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El diálogo es el reflejo de la conversación entre dos o más personas.

Algunas veces se encuentran en medio de la narración de un hecho, como sucede con frecuencia en la novela. Otras veces forma una composición literaria completa, como ocurre en teatro, en donde el autor no habla en su propio nombre, sino que hace que sus personajes se dejen conocer por sus palabras.

En la reproducción de los diálogos de obras narrativas, se ha seguido tradicionalmente una disposición ortotipográfica específica basada en el uso de rayas. Este artículo describe estas reglas, que se pueden aplicar también, por ejemplo, a las conversaciones por chat (con otras personas o con inteligencia artificial) y sistemas similares que tienen un marcado carácter oral, aunque sean escritos.

Los diálogos deben distinguirse de los pensamientos, que tienen una disposición ortotipográfica distinta (con comillas, en lugar de con rayas). Los pensamientos en voz alta, es decir, cuando no se habla a una persona, se suelen tratar como los otros pensamientos. También las transcripciones de lo que suena en una radio u otro aparato, así como las transmisiones telepáticas en obras de ciencia ficción, se suelen escribir entrecomilladas.

1 Reglas generales

En los diálogos de obras narrativas se entrelazan el discurso del narrador y las intervenciones de las personas que conversan. A veces, puede ser la intervención de una sola persona, que se trata de igual modo que el resto de los diálogos, aunque en textos donde lo dicho por los personajes apenas se menciona (es decir, brevemente y de modo muy ocasional) es frecuente el tratamiento como cita, con comillas. Pueden ser también parte de recuerdos, de citas, etc., que se puntúan de igual modo. Incluso puede ser futuros, imaginados.

Para puntuar los diálogos, es decir, para estructurarlos, el principal recurso ortográfico es la raya (o guion largo):

—No viene —dijo Juan—. Allá él.

Aquí, «No viene. Allá él» es la intervención del personaje, mientras que «dijo Juan» es un comentario del narrador.

La raya de apertura va seguida de la intervención sin espacio alguno. No es correcto:

Red x.svg — No viene —dijo Juan—. Allá él.

Cada intervención de un personaje comienza un nuevo párrafo. En escritos de lingüística no es raro que se prescinda de esta norma cuando se dan ejemplos con varias intervenciones (breves) de corrido, pero es una disposición que obedece a una necesidad ortotipográfica específica que no es aplicable a las obras narrativas. El párrafo lleva la sangría general del resto de los párrafos.

Sigue un ejemplo más extenso:

    —¡Qué asuntos tan comunes! ¡Qué bajeza de ideas! —exclamaba de modo que le pudieran oír todos los circunstantes—. ¿Y para esto se escriben comedias? ¿Pero no oye usted que esa señora está diciendo las mismas necedades que diría doña Mariquita o doña Gumersinda, o la tía Candungas? Que si tuvo un pariente obispo; que si las monjas educaron a la niña sin artificios ni embelecos; que la muy piojosa se casó a los diez y nueve con D. Epifanio; que parió veintidós hijos... así reventara la maldita vieja.
    —Pero oigamos —dije yo, sin poder aguantar las importunidades del caudillo—, y luego nos burlaremos de Moratín.
    —Es que no puedo sufrir tales despropósitos —continuó—. No se viene al teatro para ver lo que a todas horas se ve en las calles y en casa de cada quisque.

