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* [https://www.fundeu.es/recomendacion/estilo-directo-e-indirecto-521/ FundéuRAE: citas en noticias, claves de redacción]
 
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* [https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/7997/1/20100430112631.pdf DADUN pdf]
 
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== CAPÍTULO XXII ==
 
Continúa la exposición de los trabajos del último decenio. — Algunos métodos nuevos de investigación: el del formol-urano para la coloración del aparato endocelular de Golgi y el del sublimado-oro para la impregnación de la neuroglia de tipo protoplásmico. — Principales resultados obtenidos en los nervios y centros con estas nuevas fórmulas. — Investigaciones sobre el ojo y retina de los insectos. — La retina de los cefalópodos. — Tres libros publicados durante dicho decenio. — Algunas distinciones honoríficas recibidas durante los últimos años.
 
 
I
 
nvestigaciones técnicas.—Sin olvidar mis favoritos estudios sobre el importante problema de la regeneración del sistema nervioso, fueron los años 1912 y 1913 preferentemente consagrados a investigaciones metodológicas. Estas exigen atención, paciencia y laboriosidad extraordinarias. Cuando aplicamos una fórmula de teñido selectivo imaginada por cualquier sabio, no sospechamos siquiera la cantidad formidable de labor experimental, los interminables tanteos y probaturas que exigió, primeramente, el encuentro fortuito de la reacción nueva y útil, y, después, la empresa de fijar exactamente las condiciones óptimas del éxito favorable. Admiración compasiva, más que envidia ruin, debieran inspirarnos los raros triunfadores en este orden de pesquisas. ¡Oh, las febriles é impacientes horas en que se espera ansiosamente la reacción afortunada[p. 548] que coquetea sin entregarse!... Porque lo más grave en esta clase de trabajos es que se pueden consumir en ellos años enteros sin tropezar con nada que valga la pena. Y nada digo de la decepción causada por el hallazgo eventual de reacciones interesantes que después, á despecho de obstinadas probaturas, no se dignan reaparecer[276].
 
 
Sirvan estos comentarios de excusa á la escasez de comunicaciones de los años 1913 y 1914, época del recrudecimiento de mis indagaciones técnicas, escasez debida también, según relataré después, al hecho de hallarme á la sazón ocupado en la redacción de dos libros de conjunto sobre materias muy diferentes.
 
 
Mi primera preocupación metodológica se enderezó al hallazgo de algún proceder fácil y constante de impregnación argéntica del aparato reticular de Golgi, del cual había yo encontrado en la fibra muscular de los insectos (1890) un probable antecedente[277]. Recordará el lector que[p. 549] dicho retículo intracelular fué señalado por Golgi en las células nerviosas (1898) y observado después en otros tejidos por sus discípulos Negri, Veratti, Pensa, Marcora, Vechi, etc. (y fuera de Italia por Holmgren, Retzius, Kopsch, Misch, Bergen, Weigl, etc.).
 
 
Pero la fórmula imaginada por Golgi y modificada por su discípulo Veratti era sumamente aleatoria y difícil. Tampoco la de Kopsch (ácido ósmico al 2 por 100) daba plena satisfacción. Algo más constante, aunque inaplicable á muchos tejidos, se mostraba cierta variante del método del nitrato de plata reducido, con la cual conseguí desde 1903 impregnar el citado retículo de los invertebrados y el de algunas células epiteliales de los mamíferos jóvenes. Animado, sin duda, por estos relativos éxitos míos, Golgi, que laboraba en la misma dirección, modificó felizmente mi fórmula argéntica con la adición de un fijador: el ácido arsenioso. La reacción parda recaída en las trabéculas de dicho aparato, resultó más rápida y constante que en las fórmulas anteriores. Gracias á ella, la escuela de Pavía (Perroncito, Verson, Riquier, etc.) y en el extranjero Deineka, Legendre y otros, ensancharon nuestro concepto del comportamiento y significación del susodicho organito intraprotoplásmico, permitiendo además abordar el tema interesante de sus metamorfosis durante la multiplicación celular (Perroncito y Deineka).
 
 
La nueva fórmula del sabio de Pavía adolecía aún de algunos inconvenientes. Uno de ellos consistía en el depósito difuso de plata reducida, que enmascaraba la reacción útil, obligando (Veratti) al empleo de reactivos aclarado[p. 550]res de acción oxidante y de difícil manejo. En fin, el método fracasaba todavía en algunos órganos difíciles.
 
 
Á fuerza de tanteos y exploraciones, vine á caer casualmente sobre un fijador excelente: el nitrato de urano. Merced al empleo de este reactivo, la coloración consíguese corrientemente en todos los tejidos, singularmente cuando se ensaya en mamíferos jóvenes. En el nervioso, por ejemplo, lógranse espléndidas coloraciones donde el retículo destaca perfectamente, en color café ó pardo negro, sobre fondo amarillo limpio y transparente.
 
 
La fórmula aludida es la siguiente:
 
 
1. Piezas de 2 á 3 milímetros de espesor son fijadas de diez á doce horas en este líquido:
 
 
Nitrato de urano 1 gramo.
 
Formol 15 cent. cúb.
 
Agua destilada 100 —
 
La adición al fijador de un 20 por 100 de alcohol puede convenir en algunos casos para mejorar la fijación y afinar el precipitado metálico.
 
 
2. Previo rapidísimo lavado de las piezas, se sumergen por veinticuatro á cuarenta y ocho horas en nitrato de plata al 1,5 por 100.
 
 
3. Descartado el nitrato superficial mediante rápida enjuagadura, opérase la reducción en este baño, que debe obrar de doce á veinticuatro horas:
 
 
Hidroquinona 1 á 2 gramos.
 
Formol 15 cent. cúb.
 
Agua 100 —
 
Sulfito de sosa anhidro 0,20 á 0,30 gramos.
 
4. Alcohol, celoidina, etc.
 
 
En ciertas condiciones, la citada fórmula impregna también la neuroglia (dos días de fijación) y las mitocondrias ó granos intraprotoplásmicos de Benda, Meves y Duesberg (de seis á ocho horas de fijación).
 
 
[p. 551]Aprovechando el impensado hallazgo, emprendí varios trabajos[278], cuyos resaltados más interesantes paso á consignar:
 
 
a) Demostración, por primera vez, del retículo endocelular en todos los elementos nerviosos de la retina, en cada uno de los cuales afecta aquél configuración y estructura algo diversa.
 
 
b) Encuentro del citado aparato en la célula de Schwann, donde, conforme aparece en la figura 163, b, reside en la vecindad del núcleo, al cual rodea, constituyéndole una especie de corona trabecular con predominio de los cordones longitudinales.
 
 
c) Demostración, por primera vez, del susodicho aparato en las fibras de Remak, osteoblastos, odontoblastos, corpúsculos neuróglicos y ependimales, adipoblastos, fibras del cristalino, eritroblastos y leucoblastos, etc.
 
 
d) Reconocimiento y estudio del mismo en todas las células del embrión de pollo (endotelios, piel é intestino, células mesodérmicas, glandulares primordiales, neuroblastos motores, sensitivos y simpáticos).
 
 
e) Análisis de las fases evolutivas por que atraviesa el retículo de Golgi en las neuronas, desde el estado de elemento germinal á la fase de célula nerviosa adulta. En la figura 164 mostramos esquemáticamente estas curiosas mudanzas. Reaparece, como la red, primeramente localizada en el cono de origen del axon (C); se enriquece progresivamente, extendiéndose en torno del núcleo, invadiendo gran parte del protoplasma (E, F).
 
 
f) Exploración escrupulosa de las variaciones fisiológicas sufri[p. 552]das por el retículo en las células glandulares (páncreas, salivales, corpúsculos caliciformes del intestino, etc.), en los tejidos en vías de regresión (cartílago osificante, osteoblastos, células adiposas, etcétera) y en las neuronas de los ganglios, médula espinal, cerebro y cerebelo (fig. 165). Imposible dar cuenta de estas variaciones, cuya descripción ocupa muchas páginas de extensa monografía[279] ilustrada con abundantes grabados.
 
 
Ilustración
 
Fig. 163.—Tubos nerviosos del conejo joven.— A, B, C, aparato reticular de Golgi teñido por el método urano-plata; a, cisura de Lantermann; b, trabéculos del retículo.
 
 
g) Análisis de las conexiones del retículo con los grumos de Nissl, las neurofibrillas y los conductos de Holmgren. Se demuestra, según aparece en el esquema de la figura 166, que la materia granulosa constitutiva de las trabéculas del aparato en cuestión reside en el interior de los conductos de Holmgren, entre manojos de neurofibrillas, siendo completamente extraña á los grumos de Nissl.
 
 
[p. 553]h) Exploración de las metamorfosis regresivas y progresivas experimentadas por el retículo en los tubos nerviosos degenerados (cabo central y periférico de los nervios cortados) y en las neuronas cerebrales vecinas de las heridas. Durante la degeneración, la proliferación de la célula de Schwann del cabo periférico de un nervio cortado, asóciase al aumento de la materia argentófila de su aparato reticular, cuyos trabéculos se estiran en sentido longitudinal para distribuirse al fin en dos acúmulos, uno correspondiente á cada célula hija.
 
 
Ilustración
 
Fig. 164.—Esquema destinado á mostrar las fases por que atraviesa el retículo de Golgi en los neuroblastos del embrión de pollo.— B, terminación de la fase germinal; C, neuroblasto en fase de bipolaridad; D, fase de neuroblasto piriforme, E, F, crecimiento del aparato de Golgi al formarse las dendritas.
 
 
i) En fin, se formula cierta hipótesis sobre el significado y alcance de la posición casi constante del retículo de Golgi en el polo mundial (el que mira ó miró, ontogénica y filogénicamente, al mundo exterior) de las células de abolengo ectodérmico (piel, células nerviosas, glándulas cutáneas, etc.) y en las oriundas del entodermo. Esta concepción puede formularse así: En el curso de la evolución ontogénica y filogénica, el retículo y la esfera atractiva de todas las células epiteliales (ecto y entodérmicas) ocupan el polo orientado hacia el mundo exterior, es decir, el segmento protoplásmico intercalado entre el núcleo y el cabo celular libre; mientras que en las[p. 554] células de origen mesodérmico (glóbulos de la sangre, corpúsculos conectivos, musculares, cartilaginosos, etc.), á causa sin duda de las frecuentes emigraciones, perdióse la orientación espacial primitiva de los citados organitos intracelulares, ocupando, de ordinario, el centro de la masa principal del protoplasma.
 
 
Interesantes investigaciones acerca del aparato de Golgi, de diversos tejidos, fueron efectuadas también, aplicando la técnica del nitrato de urano, por Tello (células de los tumores y elementos glandulares de la hipófisis), Del Río-Hortega (ovario y fibras musculares lisas), Ramón Fañanás (células gigantes del tubérculo, mucosa y bulbo olfativos y diversos tejidos del embrión de pollo), Domingo Sánchez (epitelios y neuronas de invertebrados), Sánchez y Sánchez (neuronas del cerebelo), Castro (botones gustativos), etc.
 
 
Ilustración
 
Fig. 165.—Variedades morfológicas y cuantitativas del retículo de Golgi de las células motrices de la médula espinal, dependientes con toda probabilidad de estados fisiológicos diferentes.
 
 
[p. 555]Dejo dicho ya que el proceder del nitrato de urano colorea también, modificando el tiempo de fijación ó introduciendo variantes en la composición de la fórmula, ciertos factores extraños al retículo de Golgi. Merced á esta profusión de efectos selectivos, conseguí los resultados siguientes:
 
 
Ilustración
 
Fig. 166.—Esquema del aparato de Golgi (célula motriz de la médula) con sus conexiones con los demás factores protoplásmicos.— A, contenido del aparato reticular; B, tubos de Holmgren; D, grumos de Nissl; C, neurofibrillas.
 
 
a) Impregnación de la neuroglia de la substancia gris y blanca de los centros. El depósito argéntico colorea no sólo el protoplasma de los apéndices radiados y sus pies perivasculares, sino los gliosomas de Fieandt, que se presentan intensamente teñidos de negro o pardo, sobre fondo ocre claro. En cuanto á la configuración general del astrocito de la substancia gris, coincide exactamente con la hace tiempo revelada mediante el método del cromato argéntico (fig. 167, A).
 
 
b) Cuando se ensaya el método en los tubos nerviosos medulados, la reacción selectiva recae á menudo en los anillos de Segall, el aparato espiral de Rezzonico y, sobre todo, en una especie de es[p. 556]queleto ó armazón de fibras longitudinales, contenido en el espesor de las células de Schwann. Acerca de la disposición de este curioso armazón, señalado brevemente por mí en los nervios de los mamíferos, ha practicado en los peces Sánchez y Sánchez (1917) interesantes investigaciones.
 
 
c) En fin, modificaciones especiales de la citada fórmula, en cuyo detalle no podemos entretenernos, permiten impregnar á veces ciertos factores integrantes del tubo nervioso (cisuras de Lantermann, protoplasma del corpúsculo de Schwann, doble brazalete de Nageotte, etc.).
 
 
Ilustración
 
Fig. 167.—Células neuróglicas del cerebro del perro teñidas por el método del formol-urano.— A, corpúsculo que muestra el aspecto de los teñidos por el cromato de plata; B, pareja neuróglica, cuyas expansiones exhiben ciertos granos glandulares (gliosomas).
 
 
Mis reiteradas inquisiciones técnicas sobre la coloración selectiva de la neuroglia, estimuladas en buena parte por los interesantes trabajos de Achúcarro (efectuados en mi la[p. 557]boratorio) acerca de la estructura y conexiones de la glia humana, me condujeron en 1913[280] al hallazgo del método del oro-sublimado, proceder sencillísimo que permite impregnar específicamente en violado purpúreo los dos tipos neuróglicos de la corteza cerebral, y muy especialmente la modalidad protoplásmica ó de cortas radiaciones, tan rebelde, según es notorio, á las laboriosas coloraciones de Weigert, Fano, Alzheimer y otras corrientemente usadas por los anatomo-patólogos.
 
 
Ilustración
 
Fig. 168.—Plexo difuso neuróglico revelado en la substancia gris del cerebro humano por el método del sublimado-oro.— A, B, células neuróglicas; D, neurona; a, capilar.
 
 
[p. 558]De su utilidad para el estudio de las alteraciones patológicas de la glia humana, dan testimonio los interesantes trabajos de Achúcarro y Gayarre sobre la demencia paralítica y senil; los de Lafora, sobre la neuroglia del perro viejo; los de Achúcarro, sobre el asta de Ammon y acerca de la histología comparada de la neuroglia; los de Río-Hortega, recaídos en el reblandecimiento cerebral, etc.
 
 
El método es aplicable no sólo al hombre, sino, en cierta medida, á todos los vertebrados. El Dr. Achúcarro ha logrado recientemente colorear satisfactoriamente la neuroglia y células ependimales de los peces, reptiles, aves y pequeños mamíferos, recogiendo copiosa cosecha de hechos nuevos. Ramón Fañanás ha teñido la neuroglia cerebelosa del perro, gato y conejo. En fin, en nuestro Laboratorio, el Dr. Havet, de Lovaina, ha logrado también estimables impregnaciones de la glia ganglionar de los invertebrados, singularmente del lumbricus, habiendo conseguido demostrar la existencia constante de astrocitos protoplásmicos, además de los astrocitos fibrosos.
 
 
Á juzgar por los dibujos, descripciones y microfotografías publicados, en el extranjero el éxito ha sido también satisfactorio. Consúltense las comunicaciones recientes de Schäffer (Hungría), Ziveri y Rossi (Italia), Marinesco y Minea (Rumania), etc.
 
 
He aquí la fórmula del sublimado-oro:
 
 
[p. 559]1.ª Trozos de centros nerviosos, lo más frescos posible, son sometidos, entre dos y diez días, á la acción del fijador siguiente:
 
 
Formol 15 cent. cúb.
 
Bromuro de amonio 1,5 á 2 gramos.
 
Agua destilada 85 —
 
2.ª Mediante el microtomo de congelación, efectúanse secciones que se recogerán en agua formólica. Estos cortes deben ser relativamente gruesos, por ejemplo, de 20 á 25 µ. Semejante espesor, además de favorecer la reacción, tiene la ventaja de mostrar más completamente las expansiones de los astrocitos.
 
 
3.ª Previo rápido lavado en agua destilada para extraer el formol, son llevadas las secciones al líquido colorante siguiente que debe conservarse en la obscuridad:
 
 
Agua destilada 60 cent. cúb.
 
Sublimado 0,5 gramos.
 
Solución de cloruro de oro pardo al 1 por 100 10 cent. cúb.
 
4.ª Al cabo de cuatro ó más horas, tíñense los cortes en tono purpúreo intenso y se trasladan (manipulándolos con varillas de cristal) al fijador siguiente:
 
 
Hiposulfito de sosa 5 gramos.
 
Agua 70 cent. cúb.
 
Alcohol ordinario 30 —
 
Solución concentrada de bisulfito sódico 5 —
 
En este baño permanecerán de seis á diez minutos.
 
 
5.ª Lavado de los cortes en agua alcohólica al 50 por 100; montaje en porta-objetos donde se enjugará el líquido con papel chupón; en fin, alcohol absoluto, esencia de orégano, xilol y bálsamo.
 
 
Gracias á la comodidad de manipulación y especificidad de resultados del nuevo recurso de impregnación, conseguí recoger algunos hechos nuevos y, sobre todo, fijar y consolidar ciertas nociones fluctuantes y harto discutidas sobre la estructura, evolución y comportamiento expansional de los dos tipos neuróglicos en el hombre y mamíferos. Mencionemos rápidamente algunas aportaciones:
 
 
[p. 560]a) La demostración de que las expansiones neuróglicas del tipo llamado protoplásmico se ramifican prolijamente en el seno de la substancia gris, recorriendo grandes distancias y generando cierto plexo difuso y denso, pero en todo caso exento de esas redes admitidas, sin pruebas suficientes, por muchos autores. Las últimas ramillas neuróglicas acaban libremente, según puede advertirse en la figura 168.
 
 
Ilustración
 
Fig. 169.—Estructura alveolar de los astrocitos de la substancia gris del cerebro humano. Los espacios claros (A, a) corresponden á los gliosomas.
 
 
b) La prueba objetiva de que todo astrocito de la substancia blanca ó gris hállase provisto constantemente de uno ó varios pies insertos sobre los vasos capilares (aparato chupador). Delicadísimos y á veces difíciles de sorprender en la glia protoplásmica, afectan tales apéndices vasculares gran robustez en la fibrosa (fig. 168, G).
 
 
c) El astrocito protoplásmico posee una estructura que recuerda mucho la de las células glandulares. En el seno de cierto estroma tupido y como esponjoso aparecen numerosas vacuolas claras donde[p. 561] se alojan los gliosomas bien descriptos por Fieandt, Eisath, Nageotte, Mawas y Achúcarro.
 
 
d) Conforme señalamos ya hace muchos años, es frecuente encontrar en torno de las neuronas cierta pléyade de astrocitos protoplásmicos, cuyos apéndices, ricos en gliosomas, se apoyan sobre la membrana neuronal. Una disposición frecuente de la glia satélite reproducimos en la figura 172, A, C, tomada del cerebro del gato adulto.
 
