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1 enfado, enojo, mal humor

Todo cuanto nos molesta, desagrada y fastidia, nos causa enfado; nos enfada el trabajo cuando es extremado; lo que nos obliga a salir de nuestra habitual pereza, a variar de gustos, de inclinaciones, de hábitos.

Tanto nos pueden enfadar las personas, cuanto las cosas mismas; el que nos fastidia nos enfada.

A la mala disposición en que nos pone el enfado, añade mayor fuerza el enojo, pues es un gran enfado, que por lo regular se manifiesta activamente, conmoviendo sobremanera al alma, produciendo ira y aun furor tanto contra las personas, cuanto contra las cosas; porque a veces el hombre se enoja y arrebata en tales términos, que como personificando a las cosas, las acomete y maltrata, cual si fuesen sensibles; así pues, enojarse es llenarse de ira, alborotarse, desazonarse y enfadarse en extremo.

En sentido metafórico, al alborotarse y enfurecerse los vientos y los mares se llama también enojarse.

El enfado puede provenir de la grande viveza de la imaginación o de la extremada sensibilidad del corazón. El mal humor demuestra genio hacedo.

Los continuos enfados nos hacen desgraciados; el mal humor injustos.

A veces nos enfadamos por nada; nunca tenemos razón en el mal humor.

Es muy común que el enfado se propase y exceda; que por mal humor hagamos cosas de las que pronto nos arrepintamos.

2 Referencias

Calandrelli, M., Diccionario filológico-comparado de la lengua castellana, Buenos Aires, 1880-1916, 12 vol.