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La puntuación es uno de los problemas ortográficos más complejos y, a menudo, es una cuestión de estilo literario. En ocasiones, solo una lectura atenta dará la puntuación que dé el sentido correcto al texto. Compárense, por ejemplo:

Lo que ofreció Luis, lo rechazó.
Lo que ofreció, Luis lo rechazó.
Corramos o no, cogeremos el avión.
Corramos, o no cogeremos el avión.
Dijo que no, lo mató y se fue.
Dijo que no lo mató y se fue.

Se suelen considerar dos estilos de puntuación. En el suelto se busca no obstruir el texto con un exceso de signos y agilizar la lectura. El estilo opuesto, conocido como apretado, busca poner de relieve cada inflexión sintáctica o fonética y así forzar una lectura más pausada.

La puntuación no siempre refleja las pausas orales, sino que más a menudo establece relaciones lógicas, de sintaxis y de sentido, entre los diferentes elementos del texto.

La ortografía académica solo recoge los usos más característicos de los signos (y algunos especializados) que se pueden encontrar en los textos generales. No le puede dar cabida a todos los usos específicos de las muy diversas disciplinas (que son muchos), ni tampoco a los estilísticos (que se establecen para obras concretas en función de sus necesidades), lo que entra en el campo, sobre todo, de la ortotipografía.


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