 
Ilustración
 
Fig. 170.—Células adendríticas de la substancia gris del cerebro del perro (tercer elemento de los centros).— A, astrocito ordinario; a, b, c, d, etc., diversas formas de la célula adendrítica; J, aparato de Golgi de estos elementos.
 
 
Ilustración
 
Fig. 171.—Substancia blanca del cerebro humano. Método del sublimado-oro.— A, corpúsculo adendrítico; B, célula neuróglica ordinaria, intensamente teñida en violado purpúreo.
 
 
e) Ciertos autores habían sospechado, aunque sin aportar demostración perentoria del hecho, la presencia en los centros nerviosos de cierto corpúsculo pequeño, sin expansiones, quizá de origen mesodérmico y tan extraño á las neuronas como á la glia. Este tercer elemento de los centros aparece clarísimamente en nuestros[p. 562] preparados, á causa de su absoluta incolorabilidad por el método áurico. Testimonio de este notable contraste es la figura 171, donde presentamos á un tiempo los aspectos que en los cortes dorados ofrecen los astrocitos neuróglicos y el susodicho tercer elemento.
 
 
Por lo demás, la verdadera morfología de este singular corpúsculo evidénciase solamente en los preparados teñidos por el método del urano-formol. Adviértase (fig. 170, a, b, c) su forma poliédrica, á veces irregularizada por excrecencias marginales, su proximidad á los vasos, la presentación de diminuto aparato de Golgi, etc.
 
 
Ilustración
 
Fig. 172.—Células neuróglicas satélites (A, B, D) rodeando el cuerpo de dos células piramidales del cerebro del perro.— a, corpúsculo satélite adendrítico.
 
 
f) El tercer elemento, ó corpúsculo enano adendrítico, congrégase también en torno de las células nerviosas, singularmente por debajo[p. 563] de la base de las pirámides, viniendo á constituir otra variedad de elementos satélites (fig. 172, a). Á ella pertenecen casi todos esos diminutos corpúsculos que Nissl, nosotros, Lugaro, Alzheimer, Marinesco y otros muchos autores, sorprendimos hace tiempo en derredor de las neuronas, sin acertar por entonces á resolver si se trataba de células de glia legítima, de leucocitos trasmigrados ó de corpúsculos de naturaleza especial.
 
 
Ilustración
 
Fig. 173.—Fase de aparición, en la médula del gato joven, de los pies perivasculares.— A, B, células neuróglicas en vías de partición; D, vaso cortado de través; H, célula donde se diferencia una fibrilla de Weigert; F, rafe posterior de la médula; a, b, pies perivasculares.
 
 
Con relación á la evolución ontogénica de las células de neuroglia, nuestras observaciones, efectuadas tanto en los fetos como en los mamíferos recién nacidos, permiten afirmar:
 
 
[p. 564]a) Lo mismo las células epiteliales dislocadas (célula neuróglica primordial), que el astrocito joven, y aun el adulto, son capaces de proliferar en condiciones normales (fig. 173, B). Es frecuente observar, aun en el cerebro adulto, parejas y hasta tétradas de elementos neuróglicos.
 
 
b) Astrocitos fibrosos y protoplásmicos representan la descendencia directa de corpúsculos epiteliales primitivos del conducto medular del embrión; su diversidad morfológica y estructural prodúcese por adaptación del tipo primitivo á ambientes diferentes. Estimamos, por tanto, inadmisible la hipótesis de la doble estirpe (ectodérmica y mesodérmica) de los astrocitos, defendida por algunos histólogos y anatomo-patólogos.
 
 
c) Durante la época embrionaria, las células de neuroglia realizan actos de emigración y de transformación que implican capacidad amiboide. Merced á los efectos de lento amiboidismo, fórmase el pie perivascular ó aparato chupador, el cual, si representa á veces una proyección protoplásmica nueva, deriva otras de la dislocación é hipertrofia del apéndice radial ó primordial (externo casi siempre) del corpúsculo epitélico dislocado (fig. 173, a, b).
 
 
d) En armonía con los trabajos de varios autores, singularmente de Fano y Achúcarro, las fibras de Ranvier-Weigert de los astrocitos de la substancia blanca representan el producto de una diferenciación intraprotoplásmica. En ningún caso dichas fibras se emancipan, según creía Weigert, del cuerpo celular. Recientemente, Del Río-Hortega (1917) ha ilustrado esta doctrina con interesantes ejemplos de diferenciación fibrillar, tomados de la neuroglia de los vertebrados é invertebrados.
 
 
e) La substancia gris del cerebro humano discrepa de la de los demás vertebrados superiores, no sólo por la cuantía considerable de células neuróglicas de tipo protoplásmico ó glandular que contiene, sino por la relativa pequeñez de éstas, la imponente complejidad del plexo gliomatoso intersticial y la ninguna tendencia (en estado normal) á producir fibras protoplásmicas.
 
 
Algunos libros publicados.—Vaya por delante mi obra de conjunto sobre la Degeneración y regeneración del sistema nervioso[281]. Esta voluminosa obra en dos volúmenes[p. 565] é ilustrada con 317 grabados, copia de mis preparaciones, constituyó la principal empresa acometida durante los años 1912, 1913 y 1914. Tan considerable esfuerzo dejóme profundamente fatigado. Porque no se trataba solamente de compilar sintéticamente todas mis investigaciones sobre el tema, sino de hacer, ante todo, una obra nueva. Así lo expresé en el prólogo, donde procuré justificar mi labor con los siguientes términos:
 
 
«El premio Nobel con que el Instituto Carolino de Estocolmo se dignó recompensar mis escasos méritos científicos, fué, entre los médicos de raza española, ocasión de patrióticos y entusiastas testimonios de afecto y consideración. Pero, entre los homenajes recibidos, ninguno más honroso, por su forma delicada y espiritual, que el tributado al humilde hombre de ciencia por los compatriotas médicos de la República Argentina. No creyeron suficiente, para exteriorizar su fervor, agasajarnos con artístico diploma avalorado con sus firmas autógrafas; sino que, resueltos á que sus nobles sentimientos cristalizaran en algo útil y permanente, acordaron imprimir á su costa un libro nuestro necesitado de publicación.
 
 
Tal fué el origen de la obra actual. Al emprenderla, pensé que podría ser de provecho resumir en un Tratado general los numerosos trabajos que mis discípulos y yo (sin olvidar los valiosísimos aportados por ilustres sabios extranjeros) hemos consagrado durante estos últimos años al arduo problema de la degeneración y regeneración del sistema nervioso. Pero, en cuanto puse manos á la obra, eché de ver que si la empresa había de corresponder á la magnitud y nobleza del homenaje, no podía consistir en mera compilación de datos publicados. Para honrar en lo posible la desinteresada iniciativa de mis compañeros ultramarinos, me impuse, pues, la tarea de revisar, mediante pesquisas de laboratorio, todos los temas anteriormente tratados y, además, la de investigar ex-profeso muchos puntos obscuros ó dudosos. El libro constituye, por tanto, extensa monografía, en buena parte original.»
 
 
Los capítulos más enriquecidos con nuevas aportaciones son los que tratan de las fases de la degeneración valleriana en nervios y vías centrales (mielina y axon); los fe[p. 566]nómenos de multiplicación y transformación de los corpúsculos de Schwann; las alteraciones degenerativas de los discos de soldadura, embudos de Lantermann y anillos de Segall; la suerte corrida por las viejas vainas de Schwann, no neurotizadas, del cabo periférico; la morfología y estructura del cono de crecimiento dentro de las bandas de Büngner del citado cabo; la medida de la velocidad de crecimiento del axon en los diversos terrenos; las gradaciones de la atrofia de los cilindros-ejes del cabo central, por debajo de los retoños viables; el análisis del paraje y forma precisas del nacimiento de los renuevos; los experimentos tocantes á los injertos nerviosos y gangliónicos; la prueba de que los ganglios simpáticos transplantados ofrecen también retoños invasores y nódulos residuales; los efectos de la intercalación de obstáculos en las heridas nerviosas, al objeto de sorprender los cambios de dirección de las fibras neoformadas; los fenómenos de proliferación de la neuroglia en las heridas cerebrales; las metamorfosis del retículo de Golgi en las zonas degenerativas de la médula y cerebro, y en fin, la exposición y discusión detenidas de las hipótesis imaginadas para explicar la génesis y orientación de las fibras nerviosas en el embrión y los brotes aberrantes de las células gangliónicas sensitivas normales y transplantadas.
 
 
Al texto precede entusiasta y sentida dedicatoria (probablemente escrita por el sabio y admirable patriota Dr. D. Avelino Gutiérrez, profesor de la Universidad de Buenos Aires), firmada por 47 simpáticos compañeros, esparcidos por todo el territorio de la República Argentina. Excusado es decir que á cada suscriptor fué oportunamente repartido un ejemplar, impreso en papel especial y afectuosamente dedicado.
 
 
¡Qué menos podía hacer yo, para pagar tan noble y es[p. 567]piritual agasajo, que ofrecer á mis compatriotas de allende el mar una obra original, seriamente meditada y cuidadosamente ilustrada y escrita!...
 
 
El segundo libro (por tal lo tengo aunque se publicó en los Trabajos del Laboratorio) enfocó el tema interesante de la retina y centros ópticos de los insectos[282]. En esta obra colaboró mi ayudante D. Domingo Sánchez, contribuyendo, sobre todo, con numerosas y admirablemente ejecutadas preparaciones.
 
 
Según recordará el lector, mis amores hacia la retina son historia antigua. El tema me cautivó siempre, porque, en mi sentir, la vida no alcanzó jamás á forjar máquina de tan sutil artificio y tan perfectamente adecuada á un fin como el aparato visual. Por raro caso, además, la naturaleza se ha dignado emplear aquí resortes físicos accesibles á nuestro entendimiento. Ni debo ocultar que en el estudio de dicha membrana sentí por primera vez flaquear mi fe darwinista (hipótesis de la selección natural), abrumado y confundido por el soberano ingenio constructor que campea, no sólo en la retina y aparato dióptrico de los vertebrados, sino hasta en el ojo del más ruin de los insectos[283].[p. 568] Allí, en fin, sentí más profundamente que en ningún otro tema de estudio, la sensación escalofriante del insondable misterio de la vida.
 
 
Para contribuir siquiera con tenuísimo rayo de luz á iluminar el tenebroso abismo, y al objeto, además, de completar mi antiguo libro sobre la retina de los vertebrados con otro estudio de conjunto relativo á la retina y ojo de los invertebrados, emprendí en 1915 esta difícil investigación, que, con permiso de mis achaques y decadencias, durará todavía dos ó tres años.
 
 
La complicación de la retina de los insectos es algo estupendo, desconcertante, sin precedentes en los demás animales. Cuando se considera la inextricable urdimbre de los ojos compuestos ó en facetas; cuando se interna uno en el laberinto de neuronas y fibras integrantes de los tres grandes segmentos retinianos (capa de las ommatidias, retina intermediaria ó perióptico, retina interna ó epióptico, etc.); cuando se sorprenden, no un kiasma, como en los vertebrados, sino tres kiasmas sucesivos de significación enigmática, amén del inagotable caudal de células amacrinas y de fibras centrífugas; cuando se medita, en fin, acerca del infinito número y primoroso ajuste de todos estos factores histológicos, tan sutiles, que los más potentes objetivos consienten apenas su percepción, queda uno anonadado. ¡Y yo que, engañado por el malha[p. 569]dado prejuicio de la seriación progresiva de las estructuras zoológicas de función similar, esperaba encontrarme con un plan estructural sencillísimo y fácilmente abordable! Sin duda que zoólogos, anatómicos y psicólogos han calumniado á los insectos. Comparada con la retina de estos al parecer humildes representantes de la vida (himenópteros, lepidópteros y neurópteros), la retina del ave ó del mamífero superior, se nos aparece como algo grosero, basto y deplorablemente elemental. La comparación del rudo reloj de pared con exquisita y diminuta saboneta no da exacta idea del contraste. Porque el ojo-saboneta del insecto superior no consta solamente de más tenues rodajes, sino que entraña además varios órganos complicadísimos, sin representación en los vertebrados.
 
 
Con arreglo á los mismos principios está organizado el cerebro —sobre el cual, dicho sea de pasada, tenemos preparado un trabajo—, asombro á la par de ingeniosa sutileza y maravillosa adaptación. Nunca mejor aplicado el conocido adagio latino: in tenuis labor. Penetrando con el microscopio en esas liliputienses y, sin embargo, frondosísimas selvas neuronales del ganglio cerebroide de la abeja, se siente la tentación de creer que lo desdeñosamente llamado por los psicólogos ciego instinto (la intuición de Bergson), es soberana manifestación del genio. Genio del conocer profundo é instantáneo, surgido por primera vez en estos pequeños y antiguos seres, para apagarse después, durante miríadas de siglos, en las groseras construcciones cerebrales del verme, del pez, del batracio y del reptil.
 
 
Renuncio al empeño de dar aquí idea del contenido objetivo del aludido libro. Es preciso leerlo. Declaro confidencialmente para aquellos naturalistas ó histólogos que no desdeñen el estudio anatómico de los más humildes seres, que los hechos originales se cuentan por docenas y que[p. 570] muchos problemas de morfología y conexión neuronales son satisfactoria y —quiero creerlo— definitivamente esclarecidos. Y esto no es sino empezar. En mi programa y en el de mi ayudante Sánchez late el empeño de no cejar hasta sorprender la característica anatómica del instinto. ¿Triunfaremos?...
 
 
Vivo contraste con los anteriores libros forma otro publicado en 1912 sobre La fotografía de los colores[284]. Harto conoce el lector mis viejas aficiones al arte de Daguerre. Y ahora confesaré, en el seno de la intimidad, que, á título de recreos ó descansos de más severa labor, me entregué de vez en cuando á algunas modestas investigaciones sobre la teoría y práctica del arte de la fotografía[285].
 
 
Dos motivos, docente y patriótico el uno, y sentimental[p. 571] el otro, me inspiraron la redacción del citado libro fotográfico.
 
 
El primer motivo fué contribuir, con mi modesta iniciativa, á divulgar entre los aficionados á la heliocromía los principios físicos fundamentales de esta maravillosa aplicación de la ciencia. Así lo expresaba en el prólogo que encabeza la obra. «Privarse de la teoría —decíamos— es desdeñar la mitad del placer fotocrómico, que consiste en comprobar experimentalmente la exactitud de los principios científicos. El devoto de la fotografía del color no debe ser rutinario practicón, atenido meramente á recetas y formularios, al modo del carpintero, que, aguijado por la necesidad, abandona la garlopa por el objetivo. Sólo acierta quien sabe. La interpretación de los resultados obtenidos y el remedio de los accidentes y fracasos, encuéntrase exclusivamente en la clara comprensión del mecanismo fisico-químico de cada operación fotográfica.» Á la verdad, mi sentimiento patriótico irritábase sobremanera al oir cómo desbarraban muchos aficionados de cierta cultura (abogados, médicos é ingenieros, etc.), en cuanto discurrían sobre las probables causas de un tono falso en las autocromas, ó sobre los hechos físicos en que se fundan los diversos métodos tricrómicos. Bajo este aspecto de la difusión en nuestro país de los principios rectores de los procederes fotocrómicos más usuales, creo sinceramente que mi libro, redactado en lenguaje llano y sencillo é ilustrado con numerosos esquemas originales, satisfizo una verdadera necesidad.
 
 
El segundo motivo pertenece al dominio del corazón. Mentarlo renueva en mí torturantes recuerdos. El mayor de mis hijos, precisamente el que más se parecía á mí, así en lo intelectual como en lo físico, contrajo desde muy joven gravísima enfermedad cardíaca. Desahuciado de los médi[p. 572]cos é imposibilitado para seguir carrera, púsele al frente de una librería, al objeto de entretenerle y de disipar en lo posible su negra melancolía. Y para estimular iniciativas editoriales, base quizás de futuros negocios, escribí los primeros capítulos del libro. Por desgracia, la inexorable predicción médica se cumplió, y el autor tuvo á fortiori que convertirse en editor. Mas no hablemos de cosas tristes. ¡Á qué rememorar dolores cuyo lenitivo sólo está en el olvido!...
 
 
Para ser completo, debiera todavía mencionar aquí cierto librito, de sabor literario, aparecido en 1905 con el título de Cuentos de vacaciones, y firmado con el pseudónimo Dr. Bacteria. Trátase de cinco narraciones, á modo de causeries pseudo-filosóficas, donde con poca novedad y desmañado estilo se plantean y resuelven algunos problemas de ética social. Conocedor de los defectos de la citada obrita, no osé ponerla á la venta. Me limité á regalar algunos ejemplares á los amigos de cuya bondadosa indulgencia estaba bien seguro. Si dispongo alguna vez del vagar indispensable, quizás reimprima y ofrezca al público el citado libro, previamente expurgado de empalagosos lirismos y de no pocas máculas de pensamiento y de estilo.
 
 
Durante los últimos diez años fuí favorecido con numerosas distinciones. Callarlas en una autobiografía, pudiera achacarse á orgullo ó ingratitud; complacerse morosamente en su puntual enumeración, parecería pueril vanidad. Adopto un término medio recordando las más importantes. En 1906 fuí designado Miembro corresponsal de famosa Academia de Roma (Regia Lynceorum Academia); en 1909, Fellow de la Real Sociedad de Londres; en 1910, Socio corresponsal de la Real Academia de Ciencias de Turín; en 1912, Socio corresponsal de la Sociedad Italiana de Neu[p. 573]rología; en 1911, Doctor honorario de Medicina por la Universidad de Cristianía; en 1912, Miembro extranjero de la Real Academia de Turín; en el mismo año, Miembro honorario de la Sociedad Real de Ciencias médicas y naturales de Bruselas, y Profesor honorario de la Universidad de Dublín; en 1913, Asociado extranjero de la Academia de Medicina de París; en 1916, Miembro corresponsal del Instituto de Francia, etc., etc. Añadamos que en 1914 el Gobierno francés me honró otorgándome la condecoración de la Legión de honor (Commandeur), y que en 1915 el Emperador alemán me favoreció con la cruz de la Orden «pour le mérite». En fin, la Academia española de la Lengua, necesitada de un técnico de las voces y expresiones médicas y biológicas, tuvo la bondad de llamarme á su seno, y años después (1910), el ilustre y malogrado Canalejas, á la sazón jefe del partido liberal, me nombró Senador vitalicio.
 
