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RECUERDOS DE MI VIDA
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
TOMO II    Historia de mi labor científica

CAPÍTULO XI
Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio. — Tentaciones del diletantismo científico, literario y artístico. — Mis oreos espirituales: paseos por los alrededores de Madrid, y la peña del Café Suizo. — Nuevas investigaciones sobre la estructura del cerebro. — Comienzo la publicación de mi obra de conjunto sobre la textura del sistema nervioso de los vertebrados.


Madrid es ciudad peligrosísima para el provinciano laborioso y ávido de ensanchar los horizontes de su inteligencia. La facilidad y agrado del trato social, la abundancia del talento, el atractivo de las Sociedades, cenáculos y tertulias, donde ofician de continuo los grandes prestigios de la política, de la literatura y del arte; los variados espectáculos teatrales y otras mil distracciones, seducen y cautivan al forastero, que se encuentra de repente como desimantado y aturdido. En su vida hase operado radical metamorfosis: la abeja se ha convertido en mariposa, cuando no en zángano. La filosofía, el arte, la literatura, hasta la política y los deportes, tiran del alma con mil hilos invisibles y tenaces. Al obrero atareado, ha sucedido el ameno sibarita intelectual.

Además, el instrumento cerebral forjado durante muchos años de soledad y recogimiento, se desdiferencia y embota cual herramienta tocada de orín: la especial mentalidad, traída del rincón provinciano, va poco á poco igualándose con la mentalidad de todo el mundo. Los callos se pierden y las manos se enguantan. Y el tiempo se va en admirar é imitar.

En vano pretendemos hacer alto en la pendiente, abandonar resueltamente el camino de Sibaris[1] ó de Atenas, retroceder, en fin, á los severos hábitos de antaño: movidos por el pundonor, llegamos hasta planear hermosos programas de acción. Mas, desgraciadamente, todo se malogra...—No queda tiempo para nada —exclamamos con amargura.

Sin embargo, yo me propuse á todo trance cerrar los oidos al cántico de la sirena cortesana, y defender mi tiempo, trabajando tanto como en provincias. Y lo conseguí por fin, no sin provocar frialdades, ni impedir que se me aplicasen los epítetos de hurón, estrafalario y orgulloso.

—«Pero quién conoce, quién trata, quién puede pedir un favor á Cajal» —exclamaba cierto clínico eminente en un corro de médicos, molesto acaso por no tener confianza bastante para hacerme determinada recomendación. Á mí me asombraba este juicio de los compañeros, y más aún que echaran á mala parte mi sistemático arrinconamiento. Sorprende, en efecto, que personas conocedoras y hasta celebradoras de mis modestos frutos de Laboratorio censurasen precisamente aquellos hábitos y cualidades morales, absolutamente indispensables para el logro de tales frutos.

Estoy muy lejos de pretender —lo he dicho ya varias veces— que el hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios los pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura, las tertulias, etc. Mas todo á su hora, con medida y como quien toma un reconstituyente; cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo deseen los demás. Será egoísmo, pero egoísmo disculpable, porque sin él no hay labor seria posible.

Precisamente, y por compensación de la excesiva concentración de la vida de Laboratorio, he cultivado siempre en Madrid dos distracciones: los paseos al aire libre por los alrededores de la villa, y las tertulias de café.

¡Los alrededores de Madrid! No es cosa que yo los descubra ahora, vindicando una vez más al calumniado Manzanares y á la austera meseta castellana. Menester es tener sentido cromático de oruga para echar siempre de menos el verde mojado y uniforme de los países del Norte, y menospreciar la poesía penetrante del gris, del amarillo, del pardo y del azul. Ni es cierto tampoco que, en el paisaje de la Corte, falte la jugosa nota del verde. Lejos de ser páramos y eriales, los alrededores de Madrid — el Retiro, la Moncloa, la Casa de Campo, Amaniel, la Dehesa de la Villa, el Pardo, etc.—, son de lo más frondoso y pintoresco que poseemos en España. Vivimos en las faldas de una sierra, cuyo elegante perfil embellece nuestro horizonte y cuyas auras purifican nuestro ambiente. Y en la primavera y otoño la llanura castellana se ofrece cubierta de césped y salpicada de flores. En ninguna parte posee el paisaje contrastes más variados, según las estaciones. Cualquiera que sea la preocupación del espíritu, siempre hallaremos un rincón solitario cuya apacible belleza apague las vibraciones del dolor y abra nuevo cauce al pensamiento. ¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi memoria á tal sendero solitario de la Moncloa ó á un fresno ribereño del Manzanares, ó alguna colina de Amaniel ó de la Dehesa de la Villa, espléndidos miradores desde los cuales ostenta el Guadarrama, asomado entre pinos, toda su serena majestad!

