niño la casa paterna, entrando a servir en concepto de mancebo, a cierto cirujano de Javierre de Latre, aldea ribereña del río Gállego, no muy lejana de Anzánigo. Aprendió allí el oficio de barbero y sangrador, pasando en compañía de su amo, un benemérito cirujano romancista, ocho o diez años consecutivos.

Otro que no hubiese sido el autor de mis días, habría acaso considerado su carrera como definitivamente terminada, o hubiera tratado de obtener como coronamiento de sus ambiciones académicas, el humilde título de ministrante; pero sus aspiraciones rayaban más alto. Las brillantes curas hechas por su amo, la lectura asidua de cuantos libros de cirugía encontraba (de que había copiosa colección en la estantería del huésped), el cuidado y asistencia de los numerosos enfermos de cirugía y medicina que su patrón, conocedor de la excepcional aplicación del mancebo, le confiaba, despertaron en él vocación decidida por la carrera médica.

Resuelto, pues, a emanciparse de la bajeza y estrechez de su situación, cierto día (frisaba ya en[5] los veintidós años), sorprendió a su amo con la demanda de su modesta soldada. Y despidiéndose de él, y en posesión de algunas pesetas prestadas por sus parientes, emprendió a pie el viaje a Barcelona, en donde halló por fin, tras muchos días de privación y abandono (en Sarriá), cierta barbería cuyo maestro le consintió asistir a las clases y emprender la carrera de cirujano.

A costa, pues, de la más absoluta carencia de vicios, y sometiéndose a un régimen de austeridad inverosímil, y sin más emolumentos que el salario y los gajes de su mancebía de barbero, logró mi padre el codiciado diploma de cirujano, con nota de Sobresaliente en todas las asignaturas, y habiendo sido modelo insuperable de aplicación y de formalidad. Allí, en esa lucha sorda y obscura por la conquista del pan del cuerpo y del alma, bordeando no pocas veces el abismo de la miseria y de la desesperación, respirando esa atmósfera de indiferencia y despego que envuelve al talento pobre y desvalido, aprendió mi padre el terror de la pobreza y el culto un poco exclusivo de la ciencia práctica, que más tarde, por reacción mental de los hijos, tantos disgustos había de proporcionarle y proporcionarnos.

Años después, casado ya, padre de cuatro hijos, y regentando el partido médico de Valpalmas (provincia de Zaragoza), dió cima a su ideal, graduándose de Doctor en Medicina.

Cuento estos sucesos de la biografía de mi padre, porque sobre ser honrosísimos para él, constituyen también antecedentes necesarios de mi historia. Es indudable que, prescindiendo de la influencia hereditaria, las ideas y ejemplos del padre, representan factores primordiales de la educación de los hijos, y causas, por tanto, principalísimas de los gustos e inclinaciones de los mismos.

De mi pueblo natal, así como de los años pasados en Larrés y Luna (partidos médicos regentados por mi padre desde los años 1850 a 1856), no conservo apenas memoria. Mis primeros recuerdos, harto vagos e imprecisos, refiérense al lugar de Larrés, al cual se trasladó mi padre dos años después de mi nacimiento, halagado con la idea de ejercer la profesión en su pueblo natal, rodeado de amigos y parientes. En Larrés nació mi hermano Pedro, actual catedrático de la Facultad de Medicina de Zaragoza.

Cierta travesura cometida cuando yo tenía tres o cuatro años escasos, pudo atajar trágicamente mi vida. Era en la villa de Luna (provincia de Zaragoza).

Hallábame jugando en una era del ejido del pueblo, cuando tuve la endiablada ocurrencia de apalear a un caballo; el solípedo, algo loco y resabiado, sacudióme formidable coz, que recibí en la frente; caí sin sentido, bañado en sangre, y quedé tan mal parado que me dieron por muerto. La herida fué gravísima; pude, sin embargo, sanar, haciendo pasar a mis padres días de dolorosa inquietud. Fué ésta mi primera travesura; luego veremos que no debía ser la última.


EDICIÓN   Imprenta y Librería de Nicolás Moya, Madrid 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
leermas.gif BIBLIO info

1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

TOMO I
Mi infancia y juventud

Advertencia al lector  •  1. Mis padres  •  2. Excursión tardía a mi pueblo natal  •  3. Mi primera infancia  •  4. Mi estancia en Valpalmas  •  5. Ayerbe  •  6. Desarrollo de mis instintos artísticos  •  7. Mi traslación a Jaca  •  8. El padre Jacinto, mi dómine de latín  •  9. Continúan mis distracciones  •  10. Mi regreso a Ayerbe  •  11. Dispone mi padre llevarme a Huesca a continuar mis estudios  •  12. Mis nuevos compañeros de algaradas  •  13. Las vacaciones  •  14. Mi padre me acomoda de aprendiz en una barbería  •  15. Inquina de mi catedrático de griego  •  16. Vuelta al estudio  •  17. El ferrocarril y la fotografía, dos inventos que me causaron indecible asombro  •  18. Revolución de septiembre en Ayerbe  •  19. Comienzo en Zaragoza la carrera médica  •  20. Mis catedráticos de Medicina  •  21. Continúo mis estudios sin grandes mortificaciones  •  22. Recién licenciado en Medicina, ingreso en el cuerpo de Sanidad Militar  •  23. Llegada a La Habana  •  24. Mis distracciones en San Isidro  •  25. Me traslado a La Habana, donde recaigo de mi dolencia

Índice de la obra (dos volúmenes)

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones y expresiones[editar]

Artículo principal: locución
...mi padre, Justo Ramón Casasús, aragonés de pura cepa...
...la insignificante aldea donde vi la primera luz, y en la cual...
... sólo más adelante, cuando yo frisaba en los seis años de edad...
... cuando estudiante recitaba de coro libros de patología en varios tomos...


notas

  1. Red x.svgMayo, Yes check.svgmayo (→ fecha)
  2. de pura cepa: locución
  3. ver la primera luz, ver la luz: locuciónl
  4. Yes check.svgaun/Red x.svgaún a costa de grandes privaciones: aun ~ incluso (→ aun)
  5. 5,0 5,1 frisar en una edad: locución
  6. Yes check.svgafición, Red x.svgaficción
  7. 7,0 7,1 7,2 Larrés, Jaca y Panticosa son localidades de Huesca en el Alto Gállego
  8. … que Yes check.svgcuando/Red x.svgcuándo estudiante recitaba… (→ cuando)
  9. de coro: locución
  10. libros de Yes check.svgpatología, libros de Red x.svgPatología
    Mayúsculas y minúsculas, Ortotipografía en medicina