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Cuando atribuímos a un substantivo la cualidad expresada por un adjetivo, podemos atribuírsela de un modo absoluto o de un modo relativo. Cuando se la atribuímos de un modo absoluto, podemos hacerlo también de dos modos:

  • le atribuímos la cualidad simplemente y tal como la expresa el adjetivo;
  • se la atribuímos restringiéndola o reforzándola.

En el primer caso, el adjetivo no necesita de ninguna determinación:

el vino es bueno; Juan es severo

En el segundo anteponemos al adjetivo un adverbio de cantidad o de modo:

el vino es muy bueno
Juan es algo severo, Juan es bastante severo, Juan es muy severo

También se refuerza la significación del adjetivo añadiéndole un substantivo cognado con la preposición de:

es imposible de toda imposibilidad

Cuando la cualidad indicada por el adjetivo se la atribuímos al nombre de un modo relativo, hemos de distinguir también los dos casos siguientes:

1) Aquel en que la cualidad conviene al substantivo sólo con relación a otro nombre o concepto substantivo, y no de otro modo:

el vino es bueno para emborrachar
Juan es severo en el cumplimiento de sus deberes

2) Aquel en que, conviniendo la cualidad al substantivo en todos conceptos, comparamos el sujeto que la ostenta con otro u otros en que también se halla dicha cualidad:

el agua es mejor que el vino
Juan es tan severo como Pedro, o más severo o menos severo que Pedro
Juan es el más aplicado de mis discípulos

Entre los dos casos indicados en el párrafo anterior existe notable diferencia, que conviene señalar, pues en el primero se establece la relación entre dos nombres, de los cuales sólo a uno conviene el adjetivo, aunque siempre con relación al otro, al par que en el segundo se establece la relación entre dos substantivos que posean la misma cualidad, y se comparan sirviendo de medida para la comparación el grado o cantidad en que la poseen. Así, al decir «Juan es más severo que Pedro», se expresan de un modo sintético los tres juicios siguientes: Juan es severo; Pedro también es severo, pero la severidad de Juan es mayor que la severidad de Pedro.

Si decimos «Juan es severo», no expresamos con la debida exactitud lo que es Juan, por no precisar ni concretar la significación del adjetivo severo, que podrá tomarse, en tal caso, ya como elogio de Juan, ya como censura, porque esa severidad puede recaer sobre el mismo Juan o sobre otros, ya que el adjetivo severo puede tener sentido activo o pasivo. Pues bien: esto se determina por medio de la preposición que lleve el vocablo que viene a completar la significación del adjetivo severo, pues si decimos «Juan es severo para con sus criados», indicamos que es áspero o duro en el trato que les da; pero si decimos «Juan es severo en el cumplimiento de sus deberes», expresamos que es exacto, puntual y rígido en la observancia de sus obligaciones. En el primer caso la severidad de Juan recae sobre los criados; en el segundo, sobre el mismo Juan.

El vocablo complemento del adjetivo puede ser un nombre, un pronombre o un infinitivo con preposición, y también un adverbio o modo adverbial, como puede verse en los siguientes ejemplos:

a) Un nombre con preposición:

dócil a la advertencia; limítrofe cox Francia
oriundo de Sajonia; propio para el caso
expedito en los negocios; bravo hasta la muerte
noble por linaje; libre sin costas, o bajo fianza
disculpable entre amigos; blanco hacia la cola

b) Un pronombre:

relativo a esto, eso, aquello; generoso con ella
ridículo en o entre nosotros
útil para vosotros, para alguien, para quien lo entienda

c) Un infinitivo:

ágil para correr; harto de esperar; tenaz en pretender
pronto a transigir; contenta con bailar

d) Adverbios o modos adverbiales:

vacio por dextro; feo de cerca
bueno para hoy; viuda desde ayer

Por lo general los adjetivos que denotan cariño, adhesión y dependencia se construyen con la preposición a:

adicto, afecto a tal o cual persona; sumiso, sujeto a tal otra

Los que significan ciertas cualidades físicas, morales o abstractas en que sobresalen o se distinguen personas o cosas, piden con frecuencia la preposición de:

alto de talle; blando de condición; duro de pelar
flaco de memoria; fácil, o difícil, de lograr

Los que principian con la preposición castellana en o la latina in, suelen tener la primera en el vocablo que les sirve de complemento:

envuelto en papel; inserto en la circular

También los que expresan ciencia o maestría:

diestro en esgrima; docto en jurisprudencia
versado en cánones; perito en agricultura

Los que indican disposición feliz para alguna cosa o al contrario, piden la preposición para:

apto, o inepto, para tal empleo; útil, o inútil, para la labranza
hábil, o inhábil, para mandar

Aunque por su origen y por su forma sean comparativos los vocablos superior, inferior, exterior, interior, ulterior, citerior, anterior y posterior, no lo son por su significación, y se construyen, por lo tanto, según las reglas dadas en este capítulo; y lo mismo los adjetivos mayor y menor cuando pierden su significación comparativa en locuciones como Antonio es mayor de edad, o menor de edad.

Referencias

Real Academia Española, Gramática de la lengua castellana, nueva edición, reformada, Madrid, 1917.