Pero además del paisaje físico, conviene también al hombre de laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las flores del ingenio.

Á la verdad, en mis primeras tentativas exploratorias por las tertulias matritenses[2], fuí poco afortunado. Hallé desde luego, en el Café de Levante, una peña de antiguos camaradas, en su mayoría médicos militares, que yo había conocido durante la campaña cubana. Entre estos simpáticos compañeros reinaba franqueza fraternal, y á ratos su conversación era viva, chispeante é instructiva. Pero un hado adverso nos perseguía: casi todos los días, fatal, irremediablemente, los comentarios derivaban hacia la murmuración contra los superiores jerárquicos ó hacia el escalafón de Sanidad Militar; ese escalafón maldito, destructor de todo estímulo noble y de toda ambición generosa, rémora de la justicia, asilo de la gandulería y una de las mayores calamidades que padecemos en España.

Harto ya de oir hablar del «salto del tapón, de ascensos y cruces inmerecidas, de carreras escandalosas, de retiros en buena edad», etc., cuadréme un día y les dije sobre poco más ó menos:

—Señores, todo eso que ustedes cuentan sobre las cruces pensionadas, los ascensos de gracia y el escalafón, resulta muy interesante para la familia; pero en el mundo deben existir otras cosas quizás más interesantes todavía. Bueno es hablar de las estrellas de la bocamanga; pero de vez en cuando convendría platicar también de las estrellas del cielo y de las células, esas estrellas de la vida; laudable es preocuparse de ascender en la carrera; pero no estaría de más que procurásemos asimismo ascender algo, mediante el estudio y la reflexión, en el concepto de la propia estima; está perfectamente eso de prepararse para la vejez apacible y suculento retiro; pero hallo más urgente y honrado aún trabajar, durante la juventud, para merecerlo.

Á mis amistosos consejos contestaron con bromas y chirigotas; los más formales prometieron, sin embargo, enmendarse, aportando para lo sucesivo temas más variados y amenos; pero, transcurrida la semana, el hábito restableció su imperio, y reincidimos lamentablemente en los consabidos comentarios tocantes á los ascensos, camarillas y escalafón. ¡El mal carecía de remedio! Aquellos beneméritos compañeros, no exentos ciertamente de talento, aunque petrificados por la ociosa vida de campamentos, cuarteles y casinos, sólo leían la Gaceta y el Boletín de Sanidad Militar.

Con pena abandoné el trato de camaradas que evocaban en mi memoria trances de guerra y juveniles aventuras transatlánticas, y busqué otra tertulia donde esparcir el ánimo y vivificar las ociosas barbecheras cerebrales.

Creo que fué San Martín quien me presentó á la peña del Café Suizo, reunión de rancio y glorioso abolengo, pues en ella habían figurado políticos, literatos y hasta financieros insignes.

Aunque desde el aspecto político y literario la citada peña había venido á menos, gozaba todavía por aquel tiempo de justificado renombre. De allí salieron, según es notorio, Senadores universitarios, Catedráticos, Rectores, Consejeros y hasta Ministros... Tan famosas y comentadas llegaron á ser las discusiones de la peña, que ocurrió á menudo, y con grave riesgo de indiscreción, el hecho de formarse, en las inmediatas mesas, tertulias parásitas, ó de oyentes, las cuales, por el módico precio del café, adquirían el derecho de conocer nuestras ideas y murmurar á mansalva.