  
 
== CAPÍTULO SEXTO ==
 
== CAPÍTULO SEXTO ==

Revisión actual del 04:51 23 jul 2021


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1.1 caja[editar]

fibras nerviosas Hensen (Cajal II fig19).jpg fibras nerviosas catenaria (Cajal II fig20).jpg
Fig. 19 (izda).—aaaaa.

Fig. 20 (dcha).—bbbbb.
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| [[Archivo:fibras nerviosas Hensen (Cajal II fig19).jpg‎|85px]] || [[Archivo:fibras nerviosas catenaria (Cajal II fig20).jpg|85px]] 
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| colspan=2 | Fig. 19 (izda).—aaaaa.<br><br>Fig. 20 (dcha).—bbbbb. 
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1.2 citas periodísticas[editar]

2 CAPÍTULO SEXTO[editar]

EL CABALLERO DE LA FORTUNA

Entre tanto, sin que nadie pudiera saber cómo ni dónde, los más famosos caballeros del mundo, que lo recorrían en busca de don Duardos y Primaleón y de los otros desaparecidos, iban quedando presos en las redes de Dramusiando, de modo que, al cabo de los años, llegó a estar cautiva en su castillo toda la flor de la caballería. En tales circunstancias, parecióle al novel caballero Palmerín, aunque mucho le costaba apartarse de la vista de su amada Polinarda, que no era decoroso seguir por más tiempo gozando de la regalada vida de la corte imperial cuando tan falto de caballeros era el mundo, y así, luego de despedirse en secreto de Polinarda, con la más viva pena, sin ser visto de nadie, salió de Constantinopla con la sola compañía de Selviánp. 234 su fiel escudero, llevando por nombre el de El Caballero de la Fortuna. Después de correr diversas aventuras en las que conquistó glorioso renombre, púsose en camino para la Gran Bretaña, con ánimo de probar aquella en que se habían perdido tan insignes caballeros. Eutropa, la tía de Dramusiando, sabiendo por sus artes el gran peligro que para ella y su sobrino se encerraba en aquel nuevo caballero, hizo de modo que cuando el de la Fortuna estaba llegando a Londres, se le presentara, toda deshecha en llanto, una dueña con la súplica de que la vengara de no sé qué ofensas que fingía haber recibido del Caballero del Salvaje. Desafiólo el de la Fortuna, que nada deseaba tanto en el mundo como volver a medir sus armas con su enemigo de Constantinopla, y lucharon ante el rey y la corte de Inglaterra con tanto brío y fortaleza que en todo el día ninguno de ellos pudo conseguir victoria sobre el otro y cuando se puso el sol ambos estaban llenos de terribles heridas y con las armas destrozadas —aunque en peor situación el del Salvaje— pero tan enteros de ánimo que ni el propio rey los logró separar para que no acabaran de darse muerte uno a otro. El rey, que ningún descanso ni reposo sufría en su corazón, fuese adonde estaba Flérida, diciendo: —Señora hija, don Duardos es vivo y por mano de alguno ha de ser libre; no hay en el mundo en quien el hombre espere sino en el uno destos quep. 235 tan cerca están de perder las vidas; pídoos que luego los vais apartar, que por mí no lo quisieron hacer, y si no, si ellos mueren, yo he por muerta la esperanza que tuve hasta aquí de algún bien. Flérida, que hasta entonces nunca había salido de su aposento ni ninguno la viera, tuvo por muy grave lo que el rey le pedía, mas quiso hacer su voluntad, y así salió por la plaza llevándola el rey por la mano, acompañada de cuatro dueñas vestidas de negro y ella con un hábito de la misma color de paño grueso conforme a su cuidado, en su cabeza una beatilla de lino que le cubría los ojos, mas tan hermosa como en el tiempo de su alegría. En la plaza de palacio hubo muy gran alboroto viéndola venir, y el espanto y rebullicio de la gente tamaño, que los caballeros se tornaron apartar por ver lo que era; Flérida llegó a ellos, y tomando al de la Fortuna por la manga de la loriga, le dijo: —Pídoos por merced, caballero, si en algún tiempo por alguna dueña tan mal tratada de la fortuna habéis de hacer alguna cosa, que sea dejar esta batalla, pues en ella no se gana sino el riesgo en que vuestra vida y de esotro caballero está. El de la Fortuna puso los ojos en ella, y parecióle tanto a su señora Polinarda, que no supo si pensase que era ella, y puniendo las rodillas en tierra, le dijo: —Señora, esta fué la batalla que más deseé acabar en mi vida, y agora la dejo si en ello recebís servicio,p. 236 y la honra della sea dese caballero, pues tan bien la merece. —Esa no quiero yo —dijo el del Salvaje— sino cuando por mí la ganare, y si vos deseastes acaballa, también deseé lo mismo; mas pues hacéis lo que mi señora Flérida manda, mal podré yo hacer al contrario, que soy suyo y se lo debo de obligación. Flérida se lo agradeció, y tornándose para su aposento, sin saber que no era aquella la primera vez que de su mano recibieran la vida. Una vez sano de sus heridas, el caballero del Salvaje acometió la aventura del Valle de la Perdición —que ya por los escuderos de los caballeros presos en el castillo de Dramusiando se sabía donde habían quedado sin libertad don Duardos, Primaleón y todos los otros—, y si no logró darle cima, estuvo más cerca de la victoria que nadie lo había estado, pues, después de haber vencido a don Duardos y todos los gigantes, si no triunfó de Dramusiando tampoco fué derrotado por éste, sino que, después de luchar horas y horas, cuando cerraba la noche cayeron ambos en tierra, más muertos que vivos, de la sangre que se escapaba de sus muchas heridas. Entonces, un encantador que protegía extremadamente a la familia del rey de Inglaterra, llamado Daliarte, envuelto en una negra niebla, llevóse del patio del castillo el cuerpo del caballero del Salvaje, sin saber nadie cómo, mientras Eutropa yp. 237 las gentes del castillo trataban de reanimar a Dramusiando.

3 CAPÍTULO SÉPTIMO[editar]

LOS ENEMIGOS HERMANOS

El caballero de la Fortuna, que no había querido aceptar la hospitalidad que para que se curara de sus heridas le había ofrecido el rey, cuando sintió que sus fuerzas eran recobradas, se armó de las nuevas armas que Selvián le había encargado y se puso en busca de la fortaleza de Dramusiando. Anduvo así muchos días sin hallar aventura que de contar sea, en fin de los cuales le tomó una noche en un valle donde vió estar una tienda armada, con lumbre de hachas dentro; y llegándose más cerca por ver lo que sería, no halló otra cosa si no fué un caballero muerto metido en unas andas, y otro que con palabras de mucho dolor mostraba sentir su muerte, y conociendo que aquel era Rosirán de la Brunda, sobrino del rey de Inglaterra, parecióle que el de las andas no sería persona de poco precio; apeándose del caballo entró así armado en la tienda, y comenzóle de consolar. Mas don Rosirán, que en viéndole conoció al de la Fortuna, se levantó en pie diciendo: —Ya, señor caballero, seréis contento, pues esp. 238 muerto el caballero a quien vos por mayor enemigo teníades; este es el caballero del Salvaje, de quien ya deseastes vitoria y no la podistes haber. El de la Fortuna le vinieron las lágrimas a los ojos, que esto tienen los corazones piadosos, aun del mal de sus enemigos tener compasión, diciendo: —Por cierto, nunca yo de nenguno más la deseé; pero si en la vida fué la enemistad tan grande como vos sabéis, en la muerte quiero que veáis lo que en su venganza haré; por eso querría que dixésedes en qué parte le aconteció esta desventura, porque quiero también pasar por ella o vengar a él. —Señor, yo llego aquí —dijo don Rosirán— habrá media hora, y no sé más que lo hallé en este estado y un hombre que de aquí se fué me dijo que estas feridas recibió en la fortaleza del gigante Dramusiando, donde se cree que todos o los más excelentes caballeros del mundo son perdidos; y puesto que hiciera en armas cosas tan estremadas cuales de otro nunca se vieron, al fin quedó tal como veis, sin poder dar fin aquella tan peligrosa aventura. El caballero de la Fortuna, que el dolor de tal acaecimiento sentía dentro en el alma, viendo que él no había acabado aquella aventura, túvola en más que hasta allí; tomando las armas en las manos para ver los golpes, las halló tan despedazadas, que no tan solamente tuvo en mucho la grandeza dellos, mas tuvo en mucho más ver a hombre en el mundo que con tamañas heridas se sostuviese algúnp. 239 espacio; llegándose más a él por ver si del todo era muerto, quitóle un paño de seda con que el rostro estaba cubierto; afirmando los ojos, le dió un sobresalto el corazón como si del todo le conociera, y porque la naturaleza en estos casos lo descubre todo, ella le trujo a la memoria la pérdida de su hermano, viéndole algunas señales en que sospechó ser aquél, y llamó a Selvián para que le viese, y tanto le estuvo mirando, que entramos conformaron en aquella sospecha; mas el de la Fortuna, que aún no estaba satisfecho, dijo contra don Rosirán: —Pídoos por merced, señor caballero, que me digáis su nombre si lo sabéis, y cúyo hijo es, pues vos ni él perdéis en ello nada, y aun me quitáis de una duda en que estoy. —Aventúrase ya tan poco en esto —dijo él— que no quiero negar lo que sé; su propio nombre es Desierto; padre ni yo ni otro le conoce, puesto que a mí como al mayor amigo que siempre tuvo confesó algunas veces que un salvaje le criara y a éste conocía por padre, llamándose siempre en su poder el mismo nombre de Desierto. El caballero de la Fortuna, a quien estas palabras tocaron en el alma, viendo ser su hermano, cayó sobre las andas tan sin acuerdo como si su corazón no fuera para mayores afrentas; en esta hora entraron en la tienda cuatro hombres, y puniendo las andas en dos palafrenes que para eso trujeron, se partieron con aquel cuerpo muerto. p. 240El de la Fortuna se quisiera ir tras él, mas no se lo consintieron, diciendo que creyese que si algún remedio de la vida tuviese, que sin él se le darían; entonces lo dejó llevar, por le parecer escusado seguillo; preguntó a don Rosirán qué quería hacer de sí, porque su determinación era acabar donde el otro caballero recibió sus heridas, o ver si las podía vengar. —Yo —dijo don Rosirán— tórnome a Londres con estas sus armas, y amostrallas al rey de cuya mano fué hecho caballero, que las mande guardar y tenellas en tanta veneración en la muerte como sus obras merecían en la vida. —¿Sabríadesme decir —dijo el de la Fortuna— a qué parte está esta fortaleza donde todos acaban? —No lo sé, ni creo que nenguno lo sabe —dijo él. Luego se despidieron el uno del otro, siguiendo cada uno su viaje.

4 CAPÍTULO XXIII[editar]

EPÍLOGO

Mi actividad docente y la multiplicación espiritual. — Discípulos aventajados. — La escuela histológica española. — Realización parcial de mi ideal patriotico-científico. — Aptitud de los españoles para la investigación científica. — Sentimiento del deber cumplido. — Lista de trabajos del autor y de sus discípulos ó inmediatos continuadores.

Tocamos al fin del presente libro. Con la mayor claridad compatible con la brevedad, dejo expuesto lo fundamental de mi modesta labor y las condiciones que la motivaron.

Conforme he avanzado en la narración, mi autobiografía se ha despersonalizado. El trabajo regular y el espíritu de aventuras son cosas incompatibles. De cada vez más pobre en episodios amenos, mi vida ha sido gradualmente absorbida en mi obra. La abeja ha sido olvidada en consideración al panal.

Incompleta fuera la actividad del científico si se contrajera exclusivamente á actuar sobre las cosas; opera también sobre las almas. Ello es un deber si el hombre de laboratorio pertenece al magisterio universitario. Entonces hay derecho á esperar que buena parte de su labor sea em[p. 576]pleada en forjar discípulos que le sucedan y le superen. Nadie negará que el cumplimiento de tan capital función constituye la más noble ejecutoria del investigador y el más preeminente título á la gratitud de sus compatriotas.

Conforme dejamos expresado en otro libro[286], importa mucho al cultivador de la ciencia proceder á su multiplicación espiritual. De esta suerte la vida del maestro alcanza su plenitud, ya que entraña en potencia nuevas existencias. «La tarea es sin duda penosa —decíamos—. La actividad del profesor bifúrcase en las corrientes paralelas del laboratorio y de la enseñanza. Crecen así sus desvelos, pero aumentan también sus venturas. Sobre dar pábulo á elevadas tendencias, gozará los deleites de la paternidad ideal, y sentirá el noble orgullo de haber cumplido honradamente con su triple misión de investigador, de maestro y de patriota. Ya no declinará su vida en melancólica soledad; antes bien, verá su ocaso rodeado de un séquito de discípulos entusiastas capaces de comprender su obra y de hacerla, en lo posible, fecunda y perenne.»

Excusado es decir que procuré siempre seguir mis propios consejos. Aunque al alborear mi carrera hube de confinarme, por imperio del hábito y de la necesidad, en la categoría de los trabajadores solitarios, me preocupé siempre, sobre todo después que el Estado puso en mis manos decoroso y bien provisto laboratorio, de fundar una escuela genuinamente española de histólogos y biólogos. Y pese á los lúgubres voceros de nuestra decadencia y á los aguafiestas para quienes la ciencia, como la aurora boreal, sólo embellece el cielo de las regiones hiperbóreas, el ideal soñado está en gran parte conseguido. La ansiada[p. 577] escuela existe y es foco de vivísima actividad. Sus descubrimientos importantes (excluyo los modestos míos) han traspasado las fronteras, y sus métodos é invenciones aplícanse corrientemente en los laboratorios extranjeros.

No con hueras declamaciones, que pretenden ser patrióticas y resultan jactancias de ignaro chauvinismo, sino con hechos positivos é indiscutibles he demostrado la aptitud de la gente hispana para la investigación científica. La pretendida incapacidad de los españoles para todo lo que no sea producto de la fantasía ó de la creación artística, ha quedado reducida á tópico ramplón. Cuando durante la noche el tenebroso mar aparece tranquilo, basta agitar las aguas para que nubes de noctílucos apagados enciendan su luz y brillen como estrellas. De igual modo ocurre en el océano social. Ha sido suficiente que dos ó tres personas (una de ellas el ilustre Dr. Simarro) sacudiéramos la modorra de la juventud, para que surgiera entre nosotros brillante pléyade de eméritos investigadores. Por afirmar estoy, sin temor á la nota de optimista, que en orden á ciertos estudios, que exigen ingeniosidad, paciencia y obstinación, nuestros compatriotas compiten si no superan á los más cachazudos é infatigables hijos del Norte. Todo consiste en despertar el espíritu de curiosidad científica, adormecido durante cuatro siglos de servidumbre mental, y de inocular con el ejemplo el fuego sagrado de la indagación personal. Vivimos en un país en que el talento científico se desconoce á sí mismo. Deber del maestro es revelarlo y orientarlo.

Los jóvenes laboriosos á quienes aludo son ya legión, sobre todo si juntamos los pretéritos con los presentes. Entre los antiguos (algunos fallecidos en plena juventud y otros perdidos por desgracia para la ciencia patria en el[p. 578] desierto de la clínica) citaré á Cl. Sala, Terrazas, C. Calleja, Olóriz Aguilera, Blanes Viale, J. Bartual, I. Lavilla, Del Río Lara, Márquez, etc.

Y, entre los modernos, me es muy grato nombrar á mi hermano, P. Ramón Cajal, á F. Tello, á N. Achúcarro, á Domingo Sánchez, á Rodríguez Lafora, á Del Río-Hortega. Este grupo de entusiastas trabajadores acabaron ya su formación y saben caminar solos y triunfar en el terreno de la investigación. Muchas de las investigaciones que luego citaré, son fruto de su exclusiva iniciativa. En vías de formación, y con promesas de ópimos frutos, figuran Arcaute, Fortún, Sacristán, Calandre, Sánchez y Sánchez, Ramón Fañanás, Luna, Fernando de Castro y otros.

La lista abrumadora de monografías (y sólo incluyo las efectuadas en mi Laboratorio) de los citados investigadores, registrada al final de este libro, dará idea de la magnitud é intensidad relativa de la obra de cada uno. Se verá, además, que, dentro del común fervor hacia la religión del Laboratorio, cada iniciativa ha corrido por diferente camino.

Los arriba nombrados han sido mis discípulos, en el amplio sentido de la palabra. Todos han vivido algo mi vida y participado de mis emociones; todos me han oído pensar, con palabra balbuciente, durante el ensimismamiento de la atención y en los breves paréntesis del trabajo febril.

Fuera, sin embargo, pueril vanidad é injusta pretensión atribuirme por entero la paternidad espiritual de los actuales cultivadores de la histología española. Varios de ellos, singularmente Achúcarro, Tello y Rodríguez Lafora, han perfeccionado notablemente en el extranjero su educación técnica y su formación intelectual. Y de los Laboratorios alemanes, franceses ó ingleses, han aportado á España,[p. 579] amén del dominio de los idiomas y de la bibliografía, novísimos métodos de investigación, y lo que vale más, la costumbre de la autocrítica y la severa disciplina del trabajo metódico.

Mi papel principal ha consistido en fomentar el entusiasmo. Fué siempre mi lema confortar é ilustrar la voluntad con pleno respeto á las iniciativas individuales. Siempre procuré —y de ello me felicito— pesar lo menos posible sobre el cerebro de mis discípulos. Toda opinión fruto de esfuerzo honrado de pensamiento, sobre todo si ha surgido de hechos recién descubiertos, infúndeme simpatía y respeto, aunque contradiga concepciones personales largamente acariciadas. ¿Cómo había de caer yo en la tentación de imponer mis teorías, cuando he dado sobrados ejemplos de abandonarlas ante la menor contrariedad objetiva?

Profundamente penetrado de estas ideas; deseoso de evitar que mis continuadores vengan á ser lectores de un solo libro y oyentes de un solo maestro; resuelto, además, á descartar en lo posible deplorables polarizaciones ideológicas y metodológicas, puse especial empeño en que mis discípulos gozasen del beneficio de una pensión en los Laboratorios más prestigiosos del extranjero. Injusto fuera olvidar que, en esta obra de sano patriotismo y de confortador oreo doctrinal, ayudáronme solícitos mis dignos compañeros de la Junta de pensiones, de que soy indigno Presidente.