Benito Pérez Galdós, La Corte de Carlos IV

1.1 Tipos de comentarios del narrador

Los comentarios del narrador pueden ser de tres tipos (que a veces se pueden combinar). La puntuación varía en función del tipo de intervención:

  • un verbo de habla, entendimiento, pensamiento, opinión o similar (o un giro equivalente) que se refiere a lo que antecede:
—No viene —dijo—. Allá él.
—¿Vienes? —me replicó con sorna.
—Idiota —escuchó atónito.
—Porque yo lo digo —se atrevió a contestar.
—No me lo creo —fueron sus palabras.
—Buena idea —sonrió. [~ dijo sonriendo]
pero
—Buena idea. —Sonrió. [Tras decirlo, sonrió; dos acciones distintas]
El verbo podría quedar elidido:
—¿Qué? ¿Fue ayer? —con tono de sorpresa.
Cuando el comentario coincide con el final del párrafo, se omite la raya final:
—No viene —dijo.
—¿Cómo pudiste hacerme eso? —le preguntó amargamente.
  • un verbo de habla, entendimiento, pensamiento, opinión o similar con que se introduce lo que sigue:
—No viene. —Y añadió—: Allá él.
Cuando se comienza con la introducción, se compone en línea aparte:
Y añadió:
—Allá él.
  • una descripción de las acciones de los personajes u otros comentarios del narrador.
—No viene. —Hizo una pausa y puso cara de indiferencia—. Allá él.
Los comentarios de este tipo también suelen ir en línea aparte en lugar de al comienzo o al final de la intervención. Se tratan de igual modo todas las descripciones de este tipo, aunque tengan verbos de comunicación; es decir, la presencia de un verbo de decir no implica necesariamente la minúscula, sino solo si remite a lo anterior. Por ejemplo, va con mayúscula en:
—No viene. —Es algo que dijo como suele hacer cuando está irritado, con parsimonia—. Allá él.
—Seguro que iré con vosotros. —Dijo esto mismo el mes anterior, pero no lo cumplió—. De verdad, iré —insistió.

1.2 Puntuación según la posición

A continuación se dan ejemplos de diferentes casos.

  • Cuando el comentario del narrador se intercala entre dos palabras:
—La verdad —dijo— es que no lo hice.
—La verdad —su rostro reflejaba pesar— es que no lo hice.
  • Cuando coincide con una coma o un punto y coma, y a veces con dos puntos:
—Si he de ser franco —dijo—, no lo hice.
—Si he de ser franco —su rostro reflejaba pesar—, no lo hice.
—Esto es lo que había —aclaró—: arbustos y rastrojos.
  • Cuando coincide con un punto pueden darse varios casos. Por ejemplo:
—No viene —dijo—. Allá él.
—No viene —dijo con pesar, y añadió—: Allá él.
—No viene —dijo con pesar. Luego añadió—: Allá él.
—No viene —dijo. Puso cara de indiferencia—. Allá él.
—No viene. —Hizo una pausa y puso cara de indiferencia—. Allá él.
—No viene. —Hizo una pausa y añadió—: Allá él.
—No viene. —¿Acaso no se lo esperaba?—. Allá él.
—Lucía —la miró fijamente—, debes hacer lo que sea mejor.

El segundo se puede considerar una combinación de «—No viene —dijo con pesar—. Allá él» y «—No viene. —Y añadió—: Allá él». Obsérvese que los dos puntos en este caso coinciden con el cambio de oración y que el punto se omite.

1.3 Coma con gerundios y participios

Es frecuente que el verbo de comunicación o equivalente vaya seguido de un gerundio o un participio. Este elemento puede ir precedido de coma si se presenta como información accesoria o por otras razones. Se puede establecer un contraste como:

¡Genial! —le dije entusiasmada. [El modo en que lo dije].
¡Genial! —le dije, entusiasmada. [Cómo me sentía].

En ocasiones puede ir un complemento preposicional o un adjetivo, al que se le aplica el mismo criterio.

2 Casos especiales

2.1 Exclamaciones, interrogaciones, puntos suspensivos

En el siguiente ejemplo, la intercalación del inciso al final de la primera oración hace que el punto no quede implícito en la exclamación, pues ya no coincide con él:

—¡No viene! —dijo—. Allá él.

En cambio, en la siguiente sí sigue coincidiendo con el punto:

—¡No viene! —Hizo una pausa y añadió—: Allá él.