Entre los comensales, dominaban naturalmente los galenos, á la cabeza de los cuales figuraba D. Alejandro; mas colaboraban también abogados, propietarios, catedráticos de Universidad y, en fin, personas de toda laya y condición. Todo el mundo era admitido con tal de ser presentado por un socio formal, y á condición de someterse á las tres normas siguientes: 1.ª, guardar al discutir el debido respeto á las personas; 2.ª, discurrir de lo que no se entiende ó se entiende poco (tratábase de evitar las latas pedantes y académicas), y 3.ª, olvidar á la salida todos los desatinos é incoherencias provocados por el estímulo del café ó por los horrores de la digestión. Porque importa notar que nuestra reunión se celebraba en las primeras horas de la tarde, y pocas veces duraba más de una. De esta suerte, al levantarse la sesión, los cerebros hallábanse caldeados, pero ágiles todavía para la cotidiana labor. Bueno es divagar algo todos los días; fuera, empero, peligroso prolongar el diástole de la mente á expensas del sístole del trabajo.

Á propósito de la citada regla «de olvidar á la salida las conversaciones de la tertulia», solía advertirnos San Martín, siempre circunspecto y meticuloso en sus opiniones: «Conste, señores, que no respondo fuera de aquí de los disparates y tonterías que ustedes me hayan obligado á decir.» Que tan prudente consejo fué rigurosamente observado, lo persuade el hecho de que durante más de veinte años de casi diarias controversias, algunas harto acaloradas, jamás tuvimos un disgusto.

Con pena recuerdo ahora las renovaciones que el tiempo y la muerte impusieron á nuestra querida peña del Suizo. Estas tertulias son cuerpos vivos con juventud, madurez y decadencia; y, á semejanza de todo organismo, se nutren, crecen, asimilan y desasimilan. Nuevas células se incorporan á la colmena, mientras que otras ¡ay! perecen ó se extravían... ¡Y los muertos son ya legión!...

Á guisa de homenaje á los simpáticos compañeros desaparecidos, con quienes durante tantos años comulgamos diariamente «en espíritu y en verdad», desearía yo estampar aquí sus nombres, con los títulos éticos é intelectuales que les granjearon afecto y estima perdurables.

Pero fueron tantos, que, dada mi mala memoria, resulta imposible enumerarlos todos. Citaré, sin embargo, á los más asiduos y constantes: á Félix Rubio, abogado y propietario, dotado de excelente criterio, «caballero sin tacha y sin miedo», que debió haber sido militar, y que, no obstante su devoción por Silvela y sus ideas enérgicamente conservadoras, renunció á toda aspiración política, asqueado por la corrupción del sufragio y los desórdenes de la administración; al veterano Alderete, prototipo del castizo miliciano nacional, algo farolero y candoroso, pero de tan buenos sentimientos, que había salvado en diversos siniestros urbanos y ferroviarios á numerosas personas, mereciendo varias cruces de Beneficencia, que ostentaba arrogante en las procesiones cívicas del Dos de Mayo; á F. Aner, farmacéutico injertado en burócrata, espíritu rectilíneo, irreductible y apasionado en las polémicas, fervoroso de Proudhon y de Marx, tan austero que, habiendo podido ser rico, vivió y murió pobre[3], y tan optimista que, para él, la humanidad formaba un coro de ángeles, convertidos en demonios á causa de la nefasta intervención de reyes, magistrados y sacerdotes; al doctor Carlos de Vicente, carlista librepensador, algo misántropo, agudísimo y ocurrente, y que, educado en París, lucía un esprit français de la más fina especie; al Dr. López Silva, médico y naturalista notable, llamado por antonomasia «la gran persona ó la persona» á causa de su bondad angelical, el cual tenía la costumbre de retratar á todas las gentes de que se hablaba, caracterizándolas con rasgos típicos tomados de la Zoología; al sabio profesor de Literatura don A. Sánchez Moguel, archivo inagotable de dichos y anécdotas tocantes á personajes políticos y literarios, referidos con viveza y gracejo insuperables, y cuyo trato resultaba á veces algo difícil por consecuencia de una vanidad vidriosa é irritable, impropia de talento tan sólido y brillante; al Dr. Thous, católico ferviente, médico estudioso, y á quien, á cambio de los buenos ratos que nos proporcionaba con su charla, ora satírica ora edificante, sólo le reprochábamos la debilidad, harto disculpable, de insistir demasiado en sus hazañas clínicas; á Fortanet, el conocido impresor, republicano fogoso y de buena fe; al célebre poeta Marcos Zapata, poco asiduo á la mesa, y cuyas agudezas y oportunidades, amén del relato de sus aventuras de bohemio, constituían el deleite de la reunión; al doctor B. Escribano, el último de los contertulios desaparecidos, sobrio y austero conversador, cuyas caídas inesperadas desconcertaban á los más afluentes parlanchines, etc.

