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La avaricia es propiamente el ansia de guardar, de atesorar; y para esto, como medio más fácil y seguro, nada o poco gasta el avaro; es pues bueno para conservar riquezas, pero no para adquirirlas, mucho menos para aumentarlas, pues teme disminuirlas si las arriesga, aunque sea poco o en corta cantidad.

Lo opuesto del avaro es el codicioso que desea adquirir lo que el otro ya posee, y para ello siempre está arriesgando lo que siempre está adquiriendo y aumentando.

El avaro ve y cuenta las riquezas que no disfruta; vive en continuo sobresalto un vida miserabilísima, y espira sobre el intacto tesoro con el dolor de que lo dilapidarán sus herederos.

La avaricia es vicio de la vejez, la codicia de los hombres formados, así como la prodigalidad de los jóvenes.

El avaro es inútil y aun dañoso a la sociedad, porque separa las riquezas de la circulación; por la razón contraria la suele ser útil el codicioso.

Referencias[editar]

Calandrelli, M., Diccionario filológico-comparado de la lengua castellana, Buenos Aires, 1880-1916, 12 vol.