Idéntico criterio se aplica a los puntos suspensivos:

No sé..., bueno... —dijo indeciso—. Mira, sí, me vendrá bien salir.
Sí, pero... —no estaba seguro de si continuar— fue realmente María quien lo hizo.

No se añade un segundo signo de puntos suspensivos tras la intervención del narrador:

Red x.svg Sí, pero... —no estaba seguro de si continuar— ... fue realmente María quien lo hizo.

La intervención del narrador puede ir en una pregunta del personaje:

¿De verdad quieres que esté aquí todo el día —preguntó molesto— por si te dignas en aparecer?

2.2 Intervenciones de varios párrafos

Para indicar que una intervención continúa en un nuevo párrafo, este se marca se marca con una comilla de seguir al comienzo. No se añade una comilla de cierre al final del último párrafo, puesto que no hay antes una de abrir. Un tuit de la RAE recomienda que las intervenciones del narrador al final de un párrafo se cierren con raya (no aclara si también en el último de la intervención), igual que si fuera un inciso de la propia narración:

—Era una noche oscura y tenebrosa.
»Los lobos aullaban, los búhos ululaban.
»Los árboles parecían fantasmas —continuó—.
»Pero aun así, para que veas, salí a comprar el pan.
—Tampoco te pido tanto... —repuso Ismael.

Ha sido usual componerlo según la pauta general, sin cerrar al final de párrafo, como cualquier otra intervención del narrador.

—Era una noche oscura y tenebrosa.
»Los lobos aullaban, los búhos ululaban.
»Los árboles parecían fantasmas —continuó.
»Pero aun así, para que veas, salí a comprar el pan.
—Tampoco te pido tanto... —repuso Ismael.

De preferirse las comillas inglesas sería ” en lugar de ». Es posible comenzar un párrafo tras una intervención del narrador si, por su contenido, le correspondería normalmente. No es correcto comenzar cada uno de estos párrafos consecutivos de una intervención con rayas:

—Era una noche oscura y tenebrosa.
—Los lobos aullaban, los búhos ululaban. Red x.svg
—Los árboles parecían fantasmas —continuó—. Red x.svg
—Pero aun así, para que veas, salí a comprar el pan. Red x.svg
—Tampoco te pido tanto... —repuso Ismael.

Las intervenciones del narrador en casos así no van como párrafos, sino, como se muestra en el ejemplo anterior, al final de la correspondiente intervención.

No se puede intercalar un párrafo del narrador y luego seguir con comillas de seguir. La intervención puede ir al final del párrafo con una raya:

—La salida está cerrada.
»Creo que mejor damos la vuelta. —Giró rápidamente—.
»No está lejos.

Pero no:

—La salida está cerrada.
»Creo que mejor damos la vuelta.
Giró rápidamente. Red x.svg
»No está lejos.

Si la interrupción es más larga, se trata como dos intervenciones separadas.

2.3 Diálogos en diálogos

Rara vez se incluye un diálogo en una intervención. Martínez de Sousa en el DTL (en «comillas», p. 46) propone la siguiente disposición:

—El diálogo se desarrolló de esta forma:
 »“—Yo no he sido —gritó Antonio.
 »”—Pero has colaborado —aseguró Rafael”.
»Pero allí no se aclaró nadie.

Obsérvese que el diálogo interior completo está entrecomillado y con comillas de seguir. De esa forma queda claro que el último párrafo es de la intervención principal, no del diálogo interior. Otra opción podría ser tratar el diálogo interior como una cita exenta:

—El diálogo se desarrolló de esta forma:
     —Yo no he sido —gritó Antonio.
     —Pero has colaborado —aseguró Rafael.
»Pero allí no se aclaró nadie.

Cuando simplemente se hace una cita en un diálogo, bastan las comillas:

—Me dijo: «Siéntate». Pero no había ni silla, ni sofá, ni nada.
—¿Y qué hiciste?
—Le pregunté: «¿Pero dónde?», y la respuesta fue «¡Pues en el suelo!».
—¿Puedes leerme cómo comienza la novela con la que estás ahora?
—«En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme».