La peña del Suizo continúa hoy completamente renovada, aunque algo decaída, después de la muerte del inolvidable San Martín. Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos catedráticos, si la discreción más elemental no me impusiera el silencio. Concretareme á citar á D. Joaquín Decref, á Castro y Pulido, á Ambrosio Rodríguez, al Dr. Isla, á Perico Valls, á Blas Cabrera, á Odón de Buen, á F. Martí, á Antonio Vela, á J. Ramírez Ramos, á Clodomiro Andrés, etc.

Yo debo mucho á la sabrosa tertulia del Suizo. Aparte ratos inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas cosas y me corregí de algunos defectos. Allí elevamos un poco el espíritu, exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de filósofos antiguos y modernos, desde Platón y Epicuro á Schopenhauer y Herbert Spencer; mostramos veneración y entusiasmo hacia el evolucionismo y sus pontífices, Darwin y Häckel, y abominamos de la soberbia satánica de Nietzsche. En el terreno literario, nuestra mesa proclamó el naturalismo contra el romanticismo, y al revés, según los oradores de turno y el humor del momento. En torno de ella, Pepe Botella y San Martín, los más filarmónicos de la reunión, riñeron descomunales batallas en favor de Wagner, cuando en España apenas había más wagneristas que el regocijado Peña y Goñi.

Burla burlando[4], también nuestra peña hizo un poco de política. Sin afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del Suizo tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo. Ella comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre en el más acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la vida nacional; prorrumpió en gritos de indignación contra las arbitrariedades é injusticias del caciquismo, y lloró con lágrimas de rabia las inconsciencias é insensateces que prepararon las ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió clamorosamente la literatura de la regeneración; se recogieron firmas para el célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble campaña el malogrado apóstol de la europeización española[5]. Persuadidos con el «solitario de Graus» de que la prosperidad de nuestro país estriba en la «escuela y la despensa», expusimos y contrastamos reiteradamente los métodos de la pedagogía científica y las medidas políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar al menos, la incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en fecha recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea[6], que no es, como se complacen en propalar espíritus candorosos tocados de abogadismo incurable, el conflicto por los mercados ni la pugna entre dos concepciones antitéticas del Estado, sino muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el choque inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas por la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en suma, si á veces nos dejamos cautivar por el frívolo placer de la divagación ó de la chismografía, supimos también elevarnos á menudo sobre las pequeñas miserias de la vida, sentirnos cada vez más humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por senderos de paz y de amor hacia luminosos ideales...

Hora es ya de terminar esta larga digresión[7] (que acaso habrá aliviado al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis iniciativas científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893.

¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron, entre otros menos apremiantes, la estructura de la retina de los peces y aves, singularmente de la foseta central; la organización del Asta de Ammon y corteza occipital del cerebro, y, en fin, la disposición del gran simpático visceral. Cediendo á un hábito inveterado[8] en mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo, en las ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar alternativamente la atención por dos ó más campos de investigación: se aprovecha mejor el material de trabajo y rinden los métodos más rica cosecha. Aunque parezca paradójico, dos ó tres temas de estudio cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente la misma cuerda, acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada, cuando se siente uno en vena de producir, conviene forzar la suerte, acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería.

No tema el lector una exposición circunstanciada de mis trabajos de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar solamente las adquisiciones científicas más salientes.

