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El verdadero caudal de erudición no consiste en hacinar muchas noticias, sino en recoger con elección las útiles y necesarias.

FÁBULA XLVII
    A una Mona
Muy taimada
Dijo un día
Cierta Urraca:
"Si viniera
A mi estancia,
¡Cuántas cosas
Te enseñara!
Tú bien sabes
Con qué maña[1]
Robo, y guardo
Mil alhajas.
Ven, si quieres,
Y veráslas
Escondidas
Tras de una arca."
La otra dijo:
"Vaya en gracia;"
Y al paraje
La acompaña.
    Fué sacando
Doña Urraca
Una liga
Colorada,
Un tontillo
De casaca,
Una hebilla,
Dos medallas,
La contera
De una espada,
Medio peine,
Y una vaina
De tijeras;
Una gasa,
Un mal cabo
De navaja,
Tres clavijas
De guitarra,
Y otras muchas
Zarandajas.
    "¿Qué tal? dijo;
Vaya, hermana,
¿No me envidia?
¿No se pasma?
A fe que otra
De mi casta
En riqueza
No me iguala."
Nuestra Mona
La miraba
Con un gesto
De bellaca;
Y al fin dijo:
"¡Patarata!
Has juntado
Lindas maulas.
Aquí tienes
Quien te gana,
Porque es útil
Lo que guarda.
Si no, mira
Mis quijadas.
Bajo de ellas,
Camarada,
Hay dos buches
O papadas,
Que se encogen
Y se ensanchan.
Como aquello
Que me basta,
Y el sobrante
Guardo en ambas
Para cuando
Me haga falta.
Tú amontonas
Mentecata,
Trapos viejos,
Y morralla;
Mas yo, nueces,
Avellanas,
Dulces, carne
Y otras cuantas
Provisiones
Necesarias."
    Y esta Mona
Redomada
¿Habló sólo
Con la Urraca?
Me parece
Que más habla
Con algunos
Que hacen gala
De confusas
Misceláneas
Y fárrago
Sin substancia.
Tomás de Iriarte (1750-1791)
EDICIÓN   Oxford University Press, 1917
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
leermas.gif BIBLIO info

notas

  1. Con Red x.svgque/Yes check.svgqué mañaque


Del mismo libro (L4):
Plantilla:Textos Fábulas literarias Iriarte (L4)