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Siempre que un nombre se una a otro con la preposición de, significando relación de propiedad, posesión o pertenencia, o también la materia de que está hecha una cosa, como en casa de madera, anillo de oro, diremos que el nombre que lleva antepuesta dicha preposición está en genitivo, distinguiendo el genitivo de propiedad y el genitivo de materia.

La locución vino de Jerez puede tener dos significaciones: o bien se indica con ella que el sujeto de quien hablamos llegó de la ciudad denominada Jerez, o que tratamos del líquido espiritoso que se cría o elabora en la dicha ciudad. En el primer caso indicamos la procedencia, el punto de partida de la acción del verbo venir, y en el segundo, el punto de que es propio el vino, mejor que la procedencia, pues no será de Jerez, aunque de allí proceda, si no ha sido criado en los viñedos de la mencionada ciudad o elaborado en ella. En esta última acepción podemos substituir la locución de Jerez, o sea la preposición y el nombre, por un adjetivo, y decir vino jerezano, y en la primera no. Lo mismo podemos hacer en las locuciones casa del padre y naranjas de Valencia, equivalentes a casa paterna y naranjas valencianas.

Referencias

Real Academia Española, Gramática de la lengua castellana, nueva edición, reformada, Madrid, 1917.