Fig. 39.—Corte de la retina de la perca. Figura semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de mis investigaciones. —A, B, C, cauces específicos de la impresión recogida por los bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación recolectada por los conos; G, H, morfología de las células horizontales; a, i, elementos especiales de la retina de los peces.
Fig. 40.—Esquema de los cauces de conducción de la impresión cromática en la retina de los pájaros. Á la derecha, aparecen las vías de la foseta central, y á la izquierda, las homónimas del resto de la retina. —A, conos; B, célula bipolar para cono; C, corpúsculo ganglionar; a, células amacrinas; b, articulación entre el cono y bipolar en la foseta; c, articulación entre el cono y las bipolares en los territorios periféricos de la retina; d, f, articulación entre una célula gangliónica y varias bipolares.
Fig. 41.—Esquema de la arquitectura del asta de Ammon y fascia dentata, tal como aparece en los cortes transversales; en esta figura se han reproducido los principales tipos neuronales descritos por Golgi y Sala. —A, asta de Ammon; B, cuerpo abollonado ó fascia dentata; D, subículo; C, fimbria; a, pirámide superior; b, pirámide de la región inferior.
Fig. 42.—Esquema destinado á presentar la conexión establecida entre el axon de los granos de la fascia dentata y las gruesas pirámides del asta de Ammon (región inferior de ésta). —A, capa molecular de la fascia dentata; B, axon de los granos; C, pirámides grandes; D, fimbria; c, b, fibras aferentes llegadas de los centros olfativos secundarios; a, axon. Las flechas señalan la dirección de las corrientes.
Fig. 43.—Figura semiesquemática donde reproducimos nuestros principales hallazgos en la fascia dentata. —A, célula de axon ascendente; B y C, pirámides cuyo axon (a) se termina, mediante nidos ó cestas (e), que rodean el cuerpo de los granos; D, zona molecular; F, capa de los granos; E, zona plexiforme; e, cestas.
    Nota.—La región copiada en la presente figura corresponde al pequeño cuadrado trazado en el grabado precedente.
Fig. 44.—Mis principales hallazgos en el asta de Ammon (región superior), mostrados esquemáticamente.— A, B, neuronas cuyo axon ascendente se descompone en ramas arciformes, formadoras de nidos para los somas más profundos de la capa de las pirámides.— D, C, neuronas de axon tangencial constructores de nidos destinados á los cuerpos de las neuronas piramidales más superficiales; E, célula de axon ascendente (a); F, K, G, células de axon corto distribuído por el stratum radiatum; J, H, pirámides dislocadas cortas. La figura actual corresponde al cuadrado grande del esquema de la página 250.
Fig. 45.—Tipo especial de neurona multipolar exenta de cilindro-eje, que habita en torno de los ganglios de Auerbach y Meissner, entre las capas de fibras musculares y circulares del intestino, en la túnica externa de las arterias, y en fin, allí donde existe tejido muscular de fibra lisa.

1. Comencemos por la retina. Según recordará el lector, mis exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en Barcelona. Mas deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores, abarcando con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba, sobre todo, atacar el problema estructural de la fovea centralis, paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma acuidad visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material de trabajo. Al efecto, entablé tratos con un alimañero profesional, que me proveyó de culebras, lagartos, mochuelos, cornejas, lechuzas, gallipatos, salamandras, percas, truchas, etc., vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme varios ejemplares del interesantísimo camaleón, la joya de los reptiles, habitador constante de las dunas gaditanas. Con este copioso material mi cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis notas rebosaban de pormenores descriptivos. Tan rica mies movióme á adelantar una comunicación sobre la retina de los peces, que se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio Bolívar, en los Anales de la Sociedad de Historia Natural, y á redactar ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en La Cellule, reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma, resultó voluminoso libro que mereció, años después, los honores de una traducción alemana.

Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo citaré, de entre los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que hoy, leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida después, halagan más agradablemente mi vanidad de hombre de laboratorio.