Y los resultados de semejante táctica han sido excelentes. Á su vuelta, los pensionados más sobresalientes no sólo han efectuado conquistas valiosas en los dominios predilectamente explorados por mí, sino en otros terrenos apenas desflorados en mi Laboratorio, por ejemplo: en el de la Neurología patológica del hombre, donde Achúcarro[p. 580] y Lafora han recogido datos de subido valor. Excusado es advertir que los citados pensionados han desarrollado sus trabajos en mi propio Laboratorio y que mi Revista se ha visto enriquecida y honrada con comunicaciones interesantes y variadas. Mención especial merece Achúcarro, quien, gracias al hallazgo de nuevo y fecundo método de investigación (proceder del tanino-plata amoniacal) y á sus envidiables dotes docentes, ha creado á su vez importante escuela anatomo-patológica. Sus discípulos Fortún, Gayarre, Sacristán, Del Río-Hortega, Calandre, etc., se han ilustrado ya con muy estimables descubrimientos histológicos, singularmente Del Río-Hortega, autor de numerosos trabajos sobre el centrosoma, estructura de la neuroglia, textura de las células epiteliales, disposición de la trama conectiva de los invertebrados, etc. Estos fervorosos trabajadores vienen á ser algo así como mis nietos espirituales. Contémplolos con orgullo de abuelo. La eclosión inesperada de esta segunda generación intelectual demuestra que la semilla cayó en buen terreno. Todo asegura que la cosecha de investigadores no se interrumpirá en adelante. En sus manos está, y ellos lo saben, el porvenir de la histología española.

Debo ahora terminar. Lo exige la impaciencia del lector; lo impone mi fatiga.

He procurado que mi vida sea en lo posible, conforme al consejo del filósofo, poema vivo de acción intensa y de heroísmo callado, en pro de la cultura de mi país. Pobre es mi obra, pero ha sido todo lo extensa y original que mis escasos talentos consintieron. Para juzgarla con algún conocimiento de causa, bastará recordar lo que era la histología hispana cuando yo empecé tímidamente en 1880 y[p. 581] lo que representa en la actualidad. Lejos estoy —lo he dicho ya—, de excluir otras valiosas colaboraciones: séame empero permitido pensar que mi obstinada labor ha entrado por algo en el actual renacimiento biológico de mi país.

Doy por seguro y hasta por conveniente que en el fluir del tiempo, mi insignificante personalidad será olvidada; con ella naufragarán, sin duda, muchas de mis ideas. Nada puede substraerse á esta inexorable ley de la vida y menos los trabajadores humildes. Contra todas las alegaciones del amor propio, los hechos vinculados inicialmente á un nombre acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el nirvana de la Ciencia Universal. Por consiguiente, la monografía, impregnada todavía del aroma humano, se incorporará, depurada de sentimentalismos, en la doctrina abstracta del libro de conjunto. Al sol caliente de la actualidad sucederá —si sucede— la fría claror de la historia erudita...

Mas no tengo el derecho de afligir al lector con reflexiones melancólicas. No pensemos en cosas tristes. Preocupémonos de la vida, que es energía, renovación y progreso. Y continuemos trabajando. Sólo la acción intensa en pro de la verdad justifica el vivir y consuela del dolor y de la injusticia. Sólo ella posee la rara virtud de convertir al obscuro parásito social en héroe de leyenda.

Y cultivemos —repito— nuestro jardín, cumpliendo en lo posible con el doble y austero deber de hombres y de patriotas. Para el biólogo, el ideal supremo consiste en resolver el enigma del propio yo, contribuyendo á esclarecer al mismo tiempo el formidable misterio que nos rodea. No importa que nuestra labor sea prematura é incompleta; de pasada, y en tanto alborea el ansiado ideal, el mundo se dulcificará gradualmente para el hombre. La naturale[p. 582]za nos es hostil porque no la conocemos: sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia. Escuchar sus latidos íntimos con el fervor de apasionada curiosidad, equivale á descifrar sus secretos: es convertir la iracunda madrastra en tiernísima madre.

¿En qué más noble y humanitaria empresa cabe emplear la inteligencia?...esente libro. Con la mayor claridad compatible con la brevedad, dejo expuesto lo fundamental de mi modesta labor y las condiciones que la motivaron.

Conforme he avanzado en la narración, mi autobiografía se ha despersonalizado. El trabajo regular y el espíritu de aventuras son cosas incompatibles. De cada vez más pobre en episodios amenos, mi vida ha sido gradualmente absorbida en mi obra. La abeja ha sido olvidada en consideración al panal.

Incompleta fuera la actividad del científico si se contrajera exclusivamente á actuar sobre las cosas; opera también sobre las almas. Ello es un deber si el hombre de laboratorio pertenece al magisterio universitario. Entonces hay derecho á esperar que buena parte de su labor sea em[p. 576]pleada en forjar discípulos que le sucedan y le superen. Nadie negará que el cumplimiento de tan capital función constituye la más noble ejecutoria del investigador y el más preeminente título á la gratitud de sus compatriotas.

Conforme dejamos expresado en otro libro[286], importa mucho al cultivador de la ciencia proceder á su multiplicación espiritual. De esta suerte la vida del maestro alcanza su plenitud, ya que entraña en potencia nuevas existencias. «La tarea es sin duda penosa —decíamos—. La actividad del profesor bifúrcase en las corrientes paralelas del laboratorio y de la enseñanza. Crecen así sus desvelos, pero aumentan también sus venturas. Sobre dar pábulo á elevadas tendencias, gozará los deleites de la paternidad ideal, y sentirá el noble orgullo de haber cumplido honradamente con su triple misión de investigador, de maestro y de patriota. Ya no declinará su vida en melancólica soledad; antes bien, verá su ocaso rodeado de un séquito de discípulos entusiastas capaces de comprender su obra y de hacerla, en lo posible, fecunda y perenne.»

Excusado es decir que procuré siempre seguir mis propios consejos. Aunque al alborear mi carrera hube de confinarme, por imperio del hábito y de la necesidad, en la categoría de los trabajadores solitarios, me preocupé siempre, sobre todo después que el Estado puso en mis manos decoroso y bien provisto laboratorio, de fundar una escuela genuinamente española de histólogos y biólogos. Y pese á los lúgubres voceros de nuestra decadencia y á los aguafiestas para quienes la ciencia, como la aurora boreal, sólo embellece el cielo de las regiones hiperbóreas, el ideal soñado está en gran parte conseguido. La ansiada[p. 577] escuela existe y es foco de vivísima actividad. Sus descubrimientos importantes (excluyo los modestos míos) han traspasado las fronteras, y sus métodos é invenciones aplícanse corrientemente en los laboratorios extranjeros.

No con hueras declamaciones, que pretenden ser patrióticas y resultan jactancias de ignaro chauvinismo, sino con hechos positivos é indiscutibles he demostrado la aptitud de la gente hispana para la investigación científica. La pretendida incapacidad de los españoles para todo lo que no sea producto de la fantasía ó de la creación artística, ha quedado reducida á tópico ramplón. Cuando durante la noche el tenebroso mar aparece tranquilo, basta agitar las aguas para que nubes de noctílucos apagados enciendan su luz y brillen como estrellas. De igual modo ocurre en el océano social. Ha sido suficiente que dos ó tres personas (una de ellas el ilustre Dr. Simarro) sacudiéramos la modorra de la juventud, para que surgiera entre nosotros brillante pléyade de eméritos investigadores. Por afirmar estoy, sin temor á la nota de optimista, que en orden á ciertos estudios, que exigen ingeniosidad, paciencia y obstinación, nuestros compatriotas compiten si no superan á los más cachazudos é infatigables hijos del Norte. Todo consiste en despertar el espíritu de curiosidad científica, adormecido durante cuatro siglos de servidumbre mental, y de inocular con el ejemplo el fuego sagrado de la indagación personal. Vivimos en un país en que el talento científico se desconoce á sí mismo. Deber del maestro es revelarlo y orientarlo.

Los jóvenes laboriosos á quienes aludo son ya legión, sobre todo si juntamos los pretéritos con los presentes. Entre los antiguos (algunos fallecidos en plena juventud y otros perdidos por desgracia para la ciencia patria en el[p. 578] desierto de la clínica) citaré á Cl. Sala, Terrazas, C. Calleja, Olóriz Aguilera, Blanes Viale, J. Bartual, I. Lavilla, Del Río Lara, Márquez, etc.

Y, entre los modernos, me es muy grato nombrar á mi hermano, P. Ramón Cajal, á F. Tello, á N. Achúcarro, á Domingo Sánchez, á Rodríguez Lafora, á Del Río-Hortega. Este grupo de entusiastas trabajadores acabaron ya su formación y saben caminar solos y triunfar en el terreno de la investigación. Muchas de las investigaciones que luego citaré, son fruto de su exclusiva iniciativa. En vías de formación, y con promesas de ópimos frutos, figuran Arcaute, Fortún, Sacristán, Calandre, Sánchez y Sánchez, Ramón Fañanás, Luna, Fernando de Castro y otros.

La lista abrumadora de monografías (y sólo incluyo las efectuadas en mi Laboratorio) de los citados investigadores, registrada al final de este libro, dará idea de la magnitud é intensidad relativa de la obra de cada uno. Se verá, además, que, dentro del común fervor hacia la religión del Laboratorio, cada iniciativa ha corrido por diferente camino.

Los arriba nombrados han sido mis discípulos, en el amplio sentido de la palabra. Todos han vivido algo mi vida y participado de mis emociones; todos me han oído pensar, con palabra balbuciente, durante el ensimismamiento de la atención y en los breves paréntesis del trabajo febril.

Fuera, sin embargo, pueril vanidad é injusta pretensión atribuirme por entero la paternidad espiritual de los actuales cultivadores de la histología española. Varios de ellos, singularmente Achúcarro, Tello y Rodríguez Lafora, han perfeccionado notablemente en el extranjero su educación técnica y su formación intelectual. Y de los Laboratorios alemanes, franceses ó ingleses, han aportado á España,[p. 579] amén del dominio de los idiomas y de la bibliografía, novísimos métodos de investigación, y lo que vale más, la costumbre de la autocrítica y la severa disciplina del trabajo metódico.

Mi papel principal ha consistido en fomentar el entusiasmo. Fué siempre mi lema confortar é ilustrar la voluntad con pleno respeto á las iniciativas individuales. Siempre procuré —y de ello me felicito— pesar lo menos posible sobre el cerebro de mis discípulos. Toda opinión fruto de esfuerzo honrado de pensamiento, sobre todo si ha surgido de hechos recién descubiertos, infúndeme simpatía y respeto, aunque contradiga concepciones personales largamente acariciadas. ¿Cómo había de caer yo en la tentación de imponer mis teorías, cuando he dado sobrados ejemplos de abandonarlas ante la menor contrariedad objetiva?

Profundamente penetrado de estas ideas; deseoso de evitar que mis continuadores vengan á ser lectores de un solo libro y oyentes de un solo maestro; resuelto, además, á descartar en lo posible deplorables polarizaciones ideológicas y metodológicas, puse especial empeño en que mis discípulos gozasen del beneficio de una pensión en los Laboratorios más prestigiosos del extranjero. Injusto fuera olvidar que, en esta obra de sano patriotismo y de confortador oreo doctrinal, ayudáronme solícitos mis dignos compañeros de la Junta de pensiones, de que soy indigno Presidente.

Y los resultados de semejante táctica han sido excelentes. Á su vuelta, los pensionados más sobresalientes no sólo han efectuado conquistas valiosas en los dominios predilectamente explorados por mí, sino en otros terrenos apenas desflorados en mi Laboratorio, por ejemplo: en el de la Neurología patológica del hombre, donde Achúcarro[p. 580] y Lafora han recogido datos de subido valor. Excusado es advertir que los citados pensionados han desarrollado sus trabajos en mi propio Laboratorio y que mi Revista se ha visto enriquecida y honrada con comunicaciones interesantes y variadas. Mención especial merece Achúcarro, quien, gracias al hallazgo de nuevo y fecundo método de investigación (proceder del tanino-plata amoniacal) y á sus envidiables dotes docentes, ha creado á su vez importante escuela anatomo-patológica. Sus discípulos Fortún, Gayarre, Sacristán, Del Río-Hortega, Calandre, etc., se han ilustrado ya con muy estimables descubrimientos histológicos, singularmente Del Río-Hortega, autor de numerosos trabajos sobre el centrosoma, estructura de la neuroglia, textura de las células epiteliales, disposición de la trama conectiva de los invertebrados, etc. Estos fervorosos trabajadores vienen á ser algo así como mis nietos espirituales. Contémplolos con orgullo de abuelo. La eclosión inesperada de esta segunda generación intelectual demuestra que la semilla cayó en buen terreno. Todo asegura que la cosecha de investigadores no se interrumpirá en adelante. En sus manos está, y ellos lo saben, el porvenir de la histología española.

Debo ahora terminar. Lo exige la impaciencia del lector; lo impone mi fatiga.

He procurado que mi vida sea en lo posible, conforme al consejo del filósofo, poema vivo de acción intensa y de heroísmo callado, en pro de la cultura de mi país. Pobre es mi obra, pero ha sido todo lo extensa y original que mis escasos talentos consintieron. Para juzgarla con algún conocimiento de causa, bastará recordar lo que era la histología hispana cuando yo empecé tímidamente en 1880 y[p. 581] lo que representa en la actualidad. Lejos estoy —lo he dicho ya—, de excluir otras valiosas colaboraciones: séame empero permitido pensar que mi obstinada labor ha entrado por algo en el actual renacimiento biológico de mi país.

Doy por seguro y hasta por conveniente que en el fluir del tiempo, mi insignificante personalidad será olvidada; con ella naufragarán, sin duda, muchas de mis ideas. Nada puede substraerse á esta inexorable ley de la vida y menos los trabajadores humildes. Contra todas las alegaciones del amor propio, los hechos vinculados inicialmente á un nombre acabarán por ser anónimos, perdiéndose para siempre en el nirvana de la Ciencia Universal. Por consiguiente, la monografía, impregnada todavía del aroma humano, se incorporará, depurada de sentimentalismos, en la doctrina abstracta del libro de conjunto. Al sol caliente de la actualidad sucederá —si sucede— la fría claror de la historia erudita...

Mas no tengo el derecho de afligir al lector con reflexiones melancólicas. No pensemos en cosas tristes. Preocupémonos de la vida, que es energía, renovación y progreso. Y continuemos trabajando. Sólo la acción intensa en pro de la verdad justifica el vivir y consuela del dolor y de la injusticia. Sólo ella posee la rara virtud de convertir al obscuro parásito social en héroe de leyenda.

Y cultivemos —repito— nuestro jardín, cumpliendo en lo posible con el doble y austero deber de hombres y de patriotas. Para el biólogo, el ideal supremo consiste en resolver el enigma del propio yo, contribuyendo á esclarecer al mismo tiempo el formidable misterio que nos rodea. No importa que nuestra labor sea prematura é incompleta; de pasada, y en tanto alborea el ansiado ideal, el mundo se dulcificará gradualmente para el hombre. La naturale[p. 582]za nos es hostil porque no la conocemos: sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia. Escuchar sus latidos íntimos con el fervor de apasionada curiosidad, equivale á descifrar sus secretos: es convertir la iracunda madrastra en tiernísima madre.

¿En qué más noble y humanitaria empresa cabe emplear la inteligencia?...

5 CAPÍTULO XXI[editar]

Relación abreviada de los trabajos efectuados en el último decenio (1907 á 1917). — Estudios de anatomía comparada sobre el cerebelo, bulbo raquídeo y origen de los nervios motores y sensoriales de peces, aves y mamíferos. — Estructura del núcleo. — Supervivencia de las neuronas fuera del organismo. — Nuevas investigaciones sobre la degeneración y regeneración en la médula, cerebro y cerebelo. — Experimentos de transplantación de nervios. — Hechos favorables á la teoría neurotrópica. — Producción de nervios artificiales en los ganglios transplantados.

R sólo, para terminar el presente libro, dar cuenta sumaria de la labor desarrollada durante los años posteriores á 1907. Esta labor fué casi tan intensa y variada como en las épocas de mayor acometividad inquisitiva. Abomino del egoísmo antipatriótico de quienes, llegados á la cima, no piensan sino en tumbarse á la bartola. Permítaseme la vanagloria de decir que ni me enervan los triunfos ni me abaten injusticias; antes bien, después de recibir un galardón, redoblo mi laboriosidad para merecerlo y, cuando incurro en error, me esfuerzo para hacérmelo perdonar. Y, por encima de todo, los ajetreos y emociones del Laboratorio me cautivan y deleitan.

Referir en extracto el contenido de todas las monografías y libros publicados en el referido decenio, exigiría, no[p. 510] dos capítulos, sino otro tomo de regular dimensión. Empero me doy cuenta del cansancio del lector, que debe estar mareado si ha tenido la paciencia de asistir al fastidioso desfile de tantas minucias descriptivas. Además —¿por qué no confesarlo?—, los progresivos achaques de la edad ponen freno á mi pluma, de cada día más rebelde al pensamiento. No en vano se han pasado treinta y siete años arrebolado sobre las cuartillas ó palideciendo sobre el ocular. La emoción de lo inesperado fatiga el corazón, y la atención ahincada y sin tregua labra en las vías cerebrales hondas rodadas; por ellas marcha trompicando el pensamiento, que, al chocar con los obstáculos, produce menos luz que calor.

En estilo casi telegráfico paso, pues, á enumerar la tarea experimental de los últimos años. Propóngome, para restar prolijidad á mi relato, prescindir del índice ó sumario que vengo haciendo de las materias tratadas en cada monografía. De algunas no diré nada. Mi plan consiste en escoger los hechos de que guardo más agradable impresión ó que prometen mayor rendimiento teórico.

Y para proceder con algún orden, comenzaré por agrupar mis escritos en tres clases: monografías descriptivas, comunicaciones técnicas y libros de conjunto.

Monografías histológicas.—Desarrollan diversidad de asuntos, dominando, empero, los temas de Anatomía comparada y de Anatomía patológica del sistema nervioso.

1. La primera serie de comunicaciones aparecida durante los años 1908 y 1909 enfoca la Histología comparada del cerebelo, del bulbo raquídeo, de los ganglios acústicos y el modo de origen y terminación de los nervios sensoriales y motores de mamíferos, aves y peces, etc. Semejantes preferencias obedecen á mera razón de comodidad. Dejamos apuntado ya que, en los animales jóvenes y en los fetos[p. 511] avanzados, el método argéntico introducido por nosotros en la técnica neurológica (fijación en piridina o en alcohol amoniacal), muéstrase superiormente expresivo. Con admirable limpieza y variedad de matices revela tanto las neuronas voluminosas como sus robustos cilindros-ejes, los cuales cabe perseguir á placer al través de las masas de substancia gris retrasadas en su evolución y, por tanto, apenas teñidas. De esta preciosa ventaja se han aprovechado en sus investigaciones de anatomía comparada Tello, Beccari, Mesdag, Lenhossék y otros muchos.

