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Véase también
Genérico » Distinción entre nombre común y propio de ciertas expresiones

Los sustantivos llamados nombres propios son una subclase de palabras que solamente designan, sin significar[1], e individualizan a las personas o elementos designados. Por ejemplo, Martínez, Himalaya designan a una persona y a una cordillera respectivamente, individualizándolas. También se incluyen en los nombres propios las expresiones que tienen estas características: Países Bajos.

La distinción entre designación sin significación (nombres propios) y la designación con significación se ve en ciertos casos de juegos de palabras o intentos de conseguir efectos humorísticos relacionando nombres propios con sus correlatos existentes en la lengua común. Así, en La venganza de don Mendo, de Muñoz Seca, se dice «en aquel Suero veía un remedio», que remite tanto al personaje llamado don Suero (escrito con mayúscula) como al nombre común suero (‘disolución de sustancias en agua con fines curativos’), que con este último valor se escribe en minúscula.

Los nombres propios pueden formar plural: las dos Coreas.

1 Nombre propio frente a nombre común[editar]

Es objeto de debate cómo distinguir un nombre común de uno propio, pero como orientación un nombre común se puede aplicar a cualquier persona, objeto o concepto que tiene unas determinadas características establecidas en una definición, mientras que un nombre propio se aplica a individuos concretos (que pueden ser múltiples) sin que se pueda definir, sino tan solo describir.

Así, las marcas son nombres propios porque los objetos fabricados con esa marca no tienen una definición (más allá del hecho de que son de esa marca). En estos casos, el artículo suele ser el que corresponde a un nombre común implícito. Por ejemplo, se hablaría de una Yamaha para una motocicleta o una trompeta, y de un Yamaha si es un teclado.

No son de por sí nombres propios:

  • las denominaciones genéricas que, de modo descriptivo, sirven como alternativa a una entidad, por lo que, aunque Guardia Civil sea un nombre propio, la palabra cuerpo sigue siendo común;
  • los nombres de entidades únicas (o que se consideran como tales): universo, naturaleza...;
  • los nombres comunes en los que se sobreentiende, por un conjunto reducido de hablantes y a partir del contexto, cuál es el referente (es decir, no son antonomasias): madre.

2 Artículo con nombre propios[editar]

Aunque es habitual dar como una de las características de los nombres propios la de ir sin artículo, esta norma se aplica sobre todo a los de persona, porque sí pueden ir con él en bastantes casos (y puede ser incluso obligatorio):

  • cuando se pluralizan: las dos Españas; un caso habitual es para los miembros de una familia: los Borbones, los Martínez;
  • con apellidos en singular, para la pertenencia a una familia: es un Martínez;
  • en los sobrenombres y apodos: Juana la Loca;
  • para designar una obra por su autor o su título: un Picasso, un Quijote;
  • cuando rigen preposición: la Alemania de entonces, el Carlos con el que me casé no es el Carlos de ahora;
  • cuando están determinados: el París que conocí.
  • cuando está precedido de un adjetivo: el inmortal Cervantes;
  • en nombres de mares, ríos, lagos o montes: el Mediterráneo, los Andes;
  • en los equipos deportivos: el Barça, el Real Madrid; van sin artículo las selecciones: España empató con Alemania; otra excepción son los equipos argentinos: Boca, Rosario Central, etc.
  • antiguamente, en los artistas italianos que no tenían un nombre equivalente en español: el Ticiano;
  • en muchas criaturas mitológicas: la Medusa, el Cerbero, el Minotauro;
  • en los personajes de los cuentos, cuando tienen un nombre desscriptivo: la Cenicienta, el Gato con Botas, el Ogro... (hay excepciones como Caperucita Roja); es anglicismo suprimir el artículo sistemáticamente;
  • en los países cuyo nombre alude a su organización política: el Reino Unido, los Países Bajos, la Unión Soviética, la República Federal de Alemania (excepcionalmente, se dice a menudo Estados Unidos sin artículo);
  • algunos países, por costumbre, de modo opcional: la Argentina, la India, el Perú, el Congo;
  • en muchas marcas: el Mercedes, el Gelocatil, la Fanta...
  • ante entidades que tienen un nombre que sintácticamente normalmente pedirían artículo si fueran comunes: el Banco Mediterráneo, el Grupo Zeta, el Ministerio del Interior, las Naciones Unidas, la British Broadcasting Corporation...

3 Ortografía y ortotipografía[editar]

Los nombres propios pueden tener sus propias grafías, en función del origen y de la pronunciación. Así, los nombres de lugar y de persona no hispanizados conservan, en la medida de lo posible, la forma original en cuanto a las letras, las mayúsculas internas y los posibles acentos (salvando el caso especial de las transcripciones de otras escrituras):

Está basado en un concierto de Antonín Dvořák.
El río Rin atraviesa Düsseldorf.
McCarthy se hizo famoso sus investigaciones sobre supuestos agentes soviéticos.

Los nombres hispanos o hispanizados sí se adaptan a las normas generales de escritura y acentuación, pero hay que tener en cuenta que puede depender de la persona, pues coexisten formas similares con diferentes pronunciación: será Oscar si es aguda, pero Óscar si es llana; una persona puede apellidarse Giménez y otra Jiménez, e incluso es posible que lleve el apellido arcaizante Ximénez. También es posible reflejar en la escritura una pronunciación coloquial, como Jose en lugar de José (OLE, 636). Los hipocorísticos (acortamientos o diminutivos) se acentúan también según su pronunciación: Álber de Alberto, Álex de Alejandro.

Los nombres extranjeros se ajustan a la acentuación española cuando se hispanizan. Por el contrario, los hispanos que se acomodan en otra lengua, se ajustan a las normas de esa lengua.

Por razones prácticas o técnicas, los documentos de identificación prescinden en ocasiones de los acentos (e incluso de la diéresis), pero eso no implica que deban eliminarse en general. Lo adecuado es conservarlos en el resto de los textos.

Una empresa o una persona puede decidir darse nombres con grafías no españolas como Nóos o Mâih.

Como norma general, los nombres propios comienzan con inicial mayúscula, aunque en marcas se ha extendido la combinación de mayúsculas y minúsculas de diversos modos:

Se me ha perdido el iPod.
Unas veces uso QuarkXPress, otras InDesign y otras LaTeX.

Los nombres propios pueden funcionar por sí mismos con valor metalingüistico, que no necesita cursiva:

Yo no me llamo Doroteo, sino Teodoro.
Se fue de allí a una ciudad llamada Efraín.

Muchos topónimos pueden tener formas próximas a palabras o expresiones existentes en español, lo cual no implica que deban tener por fuerza esta última forma. Particulamente frecuente es la unión de palabras:

Entrerríos, Moraleja de Enmedio, Villanueva de San Juan, Dosbarrios

La OLE señala que «los nombres propios de persona no se traducen ni adaptan, excepto los nombres que adoptan los papas en su pontificado, los de los miembros de las casas reales, santos, personajes históricos y apodos, apelativos y sobrenombres», aunque precisa que actualmente va ganando terreno la transferencia[1]:

Yes check.svg la reina Isabel II / Red x.svg Elizabeth II
Yes check.svg la emperatriz Josefina de Beauharnais / Red x.svg Joséphine de Beauharnais
Yes check.svg Frederik de Dinamarca


4 Referencias[editar]

notas

Este artículo fue seleccionado como destacado el 17 de abril de 2023.