    a) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy singularmente en los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á la de los mamíferos, de aquellos dos tipos de células bipolares hallados un año antes en la membrana visual de los mamíferos, esto es: la célula colosal de ramaje exterior articulado con los bastones, y la célula pequeña de dendritas discretas conexionadas con los conos. En la figura 39, que copia una sección de la retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos de bipolares. En ella aparecen también otros hallazgos menos importantes. Ejemplo: el de un tipo celular especial de la capa de los granos internos (I) y el del axon de diversos tipos de células horizontales (a, G, H).
    b) Desentrañamiento de la estructura de la foseta central de la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco conocida hasta entonces á causa del limitado poder revelador de los preparados comunes (cortes teñidos de hematoxilina, soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los cortes bien impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición, naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos mamíferos dotados de foseta), los pájaros y aves de rapiña (jilguero, golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón, animales donde los citados recursos analíticos muéstranse, por fortuna, singularmente propicios.
    Esta estructura especial aparece reproducida esquemáticamente en la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables de su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese cómo cada pie de estos corpúsculos visuales contrae articulación individual con un solo minúsculo penacho ascendente de célula bipolar (b). Tan exquisita independencia de los cauces visuales, mantiénese también en la zona plexiforme interna, donde se advierte que cada arborización inferior de bipolar de cono entra exclusivamente en contacto con el doble ramaje de un corpúsculo gangliónico (tercera neurona visual) (C). Para facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de la retina. Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de los conos con las bipolares no son individuales, sino colectivas y bastante difusas y extensas (c); lo que explica perfectamente la indistinción y vaguedad de las imágenes recogidas por dicho territorio retiniano. Á mayor abundamiento, cada ganglionar (C2) recoge las impresiones transmitidas por varias bipolares (f). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de la fovea hubiéranse organizado según este plan, habríanse frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de los conos, condiciones anatómicas decisivas, según es notorio, del exquisito poder diferenciador de la foseta. He aquí una nueva demostración de que la naturaleza procede siempre en sus creaciones con arreglo á la economía más estricta y á la más severa lógica.
    c) Confirmación en la retina embrionaria de la evolución de los neuroblastos, señalada por His, nosotros y v. Lenhossék en la médula espinal, y exposición de una hipótesis encaminada á explicar, ó al menos á hacer imaginable, el establecimiento en el adulto de conexiones interneuronales específicas. De esta concepción, llamada teoría quimiotáctica neurotrópica, trataré oportunamente. Consignaré ahora solamente que, según la referida hipótesis, se asigna al cono de crecimiento del axon embrionario la misma propiedad amiboidea atribuída á los leucocitos. Á semejanza de estos elementos, que marchan hacia los microbios orientándose por la dirección de las corrientes de difusión de las toxinas, el cono de crecimiento, impresionado por ciertas substancias estimulantes derramadas en el plasma intersticial, marcha también, crece y se orienta hacia los elementos productores de las mismas (corpúsculos musculares, neuronas situadas en planos distintos de los centros, etc.), acabando por establecer con ellos conexiones íntimas y estables. Admitida la diversidad y especificidad de las fuentes de materias reclamos ó quimiotácticas positivas, esclarécese no sólo el automatismo de la asociación interneuronal ó entre neuronas y elementos extranerviosos (por ejemplo, con las fibras musculares), sino el hecho sorprendente de que semejantes alianzas dinámicas se establezcan sin errores, no dándose jamás el caso de que un corpúsculo muscular, por ejemplo, carezca de terminación nerviosa adecuada ni de que una arborización terminal axónica esté privada de conexión celular específica.

2. Otro de los temas en cuya elucidación puse toda mi atención, fué la estructura del asta de Ammon, el centro asociativo más antiguo del cerebro, el almacén de los recuerdos olfativos y de las reacciones motrices correspondientes.

Ha dicho B. Croce «que toda obra científica es también una obra de arte», afirmación afín del pensamiento, tantas veces repetido, de que «la naturaleza es la obra de un artista divino». Y esta hermosura no toca solamente al orden intelectual, á la exquisita adecuación entre los medios y los fines; en las ciencias naturales reviste á menudo formas plásticas admirables, según dejamos notado en capítulos anteriores. De donde resulta que, por pobre é incompleta que sea la visión objetiva del científico, siempre conservará un reflejo de la belleza natural. Y aún podría afirmarse que los elementos ilógicos y antiestéticos contenidos en la concepción científica de un fenómeno implican necesariamente error ó incompresión ideal del copista.