Ilustración Fig. 135.—Detalles del modo de conexión, por contacto, del nervio vestibular, con las células gigantescas del núcleo tangencial del bulbo de las aves.— A, D, F, placas y pedículos terminales del referido foco vestibular; a, axon de las neuronas.

Prescindiré, conforme anuncié antes, de la mayoría[p. 512] de los datos estructurales recogidos en dos años de porfiada labor y mencionaré tan sólo los siguientes:

a) Encuentro en los peces, aves y reptiles de varios focos de terminación del nervio vestibular, singularmente uno situado lateralmente en el bulbo y sumamente curioso, por ofrecer cierto modo de conexión por contacto, hasta entonces inadvertido[258]. Según mostramos en la figura 135, las fibras de dicho nervio se terminan mediante recios conos ó placas, íntimamente aplicados sobre la superficie de los robustos elementos del foco generador de las vías secundarias del nervio vestibular. Este hecho fué confirmado por Tello y por Beccari. También Lenhossék observó tiempo después placas análogas en ciertos ganglios simpáticos. Excusado es decir que semejante disposición representa otra brillante confirmación de la doctrina del contacto.

b) Demostración en los embriones humanos, de mamífero y de[p. 513] ave de la posición y conexiones del foco descendente (foco intersticial), del fascículo longitudinal posterior, con numerosos detalles de los núcleos de origen de los nervios motores oculares.

c) Determinación en las aves de la posición y conexiones de los ganglios centrales del cerebelo (foco del techo y núcleos olivares), con la indiscutible prueba de que el pedúnculo cerebeloso superior nace en la oliva cerebelosa.

d) Descubrimiento en la capa de los granos del cerebelo de los mamíferos, de ciertos nidos pericelulares no descritos por los autores[259].

Ilustración Fig. 136.—Terminaciones caliciformes del nervio vestibular de las aves en el epitelio de las crestas acústicas.— E, fibra gigante que forma nidos para tres células ciliadas; D, e, fibras finas distribuídas en plexo horizontal por debajo de dichas células.

e) Análisis en las aves de las arborizaciones periféricas del nervio coclear y del nervio vestibular. Comunícanse interesantes detalles sobre el modo de conexión de las fibras acústicas con los corpúsculos ciliados del ganglio basilar, papila lagenal, etc., y las del nervio vestibular con las células de igual nombre de las crestas acústicas (nidos nerviosos pericelulares en forma de cáliz, etc.) (fig. 136, E, F).

f) Determinación en el bulbo de las aves de la posición y conexiones de los ganglios acústicos primarios (homólogos del ventral y la[p. 514]teral de los mamíferos), así como de sus vías de unión, cruzadas y directas, con cierto foco laminar, que representa verosímilmente la oliva superior accesoria de los vertebrados superiores. Descríbese además el origen, posición y marcha del cuerpo trapezoide ó vía acústica secundaria[260].

Ilustración Fig. 137.—Esquema de las estaciones y vías acústicas del bulbo de las aves.— A, foco angular; B, núcleo de gruesas células; D, foco laminar; C, nervio coclear ó acústico; V, nervio vestibular; T, ganglio tangencial; E, cuerpo trapezoide ó vía acústica secundaria; F, oliva superior; VI, motor ocular externo.

En la imposibilidad de exponer detalladamente estas complejísimas conexiones, damos en la figura 137 un esquema de los ganglios acústicos primarios y de las vías auditivas centrales de las aves. En dicha figura adviértese que el nervio coclear (C) se divide en dos ramas: una superior, terminada en el núcleo angular (A), y otra inferior, acabada mediante elegantes cálices en contacto con los elementos del foco de gruesas células (B), que corresponde, según dejamos dicho, al núcleo ventral acústico de los mamíferos. De esta[p. 515] última estación acústica primaria parte importantísima vía secundaria transversal que, después de cruzar la línea media por detrás del fascículo longitudinal posterior, se termina mediante arborizaciones difusas sobre las células fusiformes del foco laminar del opuesto lado (D), en donde tiene su origen el cuerpo trapezoide (E).

g) Señalamiento en el bulbo de aves y mamíferos del origen y marcha de las vías nacidas en los corpúsculos gigantes de la llamada substancia reticular.

Ilustración Fig. 138.—Sección transversal del bulbo de un feto de conejo.— A y B, segmentos del núcleo del nervio hipogloso; M, raíz de este nervio; D, C, pléyades celulares del núcleo ambiguo del nervio vago; E, manojo sensitivo cruzado de este nervio, incorporado al fascículo solitario (G); I, vía descendente del trigémino.

h) Revelación de la presencia, en el bulbo de los mamíferos y aves, de cierta importante vía sensitiva cruzada, perteneciente al dominio de las radiculares del vago y glosofaríngeo. Conforme mostramos en la figura 138, E, esta vía transversal, nacida en los correspondientes ganglios sensitivos, pasa por detrás del fascículo longitudinal posterior, cercana al suelo del ventrículo, para tornarse, vertical y descendente, en el fascículo solitario (fig. 138, F, G).

[p. 516]Las investigaciones emprendidas durante el trienio de 1910, 1911 y 1912, fueron bastante heteróclitas, dispersándose por muchos y variados asuntos. Citemos: la estructura del núcleo, la autolisis y supervivencia de las neuronas, el problema del neurotropismo, la transplantación de nervios y ganglios, la técnica de la coloración de las plaquetas de la sangre, comunicaciones metodológicas acerca de la demostración del aparato endocelular de Golgi y de la neuroglia del hombre, estructura del cerebelo, etc. Pero el tema general al que consagré años de porfiada labor y en donde recogí datos más valiosos y de superior alcance teórico, fué el concerniente á la degeneración y regeneración de las neuronas y axones de los ganglios, cerebelo, cerebro y médula espinal. Como luego veremos, estos últimos estudios, que descorren un poco el velo de la íntima fisiología del retículo neurofibrillar, vinieron á corroborar la vieja hipótesis neurotrópica formulada por mí en 1892 y benévolamente acogida por numerosos autores.

Al pie de estas páginas daremos sucesivamente la lista de los principales trabajos aludidos. Aquí expondremos por orden cronológico las conquistas objetivas ó inducciones teóricas más valiosas.

2. Por lo que toca á la estructura íntima del núcleo de los corpúsculos nerviosos[261], nuestros insistentes análisis revelaron (aparte la comprobación de muchos datos referentes al nucleolo, casquete cromático de Levi, granulaciones basiófilas y neutrófilas del jugo nuclear, etc.) estas tres cosas:

[p. 517]

a) La presencia de un corpúsculo especial de pequeña talla, yacente a cierta distancia del nucleolo (nuestro cuerpo accesorio) y cuyas afinidades tintoriales le separan abiertamente del nucleolo principal y nucleolos accesorios de los autores (figs. 140, a, y 139, d).

b) La coloración mediante el método argéntico de determinadas redes interiores, que recuerdan el aparato de Golgi del protoplasma.

c) La determinación anatómica y microquímica de ciertos grumos recios, dispersos por el jugo nuclear (fig. 140, c). En la figura 139 damos un esquema comprensivo de todos los factores integrantes de la organización nuclear.

Ilustración Fig. 139.—Esquema de la estructura del núcleo de las neuronas.— a, nucleolo con sus esferas argentófilas; b, cuerpo accesorio; c, casquete cromático; e, grumo hialino; f, granitos basiófilos; g, armazón fibrilar.

Ilustración Fig. 140.—Núcleo de las pirámides cerebrales del hombre.— a, cuerpo accesorio; b, nucleolo; c, grumos hialinos. Nótese que, usando ciertos fijadores, el proceder argéntico tiñe exclusivamente el cuerpo accesorio.

3. Interesante fué el resultado de mis experimentos de autolisis del tejido nervioso y de los ensayos de supervivencia de los ganglios mantenidos fuera del organismo[262].[p. 518] Creemos haber sido los primeros en demostrar que el corpúsculo nervioso, á despecho de sus exageradas exigencias de oxígeno y de ambiente alimenticio renovado, es capaz de sobrevivir hasta dos días por lo menos fuera del cuerpo de los animales.

Nuestras observaciones recayeron en los ganglios sensitivos jóvenes (gato de pocos días). Como terreno de cultivo hubimos de servirnos del líquido cefalorraquídeo mantenido en estufa á 38°. Desde las dieciséis horas de su separación las células sensitivas son asiento de un fenómeno de excitación formativa, traducido por la proyección de largos apéndices ramificados y terminados á favor de mazas ó esferas voluminosas. Estas producciones nuevas, á veces muy complicadas, constituyen excelente criterio de la supervivencia neuronal (fig. 141).

Después de nosotros, análogas y todavía más interesantes neoformaciones (provocadas con ayuda de métodos de cultivo mucho más perfectos), fueron observadas por Legendre y Minot y por Marinesco y Minea.

4. Copiosísima y altamente interesante fué la cosecha de adquisiciones en el terreno de la degeneración y regeneración de la médula espinal[263]. Algunos de los hechos de que brevemente vamos á dar cuenta representan, según dejamos apuntado, argumentos de inestimable valor en pro de la doctrina neurotrópica. Ellos prueban que la creación de retoños y su orientación al través de los diver[p. 519]sos tejidos, hállase condicionada por la liberación, en torno de las fibras y células, de fermentos activadores de la asimilación protoplásmica. Estos agentes catalíticos (substancias neurotrópicas) son fabricados por el tejido conectivo embrionario; pero muy señaladamente por las células de Schwann de los tubos nerviosos ordinarios en trance de regeneración.

Ilustración Fig. 141.—Formas celulares retoñantes halladas en un ganglio puesto en estufa durante dos días y embebido en el líquido cefalorraquídeo —a, axon; e, f, g, ramas recién formadas.

En condiciones normales, los citados reclamos faltan en los centros, frustrándose por consiguiente la regeneración de las fibras de la substancia blanca interrumpida. Mas en cuanto concurren circunstancias experimentales favorables, la tendencia regenerativa, latente en las fibras[p. 520] de los centros, se despierta y alcanza extraordinaria pujanza.

Ilustración Fig. 142.—Trozo del cordón posterior de la médula espinal de gato joven, cuyas meninges sufrieron un traumatismo seguido de producción cicatricial exuberante. —A, cicatriz embrionaria; B, retoño penetrado en ella; D, fibras longitudinales de la substancia blanca en fase de irritación productiva.

En la médula espinal, dichas condiciones favorables se establecen, á menudo, consecutivamente á la sección simultánea de la substancia blanca y raíces sensitivas y motoras. Iniciada en estos conductores, con la degeneración de las células de Schwann, la liberación de substancias neurotrópicas que se difunden hasta el territorio de los cordones medulares mismos, los axones, antes morosos y como inertes, crecen activamente; no es raro verlos inva[p. 521]dir el espesor de las raíces, progresando por ellas durante largas distancias.

Ilustración Fig. 143.—Corte longitudinal del cordón antero-lateral del gato de pocos días, en que se seccionó la médula lumbar.— A, borde de la herida del cordón antero-lateral; B, C, raíces anteriores degeneradas é invadidas por ramas cordonales neoformadas; a, b, fibras funiculares que daban ramas á las raíces motrices.

Lo mismo ocurre en el cerebro. Si, conforme ha probado Tello[264] en sus brillantes experimentos, se introduce en[p. 522] una herida cerebral un segmento de nervio degenerado, los axones pertenecientes á las pirámides, conductores los más apáticos y rebeldes á todo proceso neoformador, sacuden su inercia, entran en turgescencia productiva y proyectan larguísimos retoños, que asaltan el secuestro nervioso con la misma acometividad y potencia de crecimiento características de los renuevos del nervio ciático interrumpido.

En menor escala, gozan también de la propiedad de elaborar materias neurotrópicas las células conectivas de las cicatrices durante sus fases iniciales (figs. 142 y 144, B).

Tales hechos, de gran transcendencia biológica, refutan definitivamente el dogma, generalmente admitido, de la irregenerabilidad esencial de las vías centrales. Tamaña incapacidad productiva constituye propiedad contingente y adventicia, motivada, según dejamos dicho, por la ausencia irremediable, dentro de la substancia blanca y gris, de fuentes secretoras de agentes catalíticos ó materias orientadoras[265].

Entre las pruebas de tan importante doctrina son singularmente expresivas las siguientes, extraídas de mis trabajos sobre la degeneración y regeneración de la médula espinal y raíces nerviosas.

a) Cuando, por azar del manual operatorio, se hiere en cierta extensión la pia mater y se crea, por tanto, cierta masa cicatricial perimedular, sorpréndense muchas veces retoños colaterales brotados de conductores del cordón posterior, y aun verdaderas fibras terminales, que emergen del territorio medular y se ramifican prolijamente en el seno del tejido conectivo. Este se muestra, pues, capaz de despertar, en cierta medida, la actividad neoformativa de los axones y de atraer los conos de crecimiento (fig. 142, B).

[p. 523]b) Cuando, consecutivamente á una herida de la médula y raíces, ó por la propagación á éstas de la inflamación traumática medular, degeneran las células de Schwann radiculares, éstas inducen la formación de brotes en la substancia blanca y ejercen violenta atracción de los mismos hacia sí.

Ilustración Fig. 144.—Herida transversal de la médula espinal.— A, cabo superior con fibras retoñantes; B, cicatriz invadida por fibras sensitivas de las raíces posteriores; E, quiste central de la herida.

En la figura 143, e, c, que reproduce un corte longitudinal del cordón anterior, puede verse cómo los axones funiculares cercanos á la[p. 524] herida medular, influídos por los reclamos llegados de las raíces anteriores degeneradas, emiten ramas que, después decrecer pujantemente, penetran en dichas raíces, marchando ora por el interior de las células de Schwann, ora por sus intervalos, convertidas en conductores motores aberrantes (B, C).

Ilustración Fig. 145.—Corte longitudinal de las raíces anteriores de un gato á quien se produjo una herida medular.— A, fibras sensitivas de la cicatriz invadiendo una raíz anterior degenerada; B, fibras invasoras ramificándose al nivel de un conglomerado grasiento; C, porción necrosada del cordón anterior en la inmediación de la herida.

Instructivo es también el caso reproducido en la figura 145, A, donde vemos varios axones, recién formados, perdidos en la cicatriz (verosímilmente nacidos del cabo periférico de una raíz sensitiva cortada), penetrar equivocadamente en cierta raíz motriz degenerada (la cual es recorrida en sentido centrífugo), irresistiblemente[p. 525] atraídos por las substancias neurotrópicas elaboradas por las células de Schwann. Lo mismo ocurre cuando las raíces, separadas y degeneradas, son las posteriores ó sensitivas.

Ilustración Fig. 146.—Invasión de la médula espinal por colaterales motrices retrógradas nacidas del trayecto extramedular de las raíces anteriores. Gato de pocos días, sacrificado cuatro después de la sección de la médula espinal.— A, B, C, D, ramas motrices recurrentes que invaden la médula espinal; E, axon casi normal de que emanaban dos colaterales; F, rama que se hacía longitudinal; H, I, ramas invasoras, varias veces divididas.

5. No todos los extravíos de las fibras cordonales o de los retoños brotados en las raíces motoras y sensitivas lesionadas (cabo central, es decir, porción del axon unido á la célula de origen) responden á procesos neurotrópicos.[p. 526] En las dislocaciones de los retoños influyen también la ausencia de obstáculos en determinado sentido (la dirección de la menor resistencia) y cierto impulso de crecimiento desbordante adquirido por las fibras neoformadas cuando se han nutrido algún tiempo, ó han nacido en terreno henchido de materias neurotrópicas.

a) Por ejemplo, conforme mostramos en la figura 146, B, G, renuevos exuberantes, brotados colateralmente en los axones de raíces motrices lesionadas, invaden retrógradamente la médula espinal para constituir fibras funiculares aberrantes. El choque eventual con obstáculos invencibles tuerce á veces el curso de los retoños durante su trayecto intramedular, provocando su división en rama ascendente y descendente (fig. 146, A).

b) En este orden de fenómenos mecánicos entra, sin duda, el mostrado en la figura 147, A, B, que reproduce varias raíces sensitivas degeneradas juntamente con un segmento de cordón posterior completamente necrosado. Adviértase cómo los retoños surgidos en el cabo periférico de dichas raíces (lado del ganglio) penetran en la médula espinal en virtud del impulso inicial (vis à tergo) y organizan á modo de rudimento de cordón posterior. Las letras K, H, etc., señalan conos de crecimiento, avanzando á guisa de ariete, á lo largo de las raíces y por el interior del cordón posterior.

Ilustración Fig. 147.—Trozo del cordón posterior y radiculares regeneradas del perro de pocos días, cuyo cono terminal fué lesionado en varias partes.— A, raíces sensitivas; C, fibras sensitivas extraviadas; D, fibra penetrante que abandona la médula; H, maza terminal; E, fibra que da ramas recurrentes.

6. Mis estudios en los centros traumatizados (médula, cerebro y cerebelo) revelaron además la existencia de notables fenómenos de compensación ó, si se quiere, de adaptación morfológica de las neuronas á las condiciones fisiológicas artificiales provocadas por la mutilación. Cuando á una célula nerviosa se le amputa un trozo axónico, no muere por ello necesariamente, como no sucumbe un individuo privado de un miembro; antes bien, procura sacar el mejor partido posible de su nueva situación, eliminando el segmento inútil del conductor (el callejón sin salida, como si dijéramos) y manteniendo y reforzando sus colaterales, la última de las cuales se convierte en rama terminal.

[p. 527]He aquí algunos ejemplos instructivos de tan interesante fenómeno, ilustrados con dibujos semiesquemáticos:

a) Seccionadas las fibras de la substancia blanca medular y ausentes los catalizadores neurocládicos, la porción axónica situada más allá de la última colateral, se atrofia y reabsorbe, después de constituir una maza de retracción (fig. 148, b, d). Repárese en la figura 148, A cómo dicha colateral se hipertrofia, transformándose en rama terminal, á causa quizás de absorber ahora ella sola toda la energía de la corriente antes diluída por dilatada arborización.

Ilustración Fig. 148.—Trozo del cabo central de la herida medular del gato joven, tres días después de la operación.— A, colaterales espesadas que se transformarán en terminales; a, b, c, trozo longitudinal de los axones destinados á desaparecer; B, mazas de retracción.

[p. 528]b) Casos todavía más sorprendentes de la citada adaptación morfológica encuéntranse en el cerebelo y cerebro traumatizados, según comunicamos en varias extensas monografías[266]. Á causa de este singular modus vivendi, es dable transformar experimentalmente[p. 529] una célula de axon largo en una célula de axon corto. Valgan los dos ejemplos siguientes:

En la figura 149, E, G, perteneciente al cerebelo, mostramos cómo, merced á la desaparición de la porción periférica del axon de Purkinje, la arborización nerviosa ha quedado reducida á una ó dos colaterales iniciales notablemente hipertrofiadas. En adelante, pues, la neurona cerebelosa no podrá mantener comercio dinámico sino con sus elementos congéneres vecinos, con cuyos tallos dendríticos entran en contacto las referidas ramas[267].