Cuando se usan comillas de seguir (»), puede ser mejor marcar las citas con “” en lugar de con «».

Se puede tratar igual que las citas, es decir, exento o entre comillas, con comillas de seguir al comienzo de cada párrafo en el segundo caso (antes de la raya, en su caso).

Un caso es la repetición de puerta en el siguiente diálogo de la página 423:
     —La puerta está cerrada —dijo como excusa.
     —Pues si la puerta está cerrada, se abre la puerta.
     Tras una pausa, repuso:
     —La puerta está cerrada, y una puerta es una puerta.
Un caso es la repetición de puerta en el siguiente diálogo de la página 423:
«—La puerta está cerrada —dijo como excusa.
»—Pues si la puerta está cerrada, se abre la puerta.
»Tras una pausa, repuso:
»—La puerta está cerrada, y una puerta es una puerta».

Cuando se cita una intervención en el texto corrido, se omiten las rayas:

Le dijo: «Pues si la puerta está cerrada, se abre la puerta». Pero insistió en que una puerta es una puerta.

Dado que las intervenciones no van entrecomilladas, para las citas se siguen empleando las comillas principales en el texto (que son preferentemente las latinas):

—«Te creo», me dijo, pero no muy convencido.

Una situación poco frecuente, pero no imposible, es el comienzo con una cita de un párrafo con comillas de seguimiento. Para evitar la combinación anómala »« se recurre a las comillas inglesas.

—Le conté todo lo que pasó, con todo detalle.
»“Te creo”, me dijo, pero no muy convencido.
»Y en eso quedó la cosa.

2.6 Diálogo interrumpido

Es posible interrumpir una intervención con otra, para lo cual se emplean puntos suspensivos:

—Todo lo que estás haciendo es...
—¡Cállate!
—... una miserable forma de...
—¡He dicho que te calles!

El lugar en que se retoma la frase interrumpida, si no se comienza otra, se marca con puntos suspensivos, seguidos de espacio. Si la frase continúa, la primera palabra va en minúscula, pero si tras la interrupción se empieza una nueva oración, va con mayúscula inicial. Idéntico criterio se sigue si media un párrafo del narrador.

2.7 Silencios

El silencio de un personaje se puede representar con puntos suspensivos:

—¿Lo hiciste tú?
—...
—No creas que por callar te vas a librar.

2.8 Intervenciones en otras lenguas

Las intervenciones de personajes que hablan otras lenguas pueden tratarse como extranjerismos, por lo que irían en cursiva, pero no es raro tratarlas igual que las citas, en las que no es necesaria la cursiva:

Se acercó y le preguntó al último de la cola:
Do you know where this bus leads to?
Nowhere —fue la intrigante respuesta.
Se acercó y le preguntó al último de la cola:
—Do you know where this bus leads to?
—Nowhere —fue la intrigante respuesta.

2.9 Intervenciones sin respuesta

No dejan de ser intervenciones habladas y se tratan de igual modo:

Llegaron entonces a una encrucijada. «Con esto no contaba», pensó Alicia.
—¿Qué camino tomamos? —preguntó.
Nadie supo qué contestar.

No obstante, en ocasiones se tratan como los pensamientos, entre comillas:

Llegaron entonces a una encrucijada. «Con esto no contaba», pensó Alicia. «¿Qué camino tomamos?», preguntó. Nadie supo qué contestar.

3 Sistema anglosajón

Este sistema, tomado del inglés, prescinde de las rayas y solo usa comillas:

«La casa está vacía», dijo, «pero algo en ella...»
«Sí, a mí me aterra entrar», repuso Lucía.

Este mismo diálogo según las pautas españolas es:

—La casa está vacía —dijo—, pero algo en ella...
—Sí, a mí me aterra entrar —repuso Lucía.

4 Enlaces y referencias

Este artículo fue seleccionado como destacado el 20 de abril de 2026.