Mas, dejando á un lado este linaje de consideraciones, recordaré que uno de los estímulos que me llevaron á escudriñar el asta de Ammon y fascia dentata, fué la elegante arquitectura ofrecida por las células y estratos de estos centros, revelada por el ilustre Golgi en su obra magistral. Adornan, en efecto, al asta de Ammon y cuerpo abollonado, muchos rasgos de la sencilla belleza de la corteza cerebelosa. Sus células piramidales, comparables á plantas de jardín —algo así como series de jacintos—, alinéanse en setos vivos que dibujan curvas graciosas. El examen de la figura 41 dará alguna idea de esta graciosa estratificación de las neuronas ammónicas. Inútil es notar que, aprovechando el privilegio de primer ocupante, el célebre investigador de Pavía hubo de recoger los datos anatómicos más valiosos respecto á la forma y disposición celulares de los mencionados órganos nerviosos. Y la obra del maestro fué completada en algunos puntos por sus discípulos Sala y Lugaro, así como por Schäffer, histólogo alemán.

Sin embargo, quedaba aún mucho filón virgen para los trabajadores de refresco. Era, sobre todo, indispensable explorar los corpúsculos de axon corto, insuficientemente estudiados por los susodichos sabios, y urgía además abordar el problema de las conexiones interneuronales, estableciendo en lo posible las vías recorridas por los impulsos sensoriales ó aferentes, tarea interesante apenas desflorada por los sabios de la escuela italiana.

Tales fueron los objetivos perseguidos por mí durante el año 1892, creo que con alguna fortuna. Los resultados obtenidos motivaron la redacción de extensa monografía, publicada primeramente en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural. En el mismo año, mi trabajo mereció la honra inestimable de ser traducido al alemán por el ilustre Kölliker, para su reputada Revista: Zeitschrift f. wissensch. Zoologie.

Fig. 46.—Plexos de neuronas asteriformes, generadoras de plexos en la zona glandular del intestino (B) y en el interior de las vellosidades (A).

Como hechos interesantes, fruto de propias pesquisas, mencionamos los siguientes:

    1.º Demostración de que el axon de los granos de la fascia dentata emite, durante todo su trayecto por la zona de las pirámides grandes, un sistema de rosáceas ó de excrecencias colaterales que se articulan con ciertos golfos y desigualdades características del tallo radial de las citadas células. En la figura 42, B, mostramos muy esquemáticamente (se ha prescindido de casi todos los elementos) esta interesante conexión entre los granos y las pirámides gigantes.
    2.º Hallazgo por debajo de la zona de los granos (fascia dentata) de varios tipos de corpúsculos piramidales cuyo axon corto ascendente constituye, ramificándose, elegantes y tupidas cestas envolventes del soma y tallos de los granos (véase la fig. 43, B, C, donde aparece también otro elemento, cuyo axon se ramifica en el espesor de la capa molecular) (A).
    3.º Encuentro en el asta de Ammon (región superior del stratum oriens) de multitud de neuronas de axon corto, cuyas ramas nerviosas generan también nidos complicados en torno del soma de las pirámides. En la figura 44, A, B, C, D, mostramos las dos principales variedades de corpúsculos de esta clase.
    4.º Señalamiento, por primera vez, de las ramas colaterales de la substancia blanca y de las fibras terminales llegadas del Alveus, ó conductores arborizados en las zonas plexiformes del asta de Ammon y fascia dentata (fig. 44, b).
    5.º Encuentro en el stratum radiatum de numerosas células de axon corto (fig. 44, F, G), así como algunas pirámides dislocadas (figura 44, H, J).
    6.º Determinación de las variantes morfológicas que separan las pirámides de la región inferior de la constitutiva de la superior del asta de Ammon. Caracterízanse estas últimas por exhibir tallo liso; mientras que las primeras muéstranlo erizado de excrecencias verrugosas para conexionarse con las rosáceas del axon de los granos.
    7.º Descripción de la neuroglia de dichos órganos.
    8.º Análisis detallado de los plexos nerviosos de los mismos y, en fin, estudio estructural del subiculum, etc.
    El citado folleto contiene, además, un estudio de la fina anatomía de la corteza esfenoidal del cerebro de los pequeños mamíferos.