Ilustración Fig. 149.—Principales tipos de axones de Purkinje del cerebelo del gato de veinte días, dos días después del traumatismo. Esta zona se halla cerca de la herida y los axones pertenecen á dos cortes sucesivos de la misma región.— A, axon normal; B, axon con varicosidad; C, D, E, G, axones de tipo arciforme; F, maza final.

Ilustración Fig. 150.—Corte del cerebro motor del gato de veinticinco días, sacrificado veinticuatro horas después de la operación.— A, D, pirámides medianas con colaterales arciformes hipertróficas y cabo axónico fino y atrófico (a, b); C, F, G, pirámides arciformes cuyo trozo axónico periférico ha desaparecido; B, pirámide cuyo axon se resuelve en dos arcos recurrentes; H, herida.

[p. 530]La figura 150, A, D, C, copia el mismo fenómeno metamórfico con relación á las pirámides cerebrales, cuyo axon fué interrumpido cerca de la substancia blanca. Adviértase cómo algunas colaterales próximas á la herida se han reabsorbido, atacadas sin duda de degenera[p. 531]ción traumática; en cambio, las indemnes, brotadas de la porción inicial del axon, han conservado su vitalidad, hipertrofiándose notablemente y adoptando configuración arciforme (f). Las fases iniciales del proceso adaptativo ofrécense en las células A y B, donde todavía subsiste cierto segmento axónico (a, b) en vías de atrofia.

Cuando la lesión interesa la región axónica de donde parten las colaterales iniciales, éstas desaparecen del todo y el axon exhibe un cabo apuntado (fig. 150, e), que nosotros hubimos de designar punta de corrosión. Estas neuronas, gravemente mutiladas, no tardan en degenerar y morir.

Ilustración Fig. 151.—Cerebro de perro. Retoños brotados de las varicosidades del cabo central de las pirámides cerebrales.

Los precedentes hechos enseñan que la morfología de las células nerviosas no obedece á tendencia inmanente y fatal, mantenida por herencia, como ciertos autores han defendido, sino que depende enteramente de las circunstancias actuales físicas y químicas del ambiente.

7. Desde el punto de vista de la regeneración, el cerebro y cerebelo son incomparablemente menos activos que los[p. 532] ganglios y médula espinal. Ningún histólogo consiguió demostrar con absoluta certeza la realidad de fenómenos regenerativos en la substancia blanca de dichos centros. Por nuestra parte, sólo á fuerza de porfiadas exploraciones logramos, al fin, descubrir actos indiscutibles de producción de fibras nuevas, bien que efímeras y, por consiguiente, frustradas. Semejante precario retoñamiento obsérvase exclusivamente en animales jóvenes (gato y perro de diez á veinte días) y al nivel de las varicosidades de trayecto y mazas finales de los cilindros-ejes interrumpidos dentro de la substancia blanca (cabos centrales). Dos variedades principales se presentan:

Ilustración Fig. 152.—Cerebro de perro. Axones del cabo central con segmentos necrosados (b), dentro de los que penetran bouquets de neurofibrillas retoñantes (a).

[p. 533]a) De gruesa varicosidad terminal (bola de retracción) ó de trayecto surgen varias radiaciones, finas y pálidas, que se pierden en los territorios limítrofes, donde se ramifican y acaban en punta pálida. Por evocar la figura de la tortuga, designé tan singular disposición aparato testudoide (fig. 151, E, F, H).

b) En las fronteras de un segmento axónico necrosado, las neurofibrillas supervivientes de la vecina varicosidad entran en activa proliferación, generando cierto penacho de ramúsculos que invaden el protoplasma muerto (fig. 152, a), donde acaban mediante botones ó anillos. Por su figura, que recuerda algo la de la sepia, bauticé tan insólita disposición con el nombre de aparato cefalopódico.

Las figuras 151 y 152 nos dispensan de entrar en más pormenores acerca de estas neoformaciones fracasadas.

Ilustración Fig. 153—Cerebelo del gato de pocos días. Células de Purkinje excitadas por el traumatismo, de cuyo soma surgen brotes descendentes (a).

Actos eventuales de regeneración incipiente son rarísimos en el cerebelo. Con todo eso, á fuerza de insistentes experimentos de irritación traumática de los corpúsculos de Purkinje, y escogiendo al efecto mamíferos de pocos días (gato y perro), conseguí percibir en dichos elementos indubitables señales de retoñamiento. Séame permitido señalar, entre otras disposiciones de índole neoformativa frustrada, estas dos:

a) Transformación (con creación de ramas abortivas) del ramaje protoplásmico de los elementos de Purkinje, en elegante bouquet, compuesto de finos pedículos coronados por botones reticulados (figura 153, c). Para distinguirla de otras, calificamos esta singular modificación metamorfosis rosaliforme.

[p. 534]b) Emisión, al nivel del soma, de apéndices delgados laterales ó descendentes terminados á corta distancia (fig. 153, a) mediante anillo, grumo ó varicosidad. Ciertas proyecciones parecen encerrar una sola neurofibrilla.

Ilustración Fig. 154.—Pirámides cerebrales del perro. Cerca de la herida los axones interrumpidos (cabo central) muestran rosarios de bolas (B, C); D, bolas sueltas cerca de la herida.

8. Por lo que toca al proceso degenerativo de las fibras y células del cerebro y cerebelo, provocado ora por sección, ora por contusión, bien por intromisión de cuerpos extraños, la cosecha de disposiciones morfológicas recogidas fué tan copiosa y variada que sobrepujó á todas mis esperanzas. Relatarlas todas, aún concisamente, exigiría muchas páginas. Para no torturar demasiado al lector con interminables listas de cominerías descriptivas, me contraeré á exponer algunos datos sobresalientes:

a) Corroborando y ampliando resultados, ya señalados en 1907[268], pusimos en evidencia que todo axon cerebral ó cerebeloso, interrumpido á regular distancia de la célula de origen, reacciona viva[p. 535]mente, formando al nivel de su segmento ó cabo central, cierta bola ó maza final, precedida de otras esferas ó varicosidades extendidas en forma de rosario hasta la última colateral inicial (fig. 154). Casi todas estas bolas se separan del axon durante los días siguientes á la lesión, atrofiándose sucesivamente en el seno de la substancia gris, donde constituyen colonias neurofibrillares agónicas. Transcurrida una ó dos semanas del traumatismo, permanece solamente la varicosidad más próxima á la porción indemne del axon, afectando forma de maza ó de botón terminal. Tal es la bola de retracción, que marca claramente en una preparación del cerebro y cerebelo la dirección en que se encuentra la neurona de origen. Las precedentes mutaciones del axon, con la susodicha autotomía ó acto de eliminación de las esferas, corresponden genéricamente al proceso comunmente designado por los autores degeneración traumática del cabo central y estudiado mediante técnicas insuficientes. En la figura 156, B mostramos varias mazas de retracción, pertenecientes á las células[p. 536] de Purkinje, ocho días después de la sección; y en la figura 154 reproducimos el proceso de arrosariamiento y autotomía de los cilindros-ejes de las pirámides gigantes del cerebro.

Ilustración Fig. 155.—Fenómenos de metamorfosis neurofibrillar en las mazas terminales de axones cerebrales cortados (A, B, C) y en bolas sueltas (G, F, E).

b) Las grandes bolas desprendidas por autotomía de robustos cilindros-ejes, conservan, durante mucho tiempo, cierta colonia central neurofibrillar, la cual en ciertos casos excepcionales, de que damos copia en la figura 155, E, J, F, ofrece señales evidentes de supervivencia y de retoñamiento intraprotoplásmico. Son las neurobionas, que, antes de perecer, intentan durante su agonía esfuerzos desesperados por restablecer la perdida continuidad con sus hermanas.

Ilustración Fig. 156.—Ocho días después de la lesión, los axones de las células de Purkinje (cerebelo del conejo adulto) presentan bolas de retracción (B).

c) Mis observaciones revelaron también que las neuronas comprometidas por presiones, conmociones ó traumatismos, recaídos en la vecindad, no sucumben siempre súbitamente, presa de la desintegración granulosa, sino que se necrosan por grados, propagándo[p. 537]se el proceso[269] destructivo desde las capas protoplásmicas superficiales hasta las profundas. En las figuras 157, A, E y 158, A, E aportamos patentes ejemplos de esta gradual mortificación. Repárese cómo en torno del núcleo y en el eje de las dendritas sobrevive tenazmente el armazón protoplásmico que, entrando en excitación formativa, hipertrofia, á veces, sus neurofibrillas y afecta configuraciones sorprendentes y variadísimas (fig. 157, D, E).

Ilustración Fig. 157.—Células de Purkinje del cerebelo traumatizado. Nótese en A, B y C la presencia de una zona cortical mortificada con persistencia de las neurofibrillas perinucleares.

d) Entre las modalidades metamórficas del armazón neurofibrillar lesionado por conmociones y presiones, obsérvase á menudo cierta alteración, en un todo comparable con la característica de los animales invernantes ó de los atacados de rabia[270]. Muchas neurofibrillas han experimentado la hipertrofia fusiforme, mientras que otras han desaparecido enteramente. Transiciones variadas entre el mero proceso hipertrófico y la producción de husos hallará el lector en la figura 158, J, G, que copia algunas pirámides cerebrales[p. 538] tomadas de la vecindad de una herida complicada con los efectos de enérgica contusión.

Ilustración Fig. 158.—Fenómenos de metamorfosis neurofibrillar en las pirámides cerebrales próximas á una herida contusa.— A, neurofibrillas perinucleares vivaces; B, C, D, formación de asas y anillos; J, hipertrofia neurofibrillar; G, estado fusiforme.

e) Los aludidos trabajos revelaron, asimismo, un hecho de cierto interés criteriológico[271], pues permite discernir fácilmente los axones muertos de los vivos. Aludo á las llamadas fibras conservadas[p. 539] (figura 159, d), segmentos de cilindros-ejes bruscamente destruídos por el traumatismo, y como embalsamados por la acción del exudado. Aparecen cerca de las heridas, afectando todos los atributos de los axones normales, á quienes se asemejan por su perfecta colora[p. 540]bilidad, forma cilíndrica, aspecto estriado y ausencia de bolas y varicosidades. Á primera vista confúndense con los axones vivos. De ellos discrepan, sin embargo, por terminarse en los bordes de la herida, y á veces en pleno exudado, mediante un gancho (c) ó algunas vueltas de espira, exhibir trayecto más ó menos serpenteante, y, en fin, rematar hacia lo profundo de la substancia gris á favor de punta de corrosión progresivamente pálida (b).

Ilustración Fig. 159a.—Borde proximal de una herida transversal del cerebro de gato de un mes, sacrificado veintiuna horas después de la operación.— A, zona viva ó de reacción; B, zona de corrosión; C, zona de las fibras conservadas; D, exudado de la herida; a, maza de refracción; b, punta de corrosión de una fibra conservada y unida todavía á un axon sano; d, puntas flotantes de fibras conservadas.

En la figura 159a, d, presentamos los bordes de una herida cerebral cruzados por numerosas fibras conservadas. Repárese cómo ninguna de ellas ofrece bola de retracción; al revés de los axones vivaces, los cuales, situados á mayor profundidad, van todos provistos de varicosidades de trayecto y maza terminal (a).

9. Por lo que hace á las metamorfosis patológicas y actos regenerativos sobrevenidos en los ganglios sensitivos, dí á luz dos trabajos de investigación: uno referente á los ganglios transplantados[272] y otro (en 1913) tocante á los fenómenos reaccionales en ellos sobrevenidos consecutivamente al arrancamiento á distancia de los nervios correspondientes.

Nuestros estudios sobre el fecundo tema de la injertación de los ganglios sensitivos, confirmaron, desde luego, los bellísimos y transcendentales experimentos de Nageotte acerca de la metamorfosis de las neuronas neuropolares en multipolares, amén de la aparición de nidos nerviosos, la necrosis celular del centro gangliónico seguida de la formación de nódulos residuales, etc., añadiendo las siguientes observaciones:

a) Si en vez de transplantar ganglios grandes jóvenes bajo la piel de un animal adulto, según hacían Nageotte, Marinesco, Rossi, Dustin, etc. (homotransplantación), se injertan pequeñísimos ganglios (los terminales de la cola de caballo) de mamíferos recién nacidos bajo la piel de animales hermanos (homocronotransplantación)[p. 541] el número de células nerviosas supervivientes es mucho mayor, salvándose hasta las habitantes en el centro ganglionar, incluyendo sus axones. De ordinario, en los experimentos de Nageotte estas prolongaciones aparecen necrosadas. Adviértese también que los fenómenos de creación y proyección de nuevos apéndices alcanzan inusitada energía (fig. 159b).

Ilustración Fig. 159b.—Trozo de un pequeño ganglio transplantado.— A, nervio de nueva formación que cruza la cápsula ganglionar (B) é invade el tejido conectivo del huésped; C, E, ramas neoformadas que trazan revueltas en la cápsula; G, H, neuronas muertas; F, apéndice dirigido al interior del ganglio.

b) Según notamos en la figura 159b, A, la pujanza de crecimiento y progresión de los citados brotes es tal, que á menudo barrenan la[p. 542] cápsula fibrosa del ganglio injertado. Reunidos en manojos, que son verdaderos nerviecitos, y traspasada la barrera capsular, los citados retoños, solicitados sin duda por las substancias neurotrópicas del tejido cicatricial circunvecino, se derraman en la trama conectiva del huésped, marchando en desorden, como en busca de los desaparecidos territorios terminales (fig. 159b, D).

c) De parecida manera se conducen los axones subsistentes de las raíces gangliónicas. Gracias á la pequeñez del injerto consérvanse vivaces casi todos ellos y generan, principalmente del lado de la rama periférica, nerviecitos aberrantes que se pierden en los territorios vecinos del animal receptor.

10. Mis experimentos de arrancamiento de los nervios[273] por fuera y á distancia de los ganglios sensitivos, revelaron un hecho de cierto interés, á saber: que es posible provocar en las neuronas gangliónicas, por simple conmoción ó vibración mecánica, todos los curiosos fenómenos de metamorfosis del soma y producción de retoños observados por Nageotte en los ganglios injertados (creación de apéndices, formación de nidos pericelulares y de células desgarradas y lobuladas, aparición de nódulos residuales, etc.).

Cuando el arrancamiento recae en las raíces motrices, en paraje alejado de la médula espinal, promuévese, entre otros efectos, ya señalados por Sala y Cortese (que trabajaron también con mi técnica), la formación de numerosos retoños, muchos de los cuales, retrogradando en el interior de la raíz, penetran en la médula espinal, inundando de ramas nerviosas el territorio del cordón antero-lateral.

Asimismo pusimos de manifiesto que las heridas de los ganglios ó el aplastamiento de sus raíces dan ocasión á[p. 543] fenómenos activos de retoñamiento en las fibras y células sensitivas, con formación lujuriosa de nidos de extraordinaria complicación.

Ilustración Fig. 160.—Intercalación de un trozo nervioso en la herida del ciático. Nótese cómo los retoños del cabo central son atraídos por los dos extremos del injerto (B), dentro del cual caminan superficiales.— A, cabo central; C, cabo periférico; d, fibras que, después de recorrer el injerto, penetran en dicho cabo degenerado.

11. Singularmente expresivos en favor de la teoría neurotrópica, fueron los resultados de mis experimentos de transplantación y reimplantación de los cordones nerviosos[274] en el intervalo de los segmentos del ciático interrumpido. De estos estudios, confirmatorios, en principio, de los efectuados por Lugaro, Marinesco y Dustin, despréndese una conclusión importante: que la acción trópica atrayente de las células de Schwann del injerto hállase íntimamente vinculada con la vitalidad de las mismas. Injertos muertos (descompuestos ó alterados mediante líquidos coagulantes, etc.) no ejer[p. 544]cen influjo neurotrópico sobre los retoños del cabo central del ciático cortado; gruesos y frescos injertos sólo atraen las fibras por su capa cortical ó subneurilemática, territorio donde las células de Schwann se mantienen vi[p. 545]vaces y activas; en fin, delgadísimos y fresquísimos injertos (reimplantación), cuya trama conserva íntegramente sus propiedades fisiológicas, son invadidos casi enteramente por los retoños circulantes por el ambiente. En la figura 160 reproducimos el resultado de uno de nuestros experimentos. Adviértase cómo los axones neoformados en el cabo central de un nervio seccionado concéntranse en el extremo proximal del injerto (e), que recorren en toda su longitud para emerger, en fin, por el opuesto lado é insinuarse en el cabo periférico del ciático (d). Nótese, además, la preferencia de los retoños por las capas superficiales del nervio injertado, que son naturalmente las más vivaces y las más activas, por tanto, para la elaboración de fermentos atrayentes. La citada convergencia axónica, denotadora de la sensibilidad exquisita de los retoños hacia las substancias liberadas por el injerto, resulta un hecho singularmente favorable para nuestra teoría neurotrópica.

12. En diversos estudios sobre la regeneración habíamos anunciado el pensamiento de que las bolas gigantes, observadas en el extremo libre de ciertos retoños, tenían por causa el atasco ó detención eventual de las mazas; que los retrocesos se debían al choque contra obstáculos insuperables y, en fin, que las divisiones, aparte la posible intervención de fuentes neurotrópicas múltiples, obedecían también al topetazo del cono contra células ó conglomerados celulares. Tales interpretaciones parecían probables, pero no indiscutibles: faltábales la prueba experimental decisiva.

Á fin de aportarla, efectuamos en 1912[275] algunos expe[p. 546]rimentos encaminados á angostar gradualmente las rutas destinadas á recibir á los jóvenes axones y establecer en ellas obstáculos invencibles. Bajo este aspecto, diónos plena satisfacción el conocido proceder de las ligaduras nerviosas, combinado con la sección (fig. 161).

Ilustración Fig. 161.—Cabo periférico de un nervio cortado. En dicho cabo y no lejos de la herida se hizo una ligadura apretada para impedir el paso de los retoños invasores.— A, cicatriz internerviosa; B, ligadura; a, c, retoños insinuados en el cabo periférico degenerado; C, porción situada debajo de la ligadura, con axones agónicos (d) en vías de degeneración; b, bola atascada de que brota una proyección exploradora. (Figura semiesquemática).

Ilustración Fig. 162.—Nervio ciático multiseccionado. A, cicatriz principal, frontera del cabo vivaz ó central; B, C, hemisecciones nerviosas destinadas á crear estrechas fajas cicatriciales, a, b, c, ramificaciones de los retoños al nivel de las cicatrices. (Figura semiesquemática).

De nuestro trabajo, notablemente ampliado en el libro sobre la degeneración y regeneración, extraemos dos figuras, altamente significativas:

a) La 161, que reproduce esquemáticamente los efectos de una ligadura moderadamente apretada, prueba perentoriamente que toda detención del cono de crecimiento tiene por resultado el modelamiento de una bola ó maza de variable espesor (b). Á veces, cerca de la región de la ligadura, ó sea de la máxima angostura, las mazas emiten fibras finas exploradoras, á su vez prontamente atascadas. En la misma figura se observa que después de chocar con el obstáculo unos pocos axones, retroceden bruscamente, trazando asas, cuya convexidad señala la presencia de aquél (a).

b) En fin, la figura 162, donde se copia un cabo periférico varias veces seccionado, demuestra que las divisiones de los axones asaltantes de las viejas vainas de Schwann (B) ocurren precisamente al nivel de las cicatrices intermediarias, es decir, en territorios rellenos de células conectivas irregularmente distribuídas, aunque ricos en materias neurotrópicas. Abundancia de fermentos estimulantes del crecimiento axónico y presencia de obstáculos múltiples constituyen, pues, las condiciones determinantes de las ramificaciones axónicas.

6 Capítulo XXV[editar]

Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

No se le cocía el pan a don Quijote, como suele decirse, hasta oír y saber las maravillas prometidas del hombre condutor de las armas. Fuele a buscar donde el ventero le había dicho que estaba, y hallóle, y díjole que en todo caso le dijese luego lo que le había de decir después, acerca de lo que le había preguntado en el camino. El hombre le respondió:

— Más despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis maravillas: déjeme vuestra merced, señor bueno, acabar de dar recado a mi bestia, que yo le diré cosas que le admiren.

— No quede por eso —respondió don Quijote—, que yo os ayudaré a todo.

Y así lo hizo, ahechándole la cebada y limpiando el pesebre, humildad que obligó al hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedía; y, sentándose en un poyo y don Quijote junto a él, teniendo por senado y auditorio al primo, al paje, a Sancho Panza y al ventero, comenzó a decir desta manera:

— «Sabrán vuesas mercedes que en un lugar que está cuatro leguas y media desta venta sucedió que a un regidor dél, por industria y engaño de una muchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó un asno, y, aunque el tal regidor hizo las diligencias posibles por hallarle, no fue posible. Quince días serían pasados, según es pública voz y fama,— que el asno faltaba, cuando, estando en la plaza el regidor perdidoso, otro regidor del mismo pueblo le dijo: Dadme albricias, compadre, que vuestro jumento ha parecido. Yo os las mando y buenas, compadre —respondió el otro—, pero sepamos dónde ha parecido. En el monte —respondió el hallador—, le vi esta mañana, sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flaco que era una compasión miralle. Quísele antecoger delante de mí y traérosle, pero está ya tan montaraz y tan huraño, que, cuando llegé a él, se fue huyendo y se entró en lo más escondido del monte. Si queréis que volvamos los dos a buscarle, dejadme poner esta borrica en mi casa, que luego vuelvo. Mucho placer me haréis —dijo el del jumento—, e yo procuraré pagároslo en la mesma moneda. Con estas circunstancias todas, y de la mesma manera que yo lo voy contando, lo cuentan todos aquellos que están enterados en la verdad deste caso. En resolución, los dos regidores, a pie y mano a mano, se fueron al monte, y, llegando al lugar y sitio donde pensaron hallar el asno, no le hallaron, ni pareció por todos aquellos contornos, aunque más le buscaron. Viendo, pues, que no parecía, dijo el regidor que le había visto al otro: Mirad, compadre: una traza me ha venido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir este animal, aunque esté metido en las entrañas de la tierra, no que del monte; y es que yo sé rebuznar maravillosamente; y si vos sabéis algún tanto, dad el hecho por concluido. ¿Algún tanto decís, compadre? —dijo el otro—; por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos asnos. Ahora lo veremos —respondió el regidor segundo—, porque tengo determinado que os vais vos por una parte del monte y yo por otra, de modo que le rodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaré yo, y no podrá ser menos sino que el asno nos oya y nos responda, si es que está en el monte. A lo que respondió el dueño del jumento: Digo, compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio. Y, dividiéndose los dos según el acuerdo, sucedió que casi a un mesmo tiempo rebuznaron, y cada uno engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse, pensando que ya el jumento había parecido; y, en viéndose, dijo el perdidoso: ¿Es posible, compadre, que no fue mi asno el que rebuznó? No fue, sino yo, respondió el otro. Ahora digo —dijo el dueño—, que de vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca al rebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia. Esas alabanzas y encarecimiento —respondió el de la traza—, mejor os atañen y tocan a vos que a mí, compadre; que por el Dios que me crió que podéis dar dos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo; porque el sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás; los dejos, muchos y apresurados, y, en resolución, yo me doy por vencido y os rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad. Ahora digo — respondió el dueño—, que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, y pensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que, puesto que pensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba el estremo que decís. También diré yo ahora —respondió el segundo— que hay raras habilidades perdidas en el mundo, y que son mal empleadas en aquellos que no saben aprovecharse dellas. Las nuestras —respondió el dueño—, si no es en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos pueden servir en otros, y aun en éste plega a Dios que nos sean de provecho. Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada paso se engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseño que, para entender que eran ellos, y no el asno, rebuznasen dos veces, una tras otra. Con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el monte sin que el perdido jumento respondiese, ni aun por señas. Mas, ¿cómo había de responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo más escondido del bosque, comido de lobos? Y, en viéndole, dijo su dueño: Ya me maravillaba yo de que él no respondía, pues a no estar muerto, él rebuznara si nos oyera, o no fuera asno; pero, a trueco de haberos oído rebuznar con tanta gracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que he tenido en buscarle, aunque le he hallado muerto. En buena mano está, compadre — respondió el otro—, pues si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo. Con esto, desconsolados y roncos, se volvieron a su aldea, adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les había acontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en el rebuznar; todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos. Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas y discordia por doquiera, levantando caramillos en el viento y grandes quimeras de nonada, ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, en viendo a alguno de nuestra aldea, rebuznase, como dándoles en rostro con el rebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar en manos y en bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo el rebuzno de en uno en otro pueblo, de manera que son conocidos los naturales del pueblo del rebuzno, como son conocidos y diferenciados los negros de los blancos; y ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchas veces con mano armada y formado escuadrón han salido contra los burladores los burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque, ni temor ni vergüenza. Yo creo que mañana o esotro día han de salir en campaña los de mi pueblo, que son los del rebuzno, contra otro lugar que está a dos leguas del nuestro, que es uno de los que más nos persiguen: y, por salir bien apercebidos, llevo compradas estas lanzas y alabardas que habéis visto.» Y éstas son las maravillas que dije que os había de contar, y si no os lo han parecido, no sé otras.

Y con esto dio fin a su plática el buen hombre; y, en esto, entró por la puerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos y jubón, y con voz levantada dijo:

— Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra.

— ¡Cuerpo de tal —dijo el ventero—, que aquí está el señor mase Pedro! Buena noche se nos apareja.

Olvidábaseme de decir como el tal mase Pedro traía cubierto el ojo izquierdo, y casi medio carrillo, con un parche de tafetán verde, señal que todo aquel lado debía de estar enfermo; y el ventero prosiguió, diciendo:

— Sea bien venido vuestra merced, señor mase Pedro. ¿Adónde está el mono y el retablo, que no los veo?

— Ya llegan cerca —respondió el todo camuza—, sino que yo me he adelantado, a saber si hay posada.

— Al mismo duque de Alba se la quitara para dársela al señor mase Pedro — respondió el ventero—; llegue el mono y el retablo, que gente hay esta noche en la venta que pagará el verle y las habilidades del mono.

— Sea en buen hora —respondió el del parche—, que yo moderaré el precio, y con sola la costa me daré por bien pagado; y yo vuelvo a hacer que camine la carreta donde viene el mono y el retablo.

Y luego se volvió a salir de la venta.

Preguntó luego don Quijote al ventero qué mase Pedro era aquél, y qué retablo y qué mono traía. A lo que respondió el ventero:

— Éste es un famoso titerero, que ha muchos días que anda por esta Mancha de Aragón enseñando un retablo de Melisendra, libertada por el famoso don Gaiferos, que es una de las mejores y más bien representadas historias que de muchos años a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo consigo un mono de la más rara habilidad que se vio entre monos, ni se imaginó entre hombres, porque si le preguntan algo, está atento a lo que le preguntan y luego salta sobre los hombros de su amo, y, llegándosele al oído, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declara luego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están por venir; y, aunque no todas veces acierta en todas, en las más no yerra, de modo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo. Dos reales lleva por cada pregunta, si es que el mono responde; quiero decir, si responde el amo por él, después de haberle hablado al oído; y así, se cree que el tal maese Pedro esta riquísimo; y es hombre galante, como dicen en Italia y bon compaño, y dase la mejor vida del mundo; habla más que seis y bebe más que doce, todo a costa de su lengua y de su mono y de su retablo.

En esto, volvió maese Pedro, y en una carreta venía el retablo, y el mono, grande y sin cola, con las posaderas de fieltro, pero no de mala cara; y, apenas le vio don Quijote, cuando le preguntó:

— Dígame vuestra merced, señor adivino: ¿qué peje pillamo? ¿Qué ha de ser de nosotros?. Y vea aquí mis dos reales.

Y mandó a Sancho que se los diese a maese Pedro, el cual respondió por el mono, y dijo:

— Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están por venir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes, algún tanto.

— ¡Voto a Rus —dijo Sancho—, no dé yo un ardite porque me digan lo que por mí ha pasado!; porque, ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yo porque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero, pues sabe las cosas presentes, he aquí mis dos reales, y dígame el señor monísimo qué hace ahora mi mujer Teresa Panza, y en qué se entretiene.

No quiso tomar maese Pedro el dinero, diciendo:

— No quiero recebir adelantados los premios, sin que hayan precedido los servicios.

Y, dando con la mano derecha dos golpes sobre el hombro izquierdo, en un brinco se le puso el mono en él, y, llegando la boca al oído, daba diente con diente muy apriesa; y, habiendo hecho este ademán por espacio de un credo, de otro brinco se puso en el suelo, y al punto, con grandísima priesa, se fue maese Pedro a poner de rodillas ante don Quijote, y, abrazándole las piernas, dijo:

— Estas piernas abrazo, bien así como si abrazara las dos colunas de Hércules, ¡oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante caballería!; ¡oh no jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de los caídos, báculo y consuelo de todos los desdichados!

Quedó pasmado don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito el paje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y, finalmente, espantados todos los que oyeron las razones del titerero, el cual prosiguió diciendo:

— Y tú, ¡oh buen Sancho Panza!, el mejor escudero y del mejor caballero del mundo, alégrate, que tu buena mujer Teresa está buena, y ésta es la hora en que ella está rastrillando una libra de lino, y, por más señas, tiene a su lado izquierdo un jarro desbocado que cabe un buen porqué de vino, con que se entretiene en su trabajo.

— Eso creo yo muy bien —respondió Sancho—, porque es ella una bienaventurada, y, a no ser celosa, no la trocara yo por la giganta Andandona, que, según mi señor, fue una mujer muy cabal y muy de pro; y es mi Teresa de aquellas que no se dejan mal pasar, aunque sea a costa de sus herederos.

— Ahora digo —dijo a esta sazón don Quijote—, que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque, ¿qué persuasión fuera bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo he visto ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote de la Mancha que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algún tanto en mis alabanzas; pero comoquiera que yo me sea, doy gracias al cielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a hacer bien a todos, y mal a ninguno.

— Si yo tuviera dineros —dijo el paje—, preguntara al señor mono qué me ha de suceder en la peregrinación que llevo.

A lo que respondió maese Pedro, que ya se había levantado de los pies de don Quijote:

— Ya he dicho que esta bestezuela no responde a lo por venir; que si respondiera, no importara no haber dineros; que, por servicio del señor don Quijote, que está presente, dejara yo todos los intereses del mundo. Y agora, porque se lo debo, y por darle gusto, quiero armar mi retablo y dar placer a cuantos están en la venta, sin paga alguna.

Oyendo lo cual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde se podía poner el retablo, que en un punto fue hecho.

Don Quijote no estaba muy contento con las adivinanzas del mono, por parecerle no ser a propósito que un mono adivinase, ni las de por venir, ni las pasadas cosas; y así, en tanto que maese Pedro acomodaba el retablo, se retiró don Quijote con Sancho a un rincón de la caballeriza, donde, sin ser oídos de nadie, le dijo:

— Mira, Sancho, yo he considerado bien la estraña habilidad deste mono, y hallo por mi cuenta que sin duda este maese Pedro, su amo, debe de tener hecho pacto, tácito o espreso, con el demonio.

— Si el patio es espeso y del demonio —dijo Sancho—, sin duda debe de ser muy sucio patio; pero, ¿de qué provecho le es al tal maese Pedro tener esos patios?

— No me entiendes, Sancho: no quiero decir sino que debe de tener hecho algún concierto con el demonio de que infunda esa habilidad en el mono, con que gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo que este universal enemigo pretende. Y háceme creer esto el ver que el mono no responde sino a las cosas pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo no se puede estender a más, que las por venir no las sabe si no es por conjeturas, y no todas veces; que a solo Dios está reservado conocer los tiempos y los momentos, y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo es presente. Y, siendo esto así, como lo es, está claro que este mono habla con el estilo del diablo; y estoy maravillado cómo no le han acusado al Santo Oficio, y examinádole y sacádole de cuajo en virtud de quién adivina; porque cierto está que este mono no es astrólogo, ni su amo ni él alzan, ni saben alzar, estas figuras que llaman judiciarias, que tanto ahora se usan en España, que no hay mujercilla, ni paje, ni zapatero de viejo que no presuma de alzar una figura, como si fuera una sota de naipes del suelo, echando a perder con sus mentiras e ignorancias la verdad maravillosa de la ciencia. De una señora sé yo que preguntó a uno destos figureros que si una perrilla de falda pequeña, que tenía, si se empreñaría y pariría, y cuántos y de qué color serían los perros que pariese. A lo que el señor judiciario, después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se empreñaría, y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro de mezcla, con tal condición que la tal perra se cubriese entre las once y doce del día, o de la noche, y que fuese en lunes o en sábado; y lo que sucedió fue que de allí a dos días se moría la perra de ahíta, y el señor levantador quedó acreditado en el lugar por acertadísimo judiciario, como lo quedan todos o los más levantadores.

— Con todo eso, querría —dijo Sancho— que vuestra merced dijese a maese Pedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó en la cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced, que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos, cosas soñadas.

— Todo podría ser —respondió don Quijote—, pero yo haré lo que me aconsejas, puesto que me ha de quedar un no sé qué de escrúpulo.

Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que ya estaba en orden el retablo; que su merced viniese a verle, porque lo merecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento, y le rogó preguntase luego a su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos habían sido soñadas o verdaderas; porque a él le parecía que tenían de todo. A lo que maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traer el mono, y, puesto delante de don Quijote y de Sancho, dijo:

— Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que le pasaron en una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas.

Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombro izquierdo, y, hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro:

— El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en la dicha cueva son falsas, y parte verisímiles; y que esto es lo que sabe, y no otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced quisiere saber más, que el viernes venidero responderá a todo lo que se le preguntare, que por ahora se le ha acabado la virtud, que no le vendrá hasta el viernes, como dicho tiene.

— ¿No lo decía yo —dijo Sancho—, que no se me podía asentar que todo lo que vuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva era verdad, ni aun la mitad?

— Los sucesos lo dirán, Sancho —respondió don Quijote—; que el tiempo, descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no las saque a la luz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra. Y, por hora, baste esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mí tengo que debe de tener alguna novedad.

— ¿Cómo alguna? —respondió maese Pedro—: sesenta mil encierra en sí este mi retablo; dígole a vuesa merced, mi señor don Quijote, que es una de las cosas más de ver que hoy tiene el mundo, y operibus credite, et non verbis; y manos a labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir y que mostrar.

Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablo puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera encendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metió maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir de intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía una varilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían.

Puestos, pues, todos cuantos había en la venta, y algunos en pie, frontero del retablo, y acomodados don Quijote, Sancho, el paje y el primo en los mejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá el que le oyere o viere el capítulo siguiente.

7 Referencias[editar]

8 El Elefante y otros animales[editar]

Fábulas literarias
Tomás de Iriarte

FÁBULA I

El elefante y otros animales

Ningún particular debe ofenderse de lo que se dice en común
    Allá, en tiempo de entonces,
Y en tierras muy remotas,
Cuando hablaban los brutos
Su cierta jerigonza,
Notó el sabio Elefante
Que entre ellos era moda
Incurrir en abusos
Dignos de gran reforma.
Afeárselos quiere,
Y a este fin los convoca.
Hace una reverencia
A todos con la trompa,
Y empieza a persuadirlos
En una arenga docta,
Que para aquel intento
Estudió de memoria.
Abominando estuvo
Por más de un cuarto de hora
Mil ridículas faltas,
Mil costumbres viciosas:
La nociva pereza,
La afectada bambolla,
La arrogante ignorancia,
La envidia maliciosa.
    Gustosos en extremo,
Y abriendo tanta boca,
Sus consejos oían
Muchos de aquella tropa:
El Cordero inocente,
La siempre fiel Paloma,
El leal Perdiguero,
La Abeja artificiosa,
El Caballo obediente,
La Hormiga afanadora,
El hábil Jilguerillo,
La simple Mariposa.
    Pero del auditorio
Otra porción no corta,
Ofendida, no pudo
Sufrir tanta parola.
El Tigre, el rapaz Lobo
Contra el censor se enojan.
¡Qué de injurias vomita
La Sierpe venenosa!
Murmuran por lo bajo,
Zumbando en voces roncas,
El Zángano, la Avispa,
El Tábano y la Mosca.
Sálense del concurso,
Por no escuchar sus glorias,
El Cigarrón dañino,
La Oruga y la Langosta.
La Garduña se encoge,
Disimula la Zorra,
Y el insolente Mono
Hace de todo mofa.
    Estaba el Elefante
Viéndolo con pachorra,
Y su razonamiento
Concluyó en esta forma:
"A todos y a ninguno
Mis advertencias tocan:
Quien las siente, se culpa;
El que no, que las oiga."
    Quien mis fábulas lea,
Sepa también que todas
Hablan a mil naciones,
No sólo a la española.
Ni de estos tiempos hablan,
Porque defectos notan
Que hubo en el mundo siempre,
Como los hay ahora.
Y pues no vituperan
Señaladas personas,
Quien haga aplicaciones
Con su pan se lo coma.