3. Nuestra exploración acerca del gran simpático intestinal tuvo menos importancia. Encierra, sin embargo, bastantes hechos nuevos, entre los cuales citaremos:

    a) El hallazgo, en los ganglios de Meissner y Auerbach, de ciertas células estrelladas de largas expansiones, las cuales ingresan en los haces del plexo de igual nombre (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker).
    b) Descubrimiento de una variedad especial de células estrelladas pequeñas, yacentes en las mallas de dichos plexos y entre las capas de fibras musculares (confirmado por Dogiel, Lavilla y Kölliker) y caracterizadas por su carencia de cilindro-eje (fig. 45). Estos elementos fueron también demostrados en la rana por el método de Ehrlich.
    c) La presencia de colaterales nacidas de las fibras de paso de los ganglios y terminadas por arborizaciones libres en torno de las células de éstos (confirmado por Dogiel).
    d) La existencia de corpúsculos nerviosos especiales entre las glándulas y en el espesor de las vellosidades, etc., etc. (fig. 46).
    e) Análisis de las terminaciones nerviosas en las fibras lisas.
    f) Impregnación de las glándulas intestinales y de las fibrillas nerviosas de las vellosidades, etc., etc.

En el año de 1893 publicamos todavía otros trabajos de menor cuantía referentes á la corteza cerebral occipital de los pequeños mamíferos, y á los tumores malignos del hígado. En fin, dimos á la estampa nuevas observaciones sobre la estructura de la médula espinal y gran simpático.


EDICIÓN   Imprenta y Librería de Nicolás Moya, Madrid 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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1 Biblioenlaces[editar]

1.1 Índice del libro

TOMO II
Historia de mi labor científica

Dos palabras al lector  •  1. Me preparo para oposiciones a cátedras  •  2. Caigo enfermo con una afección pulmonar grave  •  3. Mi traslación a Valencia  •  4. Decido publicar mis trabajos en el extranjero  •  5. Mi traslación a la Cátedra de Histología de Barcelona  •  6. Algunos detalles tocantes a mis trabajos de 1888  •  7. Excesiva reserva de los sabios acerca de mis trabajos  •  8. Mi actividad continúa en aumento  •  9. Trabajos de 1891  •  10. Mi traslación a la Corte  •  11. Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio  •  12. La Sociedad Real de Londres me encarga la Croonian Lecture  •  13. Mis trabajos durante los años 1894, 1895 y 1896  •  14. Las teorías y los hechos  •  15. Mi producción en 1898 y 1899  •  16. Mi labor durante los años 1899 y 1900  •  17. Invitado por la Universidad Clark  •  16 bis. Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo  •  17 bis. Congreso médico internacional de 1903 celebrado en Madrid  •  18. Mis hallazgos con la nueva fórmula de impregnación argéntica  •  19. Trabajos del trienio 1905 a 1907  •  20. Honores y recompensas extraordinarios  •  21. Trabajos efectuados entre 1907 y 1917  •  22. Continúa la exposición de los trabajos del último decenio  •  23. Epílogo. Mi actividad docente y la multiplicación espiritual

Índice de la obra (dos volúmenes)

1.2 Biblioteca

Catálogo  •  Ayuda

2 Locuciones y expresiones[editar]

Artículo principal: locución
  • burla burlando:   como quien no quiere la cosa, sin darse cuenta de ello, disimuladamente (locución adverbial).
... Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco de política...


notas

  1. Red x.svgSibaris, Yes check.svgSíbaris: ciudad del golfo de Tarento, en Italia, célebre por la riqueza y el refinamiento de sus habitantes (→ sibarita).
  2. matritenses: madrileños.
  3. (nota del autor) Fué diputado provincial durante la República y gozó de gran predicamento entre los demócratas.
  4. burla burlando: locución.
  5. «literatura de la regeneración... el célebre manifiesto de Costa...»:   en reacción al Desastre del 98 -pérdida de los últimos territorios del Imperio español en Asia Y América- surgió a finales del siglo XIX el movimiento ideológico del regeneracionismo, uno de cuyos adalides principales fue el aragonés Joaquín Costa Martínez (1846-1911).
  6. horrenda guerra europea:   guerra franco-prusiana (1870-1871) entre el Segundo Imperio Francés y el Reino de Prusia.
  7. Yes check.svgdigresión, Red x.svgdisgresión (DLE en línea).
  8. hábito inveterado: en cierto modo todo hábito es 'inveterado' en tanto que 'arraigado'. Sin embargo, 'inveterado' refuerza el sentido de la temporalidad: 'arraigado de antiguo', hábito de hace años, de siempre (→DLE en línea).