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La edición primera de esta colección de prosistas apareció en 1899. La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos autores más.

Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su pensamiento puede instruir y educar el nuestro; mas, para que esto tenga lugar, es preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen de común a muchos tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más escondido y particular propio de tal época, tal región o tal persona, que, comparado con lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, nos ayuda a apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de pasajero o de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. Por esto el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que la obra comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más peculiar, por menudo que parezca; pues sólo conseguimos comprender bien el pensamiento de un autor cuando llegamos a entender el sentido especial con que él escribió cada palabra, representándonos en nuestra imaginación lo mismo que él en la suya tenía presente al escribir; en suma, cuando reconstruímos en nuestro entendimiento las menores circunstancias particulares del tiempo y lugar en que fué escrita la obra, cuando llegamos a despertar en nosotros la impresión que los pormenores y el conjunto de la misma hicieron en los contemporáneos del autor cuando la leían.

Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente histórico.

Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser un comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que hacer al profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo antiguo al alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en lo posible, dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de cada autor.

Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo pretenden dar una orientación general, de muy diverso alcance y carácter en cada caso, para esbozar una sumaria historia del desarrollo de la prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones relacionadas con esa historia.

Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de puntos de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, que ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro es que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva. En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que eduque su buen gusto, en fin.

Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante extensos de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo incluye autores hasta comienzos del siglo XIX, porque son los que están más fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase.

Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen presentes los manuscritos de La Guerra de Granada. Para don Juan Manuel se han consultado todos los códices del Conde Lucanor. El Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor.

RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL (La Coruña, 1869; † Madrid 1968)

Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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notas



Del mismo libro (L6):

10 Migración[editar]

10.1 Libros[editar]

  1. Biblio:Fábulas de Samaniego/Armand Colin 1902 > Biblio:Fábulas de Samaniego (L1)
  2. Biblio:Fábulas y cuentos en verso/Revista de Archivos 1922 > Biblio:Fábulas y cuentos en verso (L2)
  3. Biblio:La Celestina (Fernando de Rojas)/Tomás Gorchs 1842 > Biblio:La Celestina (L3)

10.2 Textos[editar]

  1. El charlatán/Armand Colin 1902 > El charlatán (fábula)
  2. El ciervo en la fuente/Armand Colin 1902 > El ciervo en la fuente (fábula)
  3. El congreso de los ratones/Armand Colin 1902 > Congreso de los ratones (fábula)
  4. El cuervo y el zorro/Armand Colin 1902 > El cuervo y el zorro (fábula)
  5. El hacha y el mango/Armand Colin 1902 > El hacha y el mango (fábula)
  6. El muchacho y la fortuna/Armand Colin 1902 > El muchacho y la fortuna (fábula)
  7. El viejo y la muerte/Armand Colin 1902 > El viejo y la muerte (fábula)
  8. El zagal y las ovejas/Armand Colin 1902 > El zagal y las ovejas (fábula)
  9. La alforja/Armand Colin 1902 > La alforja (fábula)
  10. La cigarra y la hormiga/Armand Colin 1902 > La cigarra y la hormiga (fábula)
  11. La lechera/Armand Colin 1902 > La lechera (fábula)
  12. La zorra y la gallina/Armand Colin 1902 > La zorra y la gallina (fábula)
  13. Las dos ranas/Armand Colin 1902 > Las dos ranas (fábula)
  14. Los animales con peste/Armand Colin 1902 > Los animales con peste (fábula)

  1. La zorra y el busto/Revista de Archivos 1922 > La zorra y el busto (fábula)
  2. Los pedazos de mármol (Manuel del Palacio)/Revista de Archivos 1922 > Los pedazos de mármol (fábula)

  1. La Celestina-acróstico (Fernando de Rojas)/Tomás Gorchs 1842 > La Celestina (acróstico)

11 Menéndez Pidal (NO ESTÁ EN DOMINIO PÚBLICO)[editar]

Advertencia


… nunca se tendrá bastante en cuenta que el aprendizaje de un niño, y, por último, el de un hombre también, se hace siempre a fuerza de percibir incompletamente aquellas cosas que exceden a la comprensión del instante y que esperan tiempo venidero para ser asimiladas de un modo más perfecto, ora con la conveniente repetición, ora sin ella. No de otro modo el niño aprende el lenguaje: sin darse él cuenta apenas de que tropieza en palabras ininteligibles, llegan éstas a iluminársele con plena comprensibilidad…

Ramón Menéndez Pidal, filólogo e historiador español (1869-1968)

EDICIÓN   Instituto-Escuela, Tipografía de la "Revista de Archivos", Madrid 1922 (L2)
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Hace tiempo que el Instituto-Escuela[1] tropieza con bastantes inconvenientes para que las lecturas literarias de sus alumnos sean todo lo extensas y variadas que es menester[2]; la misma dificultad tocarán, en más o menos grado, todos los profesores que se dedican a la enseñanza de la lengua y de la literatura españolas en sus primeros grados.

Cierto que abundan las colecciones de trozos escogidos y que éstas cumplen un importante fin pedagógico, sirviendo para el examen en detalle de muy diversas cuestiones gramaticales o artísticas, pero no satisfacen la necesidad que el estudiante tiene de conocer y apreciar el conjunto mismo de la obra a que pertenecen esos trozos.

Y para ese conocimiento de conjunto faltan los medios. El estudiante podría quizá remediarse asistiendo a una biblioteca; pero ésta, en muchas partes no existe, o no está suficientemente dotada; en otras ocasiones, la índole o la extensión de muchas obras que pueden hallarse en bibliotecas excede a la comprensión o capacidad propias de los primeros años de trabajo; y, en todo caso, si el lector puede tener en su mesa las obras que debe conocer, logrará siempre ganar mayor familiaridad con ellas. Es, pues, muy conveniente entregar al más fácil manejo del estudiante una colección literaria de las obras principales que por él deben ser conocidas.

… es, pues, muy conveniente entregar al más fácil manejo del estudiante una colección literaria de las obras principales que por él deben ser conocidas…

Por eso trabajamos hace tiempo en formar esta Biblioteca que ahora sale a luz y para la cual se hallan ya preparados gran parte de los textos, esperando mantener continuidad y rapidez en la publicación. No excluiremos enteramente de ella algunos extractos fragmentarios, como los de las antologías; pero serán extensos y pocos. En general se incluyen producciones literarias tomadas en su conjunto.

Claro es, sin embargo, que muchas de las obras incluídas tienen que ser acortadas a fin de que, descartado lo excesivo o inconveniente, se haga su lectura fácil y llana para cualquier joven que no se haya de especializar en la literatura. La tarea, como bien se comprende, es delicada en extremo, sobre todo tratándose de obras de extensión considerable, como el Amadís[3], donde lo que se suprime es muchísimo más que lo que se conserva. Pero al eliminar trozos de cualquier composición se ha puesto todo cuidado y empeño en conservar tanto el pensamiento fundamental del autor como los pasajes principales en que ese pensamiento se manifiesta. También nos hemos prohibido alterar irrespetuosamente los textos y huímos de acortarlos con supresiones menudas y frecuentes que desfiguran el estilo del autor, cosas ambas que hemos sentido intolerables en algún ensayo de reducción que se ha publicado, por ejemplo, del Quijote.

Proponiéndose la presente colección servir a una iniciación literaria bastante extensa, incluye piezas de muy diverso carácter: junto a las obras maestras, otras de diverso valor artístico o histórico, entre ellas algunas demasiado olvidadas (esperamos que en los jóvenes lectores podrá revivir fácilmente mucho del interés aventurero que encierran los Historiadores de Indias), llegando hasta un Cancionero musical compuesto principalmente de cantos tradicionales. Incluímos también autores americanos. Dada la amplitud del propósito, lo reducido del espacio que nos hemos impuesto y las encontradas razones que pueden abogar por la inclusión o exclusión de una obra, se comprende que la selección tiene que ser discutible y expuesta a inevitables omisiones; especialmente se notarán éstas en los autores más recientes, pues aquí la falta es siempre menos sensible, por hallarse los libros modernos más al alcance de todos.

Desea esta Biblioteca ser parte en aminorar el caso tan frecuente de los que se educaron en la más cerrada ignorancia de nuestra vida artística pasada…

Otros notarán más bien cierto exceso en la Colección, sobre todo pensando que, para los comienzos del estudio, varias de las obras aquí incluídas exceden a la comprensión y al gusto de un muchacho en los primeros años de su estudio. Pero nunca se tendrá bastante en cuenta que el aprendizaje de un niño, y, por último, el de un hombre también, se hace siempre a fuerza de percibir incompletamente aquellas cosas que exceden a la comprensión del instante y que esperan tiempo venidero para ser asimiladas de un modo más perfecto, ora con la conveniente repetición, ora sin ella. No de otro modo el niño aprende el lenguaje: sin darse él cuenta apenas de que tropieza en palabras ininteligibles, llegan éstas a iluminársele con plena comprensibilidad.

Pero evidente es que no todas las obras aquí publicadas son para la edad primera. Como hay que abominar en la enseñanza del lenguaje excesivamente incomprensible, hay que evitar la lectura de aquello en que las dificultades se hagan notar demasiado.

Para que pueda esquivarse tal escollo, esta Biblioteca ha procurado dos cosas. Primeramente trata de comprender aquellas principales obras maestras cuyo conocimiento es más urgente en la historia de nuestras letras. En segundo lugar ha de incluír ciertas obras que por su sencillez y carácter elemental cuadran a los primeros años de la vida y de los estudios mejor que otras obras de mayor significación y alcance artístico; pero aún esas obras han sido escogidas entre las que tienen por sí un positivo valor histórico. Véase, por ejemplo, cómo se puede ensanchar el habitual campo de las Fábulas incluyendo en él nombres de muy altos autores.

Reuniendo estas dos clases de material, la presente Biblioteca trata de incluír en treinta tomitos las obras cuyo conocimiento nos parece más esencial o más oportuno en los primeros años de la enseñanza, ordenándolas bajo el doble método de géneros y épocas, para que el conjunto pueda con facilidad ser entendido históricamente. Así los treinta volúmenes están formados obedeciendo a un canon literario, a un catálogo previamente establecido, de aquellas obras mejores que el estudiante debe frecuentar en el comienzo de sus estudios para adquirir los fundamentos de su cultura tradicional hispánica.

... esta Biblioteca se propone entrañar los principales productos literarios en la inteligencia del lector asiduo, para que el pensamiento y el lenguaje de éste se enriquezcan ... y tomen como punto de partida el pasado a fin de poder proseguir la línea de progreso que la tradición señala hacia lo por venir.

Desea esta Biblioteca ser parte en aminorar el caso tan frecuente de los que se educaron en la más cerrada ignorancia de nuestra vida artística pasada y vivieron, y aun escribieron, ora venerando meros fantasmas de los nombres famosos que alegran su oído como una charanga estrepitosa, ora despreciándolos por apaciguar el disgusto de ignorarlos o el sinsabor de haber descubierto demasiado tarde figuras que debiera haber conocido antes y con mayor preparación para comprenderlas.

Pero es necesario advertir muy encarecidamente que esta amplia orientación histórica, que consideramos base precisa de la educación literaria, no ha de aspirar nunca a la imitación de los autores estudiados, cosa pueril y funesta. La abundancia misma y la gran disparidad de los textos aquí reunidos indican bien claro que esta Biblioteca no se propone dar modelos para la imitación que cohiban la nativa frescura del que los estudia, sino que se propone algo más elevado y eficiente: quiere entrañar los principales productos literarios en la inteligencia del lector asiduo, para que el pensamiento y el lenguaje de éste se enriquezcan, y desenvolviéndose con fuerte arraigo en la tradición, tomen como punto de partida el pasado a fin de poder proseguir la línea de progreso que la tradición señala hacia lo por venir.

Una espontaneidad ingenua y despreciadora de toda tradición convertiría la producción literaria de cada día en flor efímera y sin semilla. El ideario y el lenguaje de cada generación serían como un aposento cerrado, tan sin comunicación con las generaciones de ayer como sin acceso para las de mañana, despreciadoras también del pasado. Y no vale asegurar que la perfecta ignorancia de la tradición es prácticamente imposible. Una ingenuidad abandonada a aquellas impresiones tradicionales más cercanas o que como a la desbandada y a más no poder se entran por los resquicios, no producirá por lo común sino abortos sin completa gestación; estará siempre expuesta en máximo grado a ser presa incauta de cualquier éxito del momento que se le presente con aureola de novedad. Sólo cuando las impresiones se multiplican y se hacen densas, la espontaneidad está más segura de poder madurar en sí misma sus frutos, mejor y más conscientemente.

Abril de 1922

RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL (La Coruña, 1869; † Madrid 1968)
Fuente: Project Gutenberg (dominio público)
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notas

  1. Instituto-Escuela: institución educativa española fundada en Madrid en 1918 (Wikipedia)
  2. ser menester algo: ser necesario (DLE en línea) / → locución verbal
  3. Amadís de Gaula: novela de caballería (siglo XIII), obra maestra de la Edad Media (Wikipedia).


Del mismo libro (L2):

12 Referencias[editar]

Ramón Menéndez Pidal

13 Textos[editar]


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Libro Primero: Capítulo I: En que cuenta quién es el Buscón.

Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas lo colorado.

Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:

-En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.

14 Wikilengua:Textos[editar]

14.1 apólogo/fábula/alegoría/parábola[editar]

Colección medieval de apólogos moralizantes o enxiemplos, obra de

... don Juan, hijo del muy noble infante don Manuel, con el deseo de que los hombres hagan en este mundo tales obras que les resulten provechosas para su honra, su hacienda y estado...

Algunos de los apólogos se valen de fábulas para aconsejar, como el cuento V, que nos previene de halagos engañosos: Lo que sucedió a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico.



  • OBRA: Miguel de Cervantes (1547-1616), Don Quijote de la Mancha (1605-1615)
  • Fuente: Wikipedia, alegoría
    Alegorías de la vida, como comedia y como partida de ajedrez.

«Dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y, acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales.

-Sí he visto —respondió Sancho.

-Pues lo mismo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato de este mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.

-¡Brava comparación! —dijo Sancho—, aunque no tan nueva que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que, mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.

-Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más discreto».

• QUIJOTE II, capítulo XII
De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el bravo Caballero de los Espejos

15 Wikilengua:Plantillas/Avisos de[editar]

plantilla contenido
aclarar Nota volada intercalada en la línea de texto requiriendo mayor aclaración de lo expuesto.

16 categorización Categoría:Plantillas[editar]

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17 tabla[editar]

ABREVIATURAS
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18 Ortografía (acentuación)[editar]

  1. Cualquier forma verbal acaba en vocal, «n» o «s», con las excepciones del infinitivo y la segunda persona plural del imperativo que lo hacen en «r» y «d» respectivamente.
  2. Con «i» átona las secuencias «ai», «ia», «ei», «ie» son diptongos.
  3. Con «i» tónica, el grupo «iai» es un hiato seguido de un diptongo: í.ai

18.1 formas agudas[editar]

La sílaba tónica es la última.

  • Todas llevan tilde.
amé   [a.]
amarás   [a.ma.rás]
amarán   [a.ma.rán]
  • Si el acento cae en diptongo («ai», «ei») la tilde irá en la vocal abierta «a» o «e».
amáis   [a.máis]
améis   [a.méis]

18.2 formas llanas o graves[editar]

La sílaba tónica es la penúltima.

No se tildan, excepto las de hiato de vocal cerrada «í.a», que siempre se acentuarán en la «i».

Así:

amo   [a.mo]
aman   [a.man]
amas   [a.mas]
amarais   [a.ma.rais]
amareis   [a.ma.reis]

Pero:

amaría   [a.ma..a]
amarían   [a.ma..an]
amarías   [a.ma..as]
amaríais   [a.ma..ais]

18.3 formas esdrújulas[editar]

Todas con tilde.

amaríamos   [a.ma..a.mos]
amáremos   [a..re.mos]

18.4 Formas sin diptongos ni hiatos[editar]

con tilde sin tilde articulación norma
amó [a.] aguda, acabada en vocal
amás [a.más] aguda, acabada en «s»
amo [a.mo] llana, acabada en vocal
aman [a.man] llana, acabada en «n»
amas [a.mas] llana, acabada en «s»

18.5 Formas con diptongo[editar]

con tilde sin tilde articulación diptongo norma
amáis [a.máis] «ai» aguda, acabada en «s»
amarais [a.ma.rais] «ai» llana, acabada en «s»
améis [a.méis] «ei» aguda, acabada en «s»
amaseis [a.ma.seis] «ei» llana, acabada en «s»
amaréis [a.ma.réis] «ei» aguda, acabada en «s»
amasteis [a.mas.teis] «ei» llana, acabada en vocal

18.6 Formas con hiato[editar]

con tilde sin tilde articulación hiato norma
amaría [a.ma..a] hiato: «í.a» llana, acabada en vocal, CON HIATO
amaríamos [a.ma..a.mos] hiato: «í.a» esdrújula

19 Mediateca[editar]

Plantilla:galerías navegación

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20 diptongos/hiatos[editar]

  • «abierta tónica»–«cerrada átona»
ai au ei eu oi ou
cainita causa peine coito
  • «cerrada átona»-«abierta tónica»
ia ie io ua ue uo
gracia tiene atrio cuatro puente
a e o
i ai paisaje
[pai.sa.je]
ei peine
[pei.ne]
estoico
[es.toi.co]
u au causa
[cau.sa]
eu neutral
[neu.tral]
ou
i u
a ia ua
e ie ue
o io uo

21 Nuevo[editar]

Cómo don Quijote perdió el juicio

Doré Don Quijote capítulo 1.jpg

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «... los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza».


Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.


En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

22 Guía[editar]

Abeja libando.png
Titulillo o pie de imagen, etcétera etcétera


23 Directorio de plantillas de licencias[editar]

Ningún archivo sin licencia. Aquí le será sencillo encontrar la suya:

24 directorio de la mediateca (imágenes)[editar]

Véase también
Directorio de plantillas de licencias » Guía de búsqueda
Política de uso de imágenes » En torno a las licencias.
Ayuda:Imagen » Aspectos técnicos para la inserción de imágenes.

Directorio de la Mediateca
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  • Debe respetarse siempre la atribución de autoría y fuente, facilitándose las referencias y vínculos oportunos.
  • Plantillas de licencias, cada una con sus respectivas instrucciones, aquí (en construcción).

25 derivaciones[editar]

CÓDIGO

copiar y pegar

{{de este archivo se derivó|1}}

USO
Plantilla para la flexión del verbo «haber».

CAMPOS

25.1 Aspecto[editar]

  • De este archivo se derivó:

26 Fuentes[editar]

27 Cursiva